#IdearioUna selección de primer mundo

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Insisto en que el fútbol es un tema importante para los uruguayos, por eso, se justifica atender las cuatro derrotas al hilo de un combinado que se considera del primer mundo, mejor dicho, el quinto del mundo.

La pregunta que muchos se hacen es: ¿qué le pasa a la selección, no es formidable? Eso se desprendía al clasificarse en segundo lugar para el Mundial de Rusia y únicamente perder con el campeón. Desde siempre, las palabras son manipulables haciendo que algo “relativizable” se convierta en verdad contundente.

La clasificación de la Celeste se dio en medio de una serie de casualidades; a saber, el descenso de la calidad del seleccionado argentino más el resbalón chileno, entre otras. También, porque Valverde se despertó de buenas y resolvió el partido contra Paraguay en Asunción; sin que lo anterior sea un óbice para recordar los cuatro goles que recibimos de Brasil en Montevideo y la derrota contra Perú en Lima.

En el mundial jugamos cinco partidos de los cuales dos fueron malos, otros dos muy buenos y el quinto, una tristeza. Estoy en lo cierto que si Cavani hubiera estado en la cancha el resultado hubiese sido otro. Sin embargo, lo peor fueron los comentarios al regresar a casa. Los periodistas deportivos destacaron el muy rescatable resultado obtenido en la competencia, dejando a un lado los problemas de la selección.

Ahora, ¿cuáles son esos problemas? En mi opinión, la mejor versión de la Celeste (en los últimos veinte años) fue la que jugó en Sudáfrica pese al repechaje. En ese torneo, la delantera tenía otro empuje porque existía un tridente capaz de realizar un gran juego ofensivo: Suárez, Cavani y Forlán (este último, el mejor jugador del mundial referido) y, de la media cancha hacia atrás mandaban Lugano y Godín. Ese equipo conquistó la décimo quinta Copa América en Buenos Aires eliminando a la atemorizante selección argentina entre cuyos players descollaba Lionel Messi.

Creo que el volumen de fútbol se deterioró al declinar Forlán, quien renunció sin ambages; grandeza imitada por pocos, salvo Lugano. En efecto, al no contar con ¡nuestro! Diego, la dirección técnica prefirió imponer el 4-4-2 que es, en esencia, un planteo defensivo. Si bien la línea de cuatro al medio debe ser al mismo tiempo el inicio de las dos fases: defensiva y ofensiva, el director técnico prefiere robustecer la primera, tanto así que, en los últimos juegos, la Celeste salió a la cancha a sostener el 0 a 0. Ahora, ¿para qué enfrentar a Brasil y Francia si íbamos a renunciar al ataque? La baja de Godín, Giménez y Muslera fue un problema que se resolvió a satisfacción, ¿entonces?

Salta a la vista que hasta Islandia tiene más volumen de fútbol que la Celeste, pese a alinear a dos de los mejores delanteros del mundo. Es subrayable la persistente ausencia de un enganche con los dos jugadores en punta y al no existir esa figura, Cavani se agrega a la defensa y Suárez languidece sin recibir una pelota.

La dirección técnica señala que ha buscado a ese jugador sin hallarlo en un lustro, sin embargo, cuando fue necesario remplazar a Godín surgió la gran revelación, Bruno Méndez. Los delanteros convocados (en especial Pereiro) no se acoplan; en cuanto a la media cancha, la conforman grandes jugadores exitosos en equipos importantes: Juventus, Inter, Arsenal, Real Madrid. En lo personal, no me parece que estos jóvenes resalten por su vocación defensiva. Sí hay jugadores capaces, solamente que es indispensable definir un modo propio de ser selección mayor y eso implica una verdad absoluta: para ganar hay que superar al rival en goles.

Sería inútil entablar una polémica con el “intocable” profesor Tabárez (a veces demasiado altivo), pero, él no posee ese planteo ni por asomo; en consecuencia, solo conseguirá acumular derrotas. Como bien dijo: “No me hace gracia perder cuatro partidos, pero ganarlos tampoco aseguraba nada.” Manera de desestimar su responsabilidad y poner sobre la mesa una obviedad, la derrota es un estigma prendido en la camiseta mientras transitemos el mismo camino; un hecho desdeñable ya que el hincha uruguayo se acostumbró a sufrir.

Es hora de un cambio que incluya una mirada crítica a la Asociación Uruguaya de Fútbol, la que está obligada aesclarecer por qué llevó a la quinta selección del mundo a jugar dos partidos en Asia pacífico en total desventaja y, desde cuándo un partido contra Brasil es un amistoso.Sin duda la Celeste es una selección de primer mundo en crisis, con una AUF “centavera” del “tercer mundo”. Los orientales perdieron con las derrotas, en el extremo opuesto de la ecuación, la AUF llenó las arcas.

PS. En la solución dada por la Conmebol al conflicto de la finalísima Boca vs River, primó el negocio. La Confederación no tuvo presente los 60 mil espectadores que pagaron y dejaron colgados del pincel; no se resolvió la responsabilidad real del incidente donde la policía de Buenos Aires jugó un papel determinante; declaró a Argentina un lugar poco seguro para desarrollar competencias deportivas y por último, ¿alguien imaginó lo que sucederá cuando River vaya a jugar un partido a la Bombonera?

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