#IdearioVenezuela: La casa de la dignidad

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Un despliegue militar tan insolente como absurdo en su desproporción, rodea a Venezuela por todos sus flancos.

Los televidentes de todo el planeta tienen la mesa servida. En una suerte de circo romano todos apuestan por adivinar cómo comenzará el festín. Engrasada la maquinaria de la opinión pública mundial, asumen que ha llegado la hora de los cañones.

Un despliegue militar tan insolente como absurdo en su desproporción, rodea a Venezuela por todos sus flancos, se roba sus bienes en el extranjero, impiden el abasto de insumos básicos, boicotean las redes eléctricas y las telecomunicaciones. Pero no falta quien vea en estos atropellos la inminencia de una pretendida libertad.

El blackout sobre Venezuela es total. Se esfuerzan los medios por hacer creer que un país que sigue con valentía su marcha cotidiana, está desesperado por ayuda humanitaria. Aseguran los medios que el vecino desigual en el que los niños se mueren de hambre, la oposición política es exterminada a balazos y políticos extranjeros naricean a los gobernantes, quiere brindar ayuda humanitaria.

Juran los medios que hace falta un despliegue de portaaviones y naves de asalto para “ayudar” a los venezolanos. Mienten los medios que luego de años de bloqueo económico, boicot a las finanzas y los servicios públicos y confiscación de recursos en el extranjero, las dificultades económicas del país son endosables al presidente Nicolás Maduro.

Hoy sabemos que la empresa organizadora del supuesto concierto humanitario en Cúcuta es una contratista militar dependiente de la Fuerza Aérea Colombiana. Todo el espectáculo es parte de una operación militar preparada para forzar el casus belli, para penetrar por la fuerza el sagrado suelo de Venezuela y forzar a su pueblo, su gobierno y sus militares a tomar medidas defensivas.

La desproporción entre los supuestos 20 millones de dólares en ayuda humanitaria acopiados en Cúcuta y los más de 30 mil millones de dólares secuestrados a las arcas del Estado por distintas vías, es particularmente ofensiva, y toca de manera particular la sensible dignidad del pueblo de Venezuela. El presidente Maduro leyó muy bien la situación cuando afirmó que “Venezuela no es ni será mendigo de nadie.”

Una de las aristas más infames para la historia de América Latina es el triste papel de Colombia en esta afrenta. Colombia toda, porque en 2002, cuando Venezuela sufrió un golpe de Estado, fue el pueblo quien salió a proteger su modelo político, sacó del poder al autoproclamado dictador y rescató a su presidente en menos de 48 horas. Los pueblos pueden cuando quieren.

En contraste, esa Colombia que tiene nombre gracias a un venezolano que se llamó Francisco de Miranda, esa Colombia que tuvo libertad gracias a un venezolano que se llamó Simón Bolívar, esa Colombia que tuvo una oportunidad de regresar a la paz gracias a un venezolano que se llamó Hugo Chávez, esa Colombia que en contraprestación aprobó leyes que legalizan el contrabando de recursos estratégicos de Venezuela, hoy tiene un gobierno colaborador necesario para la felonía y en su servilismo desciende a nuevos niveles de indignidad y vergüenza histórica.

La tenaza se cierra con fuerza contra Venezuela, la potente operación sicológica basada en la amenaza militar está orientada a quebrar la lealtad de los militares. Le venden al mundo la falsa premisa de que una traición que facilite la captura y entrega del presidente Maduro evitaría la invasión y la violencia. La historia de Libia nos dice a gritos que no hay nada más falso. La hipotética pérdida del presidente Nicolás Maduro no sería sino el inicio de un atropello generalizado contra el gigantesco legado de la revolución bolivariana y el exterminio de todos sus líderes.

Ya denunciaba la pasada semana el embajador de Venezuela ante la OEA, Samuel Moncada, cuál es el plan que desde Estados Unidos está dispuesto para Venezuela, en ocasión de la más reciente reunión extraordinaria del Consejo Permanente:

“El propósito de esta reunión de hoy es decir ‘no se puede hacer elecciones en Venezuela y hay que dejar que el títere se aguante ahí varios años’. Porque según lo que escuchamos acá el sistema está tan malo que hay que acabar con todo el chavismo primero. Hay que salir de toda esa gente, por todos lados, de los gobernadores incluso, dijo el súper experto. Hay que salir de todos los gobernadores para llamar a unas elecciones. Y todas las elecciones fueron malas.

Todas las elecciones fueron terribles, menos las que ganaron en la asamblea nacional. Esas sí fueron maravillosas. ¿Se dan cuenta de la farsa? Lo que están es justificando la dictadura en Venezuela, se les acabó el discurso porque el golpe fracasó”.

Los mercaderes de la guerra han de saber que los tiempos han cambiado. La hegemonía de EEUU en el mundo está viviendo su último capítulo. La humanidad toda está en un momento que hace muy difícil el éxito de una canallada como la que se pretende contra Venezuela.

Lo dijo el presidente Maduro: La forma como se resuelva el actual conflicto en Venezuela, será la forma como se resuelvan todos los conflictos del mundo de ahora en más. Queda por ver si las potencias emergentes van a tolerar la “caotización” del orden internacional justo cuando asoma su momento de tomar el liderazgo.

Por lo que respecta a Venezuela, mantienen plena vigencia las palabras del libertador Simón Bolívar, quien escribió a un insolente representante de los Estados Unidos de América, John Baptist Irvine, el 7 de octubre de 1818: “Parece que el intento de usted es forzarme a que alterne los insultos: No lo haré; pero si protesto a usted, que no permitiré se ultraje ni desprecie al gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.

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