El fatídico final de un uruguayo en La PlataUna macabra historia de celos, obsesión y muerte

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Un hombre fue detenido acusado de matar al novio de su exmujer en una casa del barrio San Carlos, en La Plata, Argentina. Los detalles de un caso que tuvo escenas de pánico y tortura: el agresor drogó a la víctima, la ahorcó con una soga y le puso una bolsa en la cabeza, indican las crónicas de los medios de comunicación de la vecina orilla.

El fatídico hecho que conmovió al barrio San Carlos de La Plata ocurrió durante el fin de semana pasado. Un hombre con discapacidad motriz, que llegó desde Uruguay para avanzar en una relación amorosa con una peluquera radicada en la capital bonaerense desde hace 20 años, fue asesinado por el ex marido de la mujer. El homicidio ocurrió en la casa de la estilista, en la calle 140, entre 49 y 50, en las primeras horas del sábado pasado.

La historia entre los dos víctimas había comenzado hacía muchísimos años, pero recién en este último tiempo habían confiado ser algo más que amigos. Ella, identificada por sus iniciales como E. R., salía de una relación compleja y tortuosa, con Gabriel Adrián Landívar, un remisero de 59 años quien nunca aceptó la separación. Amenazas y violencia habían obligado a E. R. a apoyarse en una abogada para dar por finalizado el vínculo con un divorcio.

Por su parte, Fernando Waldemar Torres Guerra tenía previsto llegar a La Plata el viernes por la tarde, pero un trámite demoró su viaje desde el vecino país. “Mientras estés vos acá y él en Uruguay, todo bien. Si viene, la cosa va a cambiar”, le habría advertido su ex a E.R.

La noche del viernes la feliz pareja cenaba una pizza en el comedor de la casa a la que ella se había mudado pocas semanas atrás, cuando de repente Landivar interrumpió la escena con una pistola en la mano derecha y una bolsa en la izquierda.

“Ahora sí empezó la fiesta”, les habría dicho, según el relato de una hermana de E. R. “Te planchaste el pelo, p… Mirá cómo se te produce para vos, para mí nunca te pusiste así”, habría agregado.

De la bolsa, Landívar sacó una botella, precintos, pastillas, una picana y guantes de goma. Según detallaron los investigadores, la tortura hacia los dos duró al menos una hora. Cada tanto los obligaba a tomar de un preparado, mezcla de pastillas y alcohol al tiempo que los insultaba y violentaba.

De acuerdo a la reconstrucción de los hechos, Landívar les habría confesado en ese momento que tenía todo planeado dado que la había visto a ella salir a comprar bebidas y luego lo había visto a él llegar a la casa. “Si no me amas a mí, no vas a amar a nadie”, sentenció.

Acto seguido, arrancó la manguera de gas de una estufa, le hizo un alargue y la acercó a Torres, que ya tenía una bolsa de nylon cubriendo su cabeza. De todos modos, la muerte no se dio por la inhalación de ese gas. “Murió por ahorcamiento. Con un brazo rodearon su cuello y con el otro ejercieron presión, tirando hacia arriba”, describió el informe preliminar de la autopsia.

Ese instante marcó un punto fatal. Landívar huyó. E. R. quedó tirada en el piso, desmayada por las torturas y la ingestión de fármacos y alcohol. “Pelusa” Torres ya estaba muerto cuando llegó la Policía. Ella fue trasladada al hospital de Gonnet, donde aún se recupera.

Pocas horas después del hecho, Landívar fue detenido cuando salía de su casa, en 141 y 44, a pocas cuadras del lugar del crimen. Quedó imputado por homicidio agravado con alevosía (por el crimen de Torres) y lesiones leves agravadas con alevosía (contra ella). “Es probable que la calificación se agrave”, explicaron a un diario local las autoridades que intervinieron en el caso.

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