"Nosotros caminamos en la soberanía alimentaria y cuanto más soberanos, más felices estaremos", dice unos de los jóvenes productoresVilla del Rosario: una apuesta diferente de trabajo en la tierra

Cerca de Villa del Rosario, Lavalleja, funciona un grupo de jóvenes que trabaja la tierra de una forma muy particular. Tienen un proyecto de huerta y producción de hierbas aromáticas. Pero por sobre todo, quieren difundir su vínculo especial con la tierra y generar intercambio con la sociedad, mostrando que es posible otra forma de vida, sana y respetuosa del ambiente.

Gonzalo Loureiro tiene 29 años. Nació y vivió en Montevideo y en Costa de Oro. Actualmente vive en Lavalleja, a 4 kilómetros de Villa del Rosario, en el campo. «Soy un joven urbano que crecí en un barrio de Montevideo y después, por búsquedas personales empecé a conectarme con la tierra y buscar ese camino me trajo al campo y a la producción de alimentos», cuenta.

«Viviendo en Montevideo y teniendo una vida bastante convencional, de tener un trabajo y una casa -lo que para la sociedad es estabilidad- me empezaron a surgir varias inquietudes respecto a la alimentación, y reaprendiendo a alimentarme encontré un camino donde me interesaba la producción sana de alimentos. ¡Y nada más lindo que producirlo uno mismo!».

Según Gonzalo, las técnicas que se usan para la producción, implican «ver a la tierra como un sustrato, como un sostén, eliminando todo lo que es ser vivo de ella, con productos químicos. Eso hace que el alimento sea falto de los nutrientes que necesitamos», dice.

«En principio nos conocíamos cuatro gurises y uno de ellos había heredado un apartamento de 35 metros cuadrados en Montevideo. La inquietud surgía de poder tener un pedacito de tierra, y empezamos a buscar una permuta, porque si bien trabajábamos, no teníamos la cantidad de dinero para poder invertirla. Después de tres meses de búsqueda, a una persona que tenía un campo de 18 hectáreas le interesó el apartamento y lo pudimos permutar sin hacer ningún tipo de inversión de dinero», cuenta.

Y surgió la magia

Una vez que obtuvieron la tierra, se enfrentaron a la problemática de que el campo estaba bastante maltratado por el uso intensivo de la ganadería. «Renunciamos al trabajo, nuestro ingreso fijo lo dejamos atrás y nos pusimos, de una, a trabajar de lleno para desde acá poder conseguir el dinero para subsistir», cuenta el joven. «En el contratiempo de llegar y ponerse a preparar tierra, esperar que la semilla crezca y tener ese alimento, en todo ese proceso tuvimos que buscar herramientas que ya veníamos desarrollando, cada uno particularmente desde el arte, y también cocinar cosas, vender… Los vecinos también apoyando… Trabajar con formas económicas acá en la vuelta… La feria de Minas nos abrió una oportunidad para eso», cuenta el productor.

Las políticas públicas

Cuando llegaron a Villa del Rosario, enseguida los jóvenes se vincularon con AASOL, la Asociación de Apoyo a la Salud Oeste de Lavalleja, una organización civil conformada por vecinos de la zona que se unieron para lograr una ambulancia, fortalecieron su institución y ahora empezaron a gestionar el apoyo a la agricultura familiar: «Nos involucramos todos y estamos participando de un proyecto PPIR, Proyecto Piloto de Inclusión Rural, de la DGDR/MGAP».

Son unos 15 productores. «Para nosotros es un impulso muy importante porque si bien tenemos un invernáculo, que construimos con lo que pudimos, esto nos va a fortalecer porque en nuestro proyecto entra otro invernáculo, un sombráculo, el sistema de riego -que para nosotros es importante porque estamos regando a mano-, y ese fortalecimiento nos impulsaría a un trabajo más autónomo en la tierra y poder abarcar un poco más».

Gonzalo cuenta que producen todo tipo de hortalizas de estación. Además tienen un fondo de ahorro: «cada billete o moneda que anda en la vuelta, va a parar a un tacho y, con eso, después se compran árboles frutales». Según el joven, se plantearon como meta plantar un árbol por día y de esa manera formar «un bosque comestible», más allá de la producción hortícola.

«Nosotros caminamos en la soberanía alimentaria y cuanto más soberanos, más felices estaremos», dice el joven.

Como grupo, ofrecen un espacio cultural, abierto, al que invitan a todas las personas que quieran acercarse. Para quienes quieran conocer más de esta experiencia, pueden buscarla en Facebook, donde la encontrarán como «Espacio Libélulas». Además, los jueves y domingos, los jóvenes participan en la feria de la ciudad de Minas.

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