#OpiniónUniversidad de la Educación en discusión: un modelo corporativo o una nueva concepción de la formación docente

0 153

En el 2009, la Ley General de Educación (LGE), estableció la creación de una institución universitaria para la formación docente. Desde entonces el país está inserto en un debate sobre la instrumentación de éste mandato, en un tira y afloje sobre las características de su estructura organizacional y el tipo de gobierno. Es un debate sobre su gobernanza, que se ha reducido a una pelea por cuotas de poder, obviando la discusión sobre las nuevas características de la formación del docente en el actual contexto.

La universitarización o terciarización de la formación docente no es un tema nuevo ni nacional, sino que la calidad de los aprendizajes de los jóvenes docentes de primaria y secundaria, descansa en la calidad y el nivel de formación de sus docentes. Esto es aún más importante en las tradicionales pedagogías apoyadas en la enseñanza catedrática y presencial y soportadas en LTP (lengua, tiza y pizarrón) como en Uruguay lamentablemente, pero también en un enfoque moderno y actualizado.

Esta demanda de calidad en la formación docente llevó a la creación del IPA en 1948 por Grompone que estableció una formación terciaria profesional para los docentes de la educación media. Sin embargo, con los años este modelo centralizado en Montevideo y de tipo monopólico comenzó a perder calidad por una dinámica endogenista y corporativizada, pero sobre todo no cubrió las demandas del interior. En este contexto de carencias de formación de docentes en el interior, la baja calidad de los IFD y las altas tasas de profesores en el interior sin formación terciaria, en el segundo gobierno de Sanguinetti, bajo la administración de Germán Rama, se realizó un enorme paso institucional y un importante impulso a la calidad de la formación terciaria con la creación de cinco Centros de Estudios Regionales (CERP) en el interior del país. Fue el primer eje de la regionalización de la educación superior en el Uruguay. Con mejor formación, salarios, dedicación horaria, radicación de profesores, empoderamiento y un currículo actualizado, los CERP superaron al modelo del IPA, y cambiaron la formación docente en el Uruguay.

La tensión entre lo nuevo y lo tradicional que esperaba impulsar un mejoramiento del IPA, sin con el cambio político derivó en una pérdida de las características de calidad y autonomía de los CERP iniciales e incluso muchos de sus liderazgos, fueron podados y minimizados, perdiendo parte de sus amplias características innovadoras y diferenciadoras. La estrategia educativa se aboco a desarmar la reforma Rama y reducir la autonomía, independencia y especificidad de los CERP que quedaron ahogados y encerrados en una lógica mesocrática y jerarquizada y que condujo el posteriormente creado Consejo de Formación Docente (CFD). El eje de su acción fue la estandarización, la perdida de diversidad y de autonomía organizacional, y el borrar todos los elementos y referencias de la reforma de Sanguinetti-Rama.

En ese camino, se concibió la creación de un ámbito institucional nuevo de formación docente como un instituto autónomo terciario, donde se integraban el CERP en tanto área del interior de la formación de profesores, el Instituto de Formación Docente (IFD), centrado fundamentalmente en el interior para formar maestros, el Instituto de Profesores Artigas (IPA) de carácter montevideano y el nuevo Consejo de Formación Docente (CFD) como cabeza. Posteriormente, nacido desde la base de profesores, irrumpió la idea de estructurarlo no como como un Instituto Terciario sino como una Universidad. Ello se apoyó en el cambio del enfoque monopólico tradicional de la UDELAR que desde el 2007 paso a favorecer una mayor diferenciación institucional e instituciones de rango universitario.

En el proyecto de Ley de creación de la Universidad de la Educación, las diversas unidades académicas y de gestión de los organismos que se fusionaban se juxtaponían y el nuevo órgano se conformaba como un mero traslado de los cargos y estructuras del CERP, PA, IFD y CFD. El enfoque centralista y burocratizado fue el eje de la propuesta de la nueva Universidad, careciendo de un enfoque moderno y actualizado ni tampoco sinérgico con nuevas estructuras simplificadoras y en red en un contexto nacional. El endogenismo de los recientes llamados a concursos fue una derivación de este enfoque político corporativista. En este contexto se proponía un gobierno basado en el mismo esquema de autonomía y cogobierno endogámico de la UDELAR de 1958, sin pensar en la calidad y la pertinencia necesaria.

La discusión pasó a dividirse entonces en dos ejes en la nueva Universidad de Educación. Por un lado en un modelo interno de organización como mera yuxtaposición de todas las estructuras existentes de los CERP, IFD, CFD e IPA, o la organización de un modelo nuevo con nuevas estructuras y roles articulados y concebida como una estructura organizacional sinérgica y no como una mera suma repetitiva bajo enfques endogámicos de poder. La discusión remitía a una simple suma de cargos y funciones con una lógica endogámico, frente a una nueva estructura integradora y sinérgica y por ende con una lógica más competitiva, meritocrática y eficiente.

El segundo eje de la discusión se estructuró en relación a la organización del ámbito directivo, como cuasi copia del modelo de gobierno existente en la Udelar con su Consejo Directivo Central en el cual están únicamente presentes, representantes de sus estudiantes, docentes, egresados y de las diversas autoridades internas. El carácter endógeno y cogestionado del modelo de gobierno se proponía como el paradigma de la calidad y respondía al arquetipo de modelo político de la Udelar.

Era una propuesta de una nueva Universidad, bajo en enfoque de gobernanza político partidario y corporativo. Estos proyectos fracasaron al obtener las mayorías parlamentarias establecidas en la Constitución para la creación de los Entes, pero corresponde pensar en el actual contexto electoral en un proyecto sinérgico, en red, usando las tecnologías, descentralizado, atento a la calidad y orientado a los méritos. Y por sobre todo pertinente con una amplia inserción y un Consejo donde estén el Gobierno, Parlamento, MEC, estudiantes, profesores, expertos externos, representantes empresariales y gremiales. Pensarlo como un proyecto nacional, no como un proyecto partidario es el desafío futuro.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.