«Yo no quiero a los militares controlando ni la seguridad ni nada»

En el marco de la celebración de los 20 años de la Sala Zitarrosa, Jorge Schellemberg habló de la importancia de la cultura, de los procesos colectivos y se pronunció tajantemente contra la reforma «Vivir sin miedo».

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Entre arpegios del espíritu burlón, a paso reflexivo por la vida, Jorge Schellemberg recorre en silencio cada rincón de la sala que le hace justicia al cantor de todos los cantores de esta tierra. La Sala Zitarrosa cumple 20 años de vida, poesía, música, cine y abrazos. Su director también es cultor, admirador y parte, constructor y motor, alma del alma de la sala que es casa propia de los músicos.

Un jefe raro. Componedor y compositor, creador y zurcidor. Voz referencial de esta tierra de músicos, le propusimos conversar del aniversario de la Zitarrosa, pero también de las políticas públicas en materia cultural, del sindicalismo uruguayo, de su oposición frontal a la reforma que impulsa el senador Larrañaga, del fenómeno Manini Ríos en la política uruguaya, de Gavazzo y Mengele y de los ataques «crueles, de oscuridad y violencia inimaginable» que persistentemente algunos lanzan desde las redes sociales contra Fabiana Goyeneche. De esto y muchas cosas más, hablamos con Jorge Schellemberg en este espacio de ideas, conversatorio diario de la realidad.

«Tuve una infancia feliz. Si bien nací en Montevideo, a los 2 años papá consiguió trabajo como ingeniero en la fábrica de papel de Juan Lacaze. Mi mamá, que era maestra, logró que le dieran el pase para allá porque en esos pueblos chicos del interior siempre viene bien algún maestro o maestra. Así que me considero montevideano y lacazino, es decir, tengo la doble nacionalidad (risas).

Muchos de los momentos más felices de mi vida los pasé en Juan Lacaze, con mi papá en la casa. Ahí aprendí, no te digo a caminar, pero sí a correr, a nadar, a remontar cometas, a andar en bicicleta y a caballo y me hice hincha de Peñarol. Me pasaron muchas cosas importantes en Juan Lacaze. Tuve mi primera novia en primero de escuela. Ella no sabía que era mi novia. Y después me enamoré de mi maestra de primero de escuela, divina, se llamaba Juanita González. Me acuerdo perfecto, era muy joven y además era de la ciudad de Rosario, bien cerquita.

Me pasaron muchas cosas lindas y también de las otras, como a todos. Viviendo en Juan Lacaze falleció el primero de mis abuelos, mi abuelo materno, César, que era uno de los que me hacían cometas. Compraba el papel cometa, las cañas y la pasábamos divino. Juan Lacaze además fue crucial en mi infancia para que yo me dedicara a la música, porque papá fue músico toda su vida y fue músico profesional hasta que se casó la primera vez, que fue con mi mamá. Allá había un solo cine y por ahí tenía en cartel la misma película durante seis meses.

Obviamente no había internet en aquella época, no había mucha cosa. Sí fútbol con la pelota, así fuera de plástico, de trapo, de lo que fuera; la payana, la bicicleta y cantar. Mi viejo, los fines de semana agarraba la guitarra, nos sentaba a mis hermanos y a mí y nos enseñaba a cantar y hacíamos temas del folclore argentino. Integraba un grupo que se llamaba Hermanos Castro, que eran tres hermanos Castro y mi papá que no era Castro (risas), que hacían ese folclore vocal muy en boga en ese momento en Argentina y eran amadrinados por China Zorrilla en ese momento.

Cantábamos en casa zambas de Yupanqui, escuchábamos los discos de Zitarrosa, de los Olimareños, de Viglietti, que fueron rápidamente escondidos, pero que no dejé de escuchar cuando vino el golpe de Estado. Después en Montevideo empezaron a aparecer discos de los Beatles, de los Rolling Stones y tantos otros más.

¿La familia ocupa un lugar muy importante en tu vida?

La familia es mi prioridad uno, dos y tres. Mis hijos, mi pareja, mis hermanos, mis sobrinos, mis viejos. Tengo cuatro hijos de dos matrimonios diferentes: Ismael, que va a cumplir 30 dentro de poco, Sofía que tiene 28 y vive en México hace tres años, Julián que tiene 18 y Clarita tiene 16 años. Convivo además con un hijo de mi pareja, Genaro, de 12 años, que tiene un papá que se ocupa como corresponde, con el que tengo un vínculo bárbaro también.

