juan francisco muhlethalerUn estratega de los de antes

Fue un gran jugador que a fines de la década del 70 y principio de los 80 regaba de fútbol las canchas porque era un enganche de los de antes. Dueño de una técnica admirada tuvo un fugaz pasaje por Peñarol, por la Selección uruguaya y por el fútbol ecuatoriano, al punto que hace 25 años decidió radicarse en Ambato.

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Muhlethaler brilló por la década del 70, jugó en aquel histórico Wanderers que clasificó por primera vez a un equipo menor a la Copa Libertadores siendo compañero del maestro Tabárez, entre otros, aunque él jugaba de armador, pues poseía una técnica exquisita con el balón. Jugó en el Peñarol, que dirigió Dino Sani pero no tuvo muchas oportunidades, porque en su puesto emergía Ruben Paz, pero delante tenía a Eduardo Pierri y “El Ruso” Olivera, por lo que se fue a Ecuador a Técnico Universitario como refuerzo para la Copa Libertadores.

Al año regresó a Uruguay para jugar en Rampla Juniors, con tal suceso que fue citado a la Selección uruguaya de 1983. Integró selecciones uruguayas juveniles y formó parte de aquel plantel que quedo eliminado con Bolivia y Venezuela para el Mundial de Argentina. Después jugó en Colombia, Ecuador, un breve regreso al país pero en el 88 dejó el fútbol y decidió radicarse en Ecuador. Tras un breve paso como ayudante de Pelusso en Macará dejó definitivamente el fútbol profesional y ahora lo que hace es comentar para una radio de Ambato. En esa ciudad tuvo una escuelita de fútbol y allí es donde tiene montado su actividad profesional: bienes raíces.

Juan, ¿de qué barrio es y cómo llega al fútbol profesional?

Soy de Las Piedras del barrio Laurens y jugué en River Plate en la 5ta. Estuve año y medio y quedé libre; después fiché en Wanderers. Jugué un año en 5ta especial en la B y luego me subieron a Primera. Debuté en Wanderers en 1972.

Un plantel que se preparaba para algo histórico que lograron tres años más tarde…

Sí, con compañeros bárbaros como Vasconcellos; el propio maestro Oscar Tabárez; Luzardo, Esnal, Forlán un muchacho que jugaba de punta, -no el padre de Diego- “El Trapo” Olivera, Benítez, Martirena, Manolo Sierra, entre otros tantos, porque ahí jugué desde 1972 hasta 1979. Con ese equipo logramos entrar en la historia al ingresar por primera vez un equipo chico en la Copa Libertadores.

Una buena experiencia sin lugar a dudas y que marcó el inicio de un proceso que llevaría posteriormente a otros equipos menores a la Copa…

Sí, una experiencia lindísima, porque fue dejar un grande afuera y además jugar un torneo internacional como la copa Libertadores con un equipo chico era algo insólito porque no estaba en los planes de nadie, solo de nosotros.

¿Qué experiencias recuerda de esa instancia internacional?

Y lo más importante fue haber podido jugar a nivel internacional como te decía representando a Uruguay. Pero en lo deportivo no fue buena la experiencia primero porque nos tocó Peñarol que era un equipazo en ese entonces, Unión Huaral de Perú, Universitario, otro buen equipo. Fue lindo, bueno y provechoso pero no estábamos al mismo nivel de la U y Peñarol. Creo que pagamos precio por nuestra inexperiencia en este tipo de competencias, pero fue algo nuevo que después de mucho tiempo lo valoramos. Mirá hoy, estamos hablando de eso cuando ya pasaron tantos años….

Y después de Wanderers pasó a Peñarol, lo que sin dudas debe haber sido un paso importante en su carrera como jugador profesional

Y sí, uno llega con muchas expectativas porque pasás a un grande, sobre todo cuando yo jugaba, que no es como ahora que están poco tiempo, unos meses y se van. Además era llegar a mi equipo del alma pero las cosas no se dieron de acuerdo a lo que pensaba.

Estaba Dino Sani de técnico, buen entrenador, pero había excelentes jugadores para mi puesto y alternábamos con Rubén Paz, el “Ruso” Olivera y “el Flaco” Pierri. Lamentablemente se me pasó la etapa y no pude concretar. Me hubiese gustado una revancha quizás en otra oportunidad pero bueno, me quedé con ganas.

