#OpiniónUn debate de calidad sobre la educación superior en Uruguay

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En días pasados, Rodrigo Arim, el rector de la UDELAR, propuso de cara a las elecciones un debate sobre el país, y uso la palabra calidad. Pero más allá de esa visión tradicional de la Universidad viendo desde su enfoque particular a la sociedad y emitiendo juicio, sería más pertinente la apertura de ámbitos de reflexión plurales entre todos los actores dentro de los ámbitos académicos, ya que al fin de cuenta, se supone que la universidad es “universitatis” en términos de que en ella se desarrollan y alojan diversos enfoques y que –siguiendoa Thomas Kuhn- el saber son paradigmas y no verdades. Pero más allá de enfoques endogámicos o visiones plurales hacia afuera, también sería pertinente la realización de un debate hacia adentro y que la sociedad -y la propia universidad- analizara la calidad de sus procesos de enseñanza y aprendizaje. No por un mero ombliguismo –que es también un error- sino desde la mirada de lo que Pedro Krosch, especialista argentino en temas universitarios,formulara de hacer de la propia universidad uno de los objetos centrales de la investigación como palanca para el desarrollo de nuestras sociedades.

Un debate de calidad sobre la educación superior, y especialmente sobre la calidad de sus procesos de enseñanza y de aprendizaje, sería altamente pertinente y necesario actualmente como base para la construcción de los mejores caminos en el próximo gobierno. Mirar hacia adentro de las instituciones, del sistema de educación superior, y de la UDELAR, y con atención especial a la calidad de las ofertas y las dinámicas institucionales, contribuirá decididamente a superar problemas y encarar las transformaciones que requiere el país para impulsar una educación de calidad, la cual claramente está en caída según diversos indicadores indirectos en el marco de las tendencias de la educación superior comparada a que nos referiremos en cuadro abajo. Es sin duda un eje central de acción para contribuir desde la universidad a superar los problemas de competitividad, emigración profesional, escasos retornos profesionales o limitados desarrollos productivos como resultado de la baja calidad de los aprendizajes en el país.

Este ejercicio de análisis requiere sin duda abandonar la tradicional visión parcelada que coloca a las carencias educativas como derivadas de la ausencia de recursos económicos o como resultado de las carencias de los ciclos anterior y especialmente de los resultados de la educación media. Ello responde a un visión parcelada y sin duda a una visión tan pueril como el Manifiesto Liminar de Córdoba en 1918 y que fuera repetido como eje de la CRES 2018, que planteaba que “las limitaciones que tenemos son las libertades que nos faltan” y que sustenta que todas las debilidades y problemas que se tiene en la educación superior en el país remiten exclusivamente a “los recursos que nos faltan”, o a “los estudiantes que nos llegan”.

Ello escapa a la realidad de las responsabilidades institucionales, a las políticas internas, a las realidades, a la falta de voluntad política en impulsar la calidad o al escaso interés en construir procesos de enseñanza acorde a los niveles de calidad posibles y necesarios, y sin duda no reconoce los enormes avances de los recursos financieros en estos años.

En los últimos años, el desarrollo de la reflexión sobre la universidad y de ésta como un objeto de investigación, se constituye en el reconocimiento claro que existen fuertes problemas al interior de las instituciones y/o de los sistemas de educación superior que no logran se resolver y que remiten a problemas estructurales y de políticas internas. La deserción, desigual cobertura social, escasa equidad, baja eficiencia, derroche de recursos o baja calidad, y por no decir endogamia y sistemas de selección docente politizados, no son derivados de ausencia de recursos económicos, sino de las políticas que se aplican, de las concepciones que se mantienen y de las estructuras que gobiernan las instituciones. Pero, cada vez más, en tanto el desarrollo descansa cada vez más en la innovación aplicada, la articulación a las demandas, la calidad y competencias de la formación o el nivel de especialización del capital humano, se requiere analizar más destacadamente las carencias de los sistemas de educación superior, así como