La bacteria Metallosphaera sedula es capaz de procesar materiales extraterrestres y podría encontrarse en los orígenes de la vida en la TierraUn microorganismo que consume meteoritos podría estar detrás del origen de la vida

Un estudio reciente publicado en la revista Scientific Reports se ha concentrado en la capacidad de una bacteria particular de alimentarse de materiales normalmente presentes en los meteoritos y que podría haberse originado fuera de nuestro planeta. Entender cómo la bacteria Metallosphaera sedula arribó a la Tierra arrojaría luz sobre el misterio que envuelve al origen de la vida terrestre. La investigación, liderada por la astrobióloga Tetyana Mijolevic de la Universidad de Viena, plantea que los materiales provenientes de los meteoritos son una fuente de alimento para ciertas especies de arqueas quimiolitotróficas, un grupo de microorganismos parientes de las bacterias que por su capacidad de metabolizar una mayor variedad de recursos inorgánicos son conocidas por habitar ambientes extremos. A través de procesos de oxidación de elementos presentes en los meteoritos, Metallosphaera sedula podría haber logrado sobrevivir en el espacio, por lo que esta investigación apoyaría la teoría de la panspermia según la cual la vida en la Tierra tiene un origen extraterrestre.

El nombre “Metallosphera” proviene de la capacidad que tiene esta bacteria de utilizar como recursos a los metales, aunque no sean estos los únicos elementos que puedan servirle de alimento sobre la superficie de un meteorito. “Realizamos este estudio sobre diferentes rastros microbianos hallados en compuestos microfósiles de metal”, explicó Tetyana Mijolevic en un correo dirigido a Gizmodo. “Nuestros resultados serán útiles a la hora de buscar rastros de vida en cualquier parte del universo. Si la vida llegó a desarrollarse en otro planeta, deberían hallarse trazas microbianas similares en el registro geológico.” “El estudio puede proporcionar a los astrobiologos una pequeña pista, un lugar al que mirar cuándo busquen vida extraterrestre. Esa es la única intención de nuestro estudio”, informó Mijolevic. La astrobiologa y su equipo examinaron particularmente cómo el organismo interactúa con NWA 1172, un meteorito rocoso hallado en el noroeste de África, y cómo así modifica la estructura de ese meteorito. Usando técnicas de espectroscopía y un microscopio de electrones los investigadores documentaron los rastros dejados por M. sedula sobre la roca. NWA 1172 es un meteorito compuesto de hasta 30 compuestos metálicos diferentes, y esos metales impulsan drásticamente la actividad metabólica de este microorganismo. La investigación demuestra así que M. sedula se encuentra más adaptada a metabolizar estos metales que otros minerales estrictamente terrestres. “Los minerales sulfurosos hallados en la Tierra proporcionan una cantidad limitada de nutrientes a la M. Sedula”, explicó Mijolevic. “El hierro proporciona los nutrientes necesarios por oxidación mientras que el oxígeno resultante del proceso químico les sirve para respirar”.

La constitución porosa de un meteorito favorece aún más el crecimiento de estas arqueas, y, como estudios anteriores apuntan a que las arqueas fueron los primeros microorganismos en colonizar la Tierra, todo parece confirmar que la vida terrestre como hoy la conocemos pudo conocer su existencia gracias al impacto de un meteorito sobre la superficie de nuestro planeta. El propio bombardeo de meteoritos que azotó a la Tierra en los albores de su formación podría estar detrás de muchos enigmas que aún encierran a la evolución.  “Los meteoritos metálicos de hierro-níquel pudieron haber aumentado artificialmente la presencia de fósforo en la Tierra, lo que facilitó la evolución de la vida en el planeta”, sostuvo la experta. Aunque la teoría de la panspermia es tentadora como para poner esta investigación al frente de su defensa, Mijolevic opinó que: “Para que la teoría de la panspermia tenga base, tendríamos que poner a prueba las capacidades de supervivencia de M. Sedula en condiciones ambientales espaciales. El problema es que poner a prueba esto en condiciones espaciales reales es un proyecto increíblemente costoso y el dinero no crece en los árboles.”

 

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