¿Vigilar al victimario?

El candidato blanco habló en el interior del país sobre el tema de la violencia de género y deslizó una de sus improvisadas propuestas a las que nos tiene acostumbrados. Afirmó que no le quedaba claro si la víctima era la que debía ser custodiada en caso de violencia doméstica.

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Impresiona nuevamente con su nivel de desconocimiento de un tema harto sensible para la sociedad uruguaya. Pues solo desconociendo sobre el punto se puede proponer una vigilancia sobre el ofensor demostrando una absoluta ignorancia de lo que significa la protección a las víctimas.

Es que precisamente, las custodias son una herramienta de protección para quien está en riesgo. Ese carácter de sobreprotección a la que se somete a una víctima, es una medida extrema que pretende garantizar su seguridad ante el riesgo de sufrir una agresión por parte de un ofensor; pero esa sobreprotección debe ser transitoria, volcando todo el peso de la ley al responsable del riesgo que sufre la víctima.

La iniciativa se inspira -queremos creer- en restringir la movilidad a quien ofende y/o amenaza, entendiendo que hoy esas restricciones las sufre la víctima, con lo cual interpreta equivocadamente el instrumento pues no se trata de limitarle su libertad a las víctimas sino de asegurar su integridad poniendo un resguardo custodial que impida cualquier agresión. Y siempre entendiendo que son medidas que deben ser transitorias, hasta tanto se neutralice la acción del ofensor.

Más énfasis en el control del Ofensor

Un ofensor que incumple una medida judicial de restricción debe recibir todo el peso de la ley y, ante el incumplimiento, la restricción máxima de su libertad ambulatoria. De otro modo se sigue agravando la situación de quien siendo víctima sufre mayor limitación de sus libertades mientras quien agrede disfruta de su libertad.

Si el nivel de peligrosidad que ostenta el ofensor es tal que merece la asignación de medidas de custodia personal para la víctima, ¿no será que ese ofensor merece ser privado de su libertad en resguardo de esa protección que merece la víctima? ¿No es más sensata esa decisión? La mejor forma de asegurar protección a las víctimas es anular la libertad al ofensor, debiendo volcarse los esfuerzos en su detención y posterior tratamiento en centros especializados que contengan a los mismos hasta bajar el nivel de riesgo que representen.

¡Debemos cambiar la forma que la Justicia trata estas situaciones!

Lamentablemente existe un gran desconocimiento de estos temas de violencia de género, y ya se están disponiendo custodia para los ofensores, en lo que consideramos un tratamiento equivocado por parte de la Justicia. Debemos propiciar la creación de juzgados especializados que trabajen acertadamente estos problemas.

Parece un contrasentido que se proponga una custodia para ofensores que -en definitiva- no están privados de su libertad. Esta inversión custodial va en contra de toda lógica y sentido común, donde el ofensor lejos de sufrir el peso de la ley recibe un tratamiento especial que tampoco garantiza que la víctima -verdadero y principal sujeto de derechos vulnerados- sufra efectivamente una agresión (nada obsta a que un tercero cercano al ofensor la lastime y el autor intelectual tenga la coartada perfecta por estar bajo custodia policial).

Es cierto que la custodia puede terminar siendo una restricción para la víctima, por eso se debe emplear en forma transitoria y para casos donde el riesgo sea alto y hasta tanto se anule al ofensor (deteniéndolo y que pase la noche en la seccional como han dispuesto algunos jueces y juezas, por ejemplo).

También resulta necesario crear un centro para ofensores en el que sean alojados y se trabaje con ellos intensivamente en la búsqueda del cambio de esas conductas violentas y claramente selectivas, que afectan -principalmente- a sus parejas, exparejas e incluso hacia sus hijos e hijas.

Si queremos resultados diferentes debemos hacer cosas que no se hicieron hasta ahora, y eso que en este tema vaya si hemos sido innovadores, incorporando tecnologías como las tobilleras, pero los recursos son finitos porque se transforman muchas veces en la única opción y los casos se prolongan en el tiempo, a veces hasta más de 2 años.

Por eso es que se necesitan muchos más recursos y modificar ciertos encares, pero sin caer en el simplismo.

Por respeto a las víctimas, exigimos no hablar con liviandad al tratar temas tan dolorosos como la violencia de género, que impactan y destrozan vidas y son la base de la violencia en nuestra sociedad y en el desarrollo de nuestros niños.

Es imperioso alentar grandes acuerdos nacionales como lo plantea nuestro candidato – Daniel Martínez- quien ha enviado señales claras al resto del espectro político en ese sentido incluyendo una directa invitación a los presidenciables en la búsqueda de esos puntos de encuentro que el país necesita para seguir avanzando. Y vaya si este tema no es uno de esos en que se vuelve imprescindible un nivel de consenso tal que nos involucre a todos sin excepciones.

Sin lugar a dudas para estos cambios estructurales necesitamos hacer políticas de Estado, y necesitamos hacerlo entre todos.

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4 Comentarios
  1. Ana dice
    La seguridad no existe y no es mucho lo que un custodia puede hacer de hecho Las víctimas deberían ser derivadas fuera de la vista del agresor que es la única garantía Esto es posible si el agresor no tiene otros datos de referencia y la víctima mantiene privacidad que a veces no se consigue Como la mayoría no trabaja habría que considerar el envío inmediato para otros departamentos del país y la preparación para el mercado laboral
  2. Jorge Laviano dice
    Qué análisis torpe, éste que hizo el senador Carrera, seguramente influido por la campaña electoral. La verdad, no se nos había ocurrido antes esta idea, pero analizando fríamente parece más lógica. En lugar de cuidar a la víctima, que no tiene malas intenciones, vigilar al victimario, que sí las tiene. Ya vimos la ineficacia de esas medidas disuasivas, como la prisión domiciliaria o la prohibición de acercarse (que el Estado no puede controlar), o las tobilleras electrónicas (que son insuficientes y, además, ineficaces en caso de un acercamiento). En cambio de eso, aparece como más eficaz una vigilancia personalizada, que pueda actuar de inmediato ante situación de riesgo. Si de veras queremos consenso, no debemos despreciar las medidas nuevas que se propongan.
  3. Felix dice
    Después del tratamiento su cerebro anda en corto citcuito.
  4. Jose dice
    A quien les colocan las tobilleras a la víctima o al victimario? Al victtimario verdad que de ese modo se lo tiene vigilado entonces la explicación del articulista no suena convincente..

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