Con Genaro tengo un vínculo afectivo muy importante, es un casi hijo. Uno por los hijos es capaz de hacer cualquier cosa. Cuando nació Ismael, mi hijo mayor, yo tenía 27 años, y el primero en llegar al sanatorio fue mi papá, -que tiene 82 años, que está divino por suerte- y nos fuimos a tomar un café y me dijo: «ahora vas a ver que te vas a enloquecer, vas a estar a agotado, pero tranquilo que todo va a volver a ser normal aunque nunca va a ser como antes, va a ser otra normalidad, diferente. Y es así, fue y es. Porque ser padre es una experiencia tan fuerte, tan intransferible… Todo lo que te da un hijo, así te haga preocupar, angustiar, calentar -todos pasamos por esos momentos también- siempre te da más, desde un abrazo hasta cosas inesperadas.

Hablemos del camino transitado para llegar a los 20 años de la Zitarrosa

Bueno, el Mago decía que 20 años no es nada, cantaba y es un montón. Por ejemplo, en 2018 tuvimos más de 400 conciertos y este año vamos a andar en ese entorno o más. Estamos hablando de unas 100.000 personas por año, una cantidad impresionante de espectáculos, de gente, de vida. Creo que la sala Zitarrosa es uno de los ejemplos más claros de una política cultural.

Y lo digo históricamente, no me estoy refiriendo a mi gestión, en todo caso a todas. Pero fue un gran acierto tener una sala dedicada a la música. Cuando el gobierno de Montevideo, en aquel momento encabezado por el arquitecto Mariano Arana, con Gonzalo Carámbula al frente de la Dirección de Cultura y Gerardo Grieco en la división Promoción Cultural, compró este espacio -que iba a ser un estacionamiento- se la jugó por una decisión osada. Se fue reconstruyendo esta sala que estaba arruinada, mientras al mismo tiempo se refaccionaba el Teatro Solís. Por eso, estos 20 años significan mucho para mucha gente.

Para mí significa el espacio donde pongo toda mi voluntad, mi esfuerzo y lo que pueda eventualmente quedarme de inteligencia (risas). Y para la música uruguaya esta es la casa de la música. Fue un acierto el nombre que se le puso, porque Zitarrosa es lo más grande que hay y porque tener un espacio con música viva es una forma muy bonita de estar recordándolo. Yo creo que es el mejor homenaje que se le puede hacer, además de escuchar sus canciones, de versionar sus canciones, de seguir haciendo sus canciones, es que haya un espacio donde hay música de todos los tipos que lleve su nombre. Más lo pienso y más me gusta.

Creo que es un espacio cultural referencial de la ciudad. Es un espacio donde muchos músicos, cada vez más extranjeros quieren venir. Desde siempre los argentinos que adoran a Alfredo y los y las que han conocido esta sala se han ido enamorados y enamoradas del lugar. Hemos logrado juntar una linda barra de gente trabajando en equipo, trabajo que pone siempre un plus, más allá del deber, por lugar. Porque hay una conciencia de que somos personas privilegiadas de estar trabajando en un lugar así.

Se habla poco de las políticas culturales en esta campaña

Totalmente. Y yo soy parte de la población que quiere saber qué va a pasar, porque nadie habla de eso en la campaña. Me preocupa lo que sucederá con la cultura. Soy militante, soy del Frente Amplio -lo he sido toda la vida- y estoy en el grupo PAR junto a Álvaro García y Cristina Lustemberg, gente muy querida por mí, que respeto y admiro mucho. Creo que desde que está el Frente Amplio en Montevideo y el gobierno nacional, se han hecho muchas cosas por la cultura.

La presencia de esta sala (Zitarrosa) es una demostración muy clara de eso, por nombrar una. Pero muchas veces no hemos logrado sostener un rumbo, más allá de que por distintos lugares ha pasado mucha gente muy bien intencionada, y con ganas, incluso hasta con talento. Hay un gran debe que tenemos quienes trabajamos en la cultura. Un gran debe que tiene el Frente y es que todavía no se le ha dado a la cultura -como tal- todo lo que se le puede dar. Más allá de muchos impulsos que han habido.

Creo que eso va de la mano con que quienes somos trabajadores de la cultura, artistas, actores, no hemos tenido la capacidad de enamorar, no hemos tenido la capacidad de convencer a los principales líderes políticos de este país sobre la importancia que tiene la cultura. Por algún motivo no lo hemos logrado. Llega un momento en el que uno tiene que ser autocrítico y sentarse a pensar.

Yo creo que nos falta juntarnos más. Que cuando nos juntamos y discutimos no lo hacemos de la forma adecuada. Tanto desde la fuerza política como desde la cultura nos ha faltado claridad en los planteos. Nos han sobrado buenas intenciones, pero nos ha faltado eficacia y eficiencia.

¿Te preocupa lo que dicen las encuestas sobre la reforma Vivir sin miedo?

Primero aclaro, por si alguien no lo sabe, que no voy a votar la reforma, me parece una pésima solución. Y viví y crecí con los militares en las calles; ya vi lo que pasaba y no es una buena idea. Y no me vengan a hablar que este es otro momento porque el General (r) Manini Ríos -que tristemente fue comandante en jefe del Ejército- muestra claramente y sin ningún tipo de tapujos, ahora desde su lugar político, cuál es su forma de pensar.