Y ahí enseguida surge la posibilidad de irse a Ecuador, lo que le abría una nueva puerta en el profesionalismo…

Lo de Ecuador también me encantó, me trajo Spencer y vine a la Copa Libertadores para reforzar a Técnico Universitario, que en ese momento andaba muy bien. Tenía un gran equipo y muchas ilusiones de la gente y del pueblo ecuatoriano. Después no nos fue tan bien y en lo personal me costó adaptarme a la alimentación; en lo del fútbol específicamente apenas me aclimaté a la altura anduve bien. Y además después volví acá por lo que hice en los primeros años. En lo personal me dejó enormes recuerdos, momentos muy felices. Una muy linda etapa.

Y otra vez Uruguay, pero a Rampla Juniors ¿qué lo sedujo volver a Uruguay y sin menospreciar, a un equipo como el “Picapiedra”?

Un cambio de lugar, yo qué sé… cosas que pasan. Pero ojo no me arrepiento. Estaba por firmar acá con Deportivo Quito, que era un paso profesional importante. Pero se cayó todo y decidí regresar. Y la verdad en Rampla fue uno de mis mejores años al punto que en los primeros partidos del campeonato hice cinco goles y me citaron a la Selección.

Ya habías tenido oportunidad de vestir la Celeste incluso desde juvenil así que no era la primera vez en ese aspecto…

No, yo fui juvenil con Uruguay en 1974, después 1975, 76 y 77 con la mayor. En esa etapa repetimos algunos juveniles como Rodríguez Riolfo Ocampo, Bartolotta, Revetría, Agresta (con Nelson incluso repetimos en el 83).

Pero le tocó vivir desde adentro, una etapa complicada para el fútbol uruguayo en aquella Selección que quedó sin el Mundial de Argentina perdiendo con Bolivia y Venezuela…

Sí, yo no jugué mucho pero fue duro quedar eliminados, porque había mucha ilusión de la gente. Además con todo respeto para Bolivia y Venezuela, no tenían nada que ver aquellas selecciones con las de esta época y sin embargo nos dejaron afuera. Creo que había una confianza desmedida y eso nos terminó dejando afuera.

Y después de Rampla otra vez se volvió a ir al exterior…

Sí, me fui a Colombia, al Cúcuta e hice un buen año. Sin embargo mi idea en Colombia era pasar a otro equipo pero no pude cambiar y me fui a Macará aunque estuve tres meses con Manolo Keosseian en Fénix. Allá en Macará estaba bien, jugando y me sentía muy cómodo, pero me tiraba Técnico Universitario al que regresé en 1987 y en el 88 me retiré en Deportivo Quevedo, un equipo relativamente chico. Cuando me retiré del fútbol volví para casarme aquí y tuve 2 hijas que ahora están en la Universidad, en Quito; allá (en Uruguay) tuve 4 hijos que ya son adultos.

Y cada tanto regreso al paisito, el año pasado estuve y espero ir pronto nuevamente.

¿Y ha dejado definitivamente de lado el fútbol o sigue vinculado en Ecuador?

Mirá lo más cerca que trabajé en el fútbol del otro lado fue en Segunda División y estuve de ayudante de (Gerardo) Pelusso cuando estuvo aquí en Macara, en el 2002.

Después tuve una escuelita de Fútbol acá en Ambato pero la verdad, vivo de bienes raíces, esa es mi actividad profesional hoy. Y para despuntar el vicio del fútbol me entrevero y jugamos con algunos veteranos amigos y además hago comentarios para una radio local sobre los partidos, pero nada que sea profesional.

El “tres pulmones”

Hubo una anécdota de Muhlethaler que dio que hablar en su momento y que aún hoy en algunos asados algún veterano se acuerda. Se dio cuando un comentarista de una radio lo entrevistó y para resaltar y elogiar su trabajo, porque había corrido muchísimo en la cancha durante un partido, lo felicitó diciéndole “Muhlethaler lo felicito, parecía que tenía tres pulmones en la cancha” y la respuesta inmediata fue “Gracias, pero tengo uno como todo el mundo”.

Juan, la justa, ¿fue verdad esa anécdota?

“Sí metí la pata y me mataron; lo que me gastaron después no está escrito. Yo tenía a mi viejo internado en ese momento y quería ir a verlo, estaba preocupado y contestaba cualquier cosa. La verdad me gastaron… En aquel momento me molestaba pero hoy es una anécdota muy risueña”.

Un enganche de los de antes

Muhlethaler no era un jugador que se caracterizara por marcar mucho o por ser goleador. Era de los típicos jugadores cerebrales, de mucha técnica, de gambeta y el mismo sostiene que “era armador, en aquel tiempo se jugaba diferente a ahora porque todos los equipos usaban un enganche. Me gustaba tener la pelota pero no hacía muchos goles, más bien asistencias”.

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