Yo no quiero a esa gente controlando ni la seguridad ni nada. Lo único que veo bueno de toda esta situación es que se ha generado un movimiento contra la reforma, que sacaron un jingle espectacular, que me encantó, es más, me gustó más que todos los jingles que tiene ahora el Frente Amplio. Y aclaro que no tengo duda que hay un problema de seguridad, que no estamos hablando de sensación térmica. Pero los problemas de seguridad que tenemos aquí son menores a los que se ven en otros países de Latinoamérica y que las soluciones no vienen por sacar los militares a la calle.

Voy más allá de eso, creo que una de las cosas que habría que profundizar es la reforma de la Caja Militar. Y más aún, creo que toda esta situación de Manini debería hacer pensar a quien le toque gobernar en el próximo período -que ojalá sea Daniel- en la enseñanza militar y cómo se está preparando esa gente y para qué.

Cuál es el sentido de que este país tenga Fuerzas Armadas. Entiendo que no podés dejar a 30.000 personas como mano de obra ociosa de golpe, eso sería un desastre desde todo punto de vista, pero creo que Uruguay sería un mejor país sin Fuerzas Armadas. Entonces habría que ver cómo y en cuánto tiempo, pero esa una opinión personal.

¿Cómo ves el movimiento sindical uruguayo, en este espacio de construcción de diálogo con los candidatos a la Presidencia, con la Iglesia, la academia, el deporte o la cultura?

He trabajado mucho con el PIT-CNT. He tenido el honor de participar en el primer acto binacional que se hizo en la frontera de Rivera hace unos pocos años con las centrales sindicales de Brasil y de Uruguay. He trabajado con distintos gremios y sindicatos, hice la canción para AUTE, que me la encargó Álvaro Padrón, que en aquel momento era uno de los dirigentes referenciales, un amigo muy querido, un tipo brillante. He tocado mi música muchas veces para gremios que estaban en lucha, tanto de trabajadores como estudiantiles.

Eso en relación al vínculo personal musical que he mantenido en todos estos años. En términos más generales, creo que más allá de los matices lógicos, este país tiene mayoritariamente una dirigencia sindical para sentirse orgulloso. Si uno la compara con otros países muy cercanos, es abismal la diferencia. Acá ningún dirigente sindical hizo plata como dirigente sindical. No se compraron ni una matera por ser dirigentes sindicales.

Y lo que es incuestionable es que se han logrado muchos avances a través de la lucha para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras. Son muchos los dirigentes sindicales que valoro y destaco. Empezando por la vieja CNT, por el Pepe D´Elía y llegando a gente que aprecio mucho, admiro y respeto mucho como Fernando Pereira, por nombrar tan solo a uno. Con algunos me ha tocado trabajar ahora por la militancia como Martín Pereira (FFSP y COFE), por ejemplo, y veo lo que es el laburo que hace, la honestidad y el esfuerzo con el que se dedica a esa tarea y lo aplaudo.

Tengo mucho respeto por los sindicatos y por la gente sindicalizada. El «Boca» Andrade es otro ejemplo de persona que admiro y respeto, lo mismo Juan Castillo, el turco y un montón de compañeras también. ¿Hay cosas que mejorar? Siempre y por todos lados.

Pero el camino siempre va a ser contando con cada individuo, pero desde lo colectivo. Lo colectivo no puede nunca aplastar el individuo, si hacemos eso estamos mal y estamos repitiendo errores que no queremos que se den acá. No podemos dejar de pensar en lo colectivo, el respeto por cada compañera, por cada compañero, pero buscando una que sepamos todos.

«Gavazzo no le debe nada a Mengele»

Al preguntársele si se imaginaba que íbamos a volver a escuchar y leer a Gavazzo dando su relato desde los medios de comunicación, Schellemberg dijo que «no. Claramente no me imaginaba volver a ver a Gavazzo en ese rol. Es una vergüenza, me da indignación, bronca y vergüenza. Uno de los seres más malos que debe haber pasado por el mundo. Gavazzo no le debe nada a Mengele, estamos hablando de gente mala de verdad.

Me da mucha tristeza y creo que el tema de las Fuerzas Armadas va a haber que replantearlo en general, no como revanchismo, porque cuando uno dice algo de eso te dicen que es porque están con los ojos en la nuca, como decía un expresidente hace unos años.

No se trata de ojos en la nuca, pero nadie puede mirar para adelante si no sabe de dónde viene. Además hay un rebrote de discursos violentos, está apareciendo gente con emblemas neonazis. Yo miro a veces en las redes los comentarios que se le hacen -por ejemplo a Fabiana Goyeneche- y es inconcebible, estamos hablando de niveles de crueldad, de oscuridad y violencia inimaginables».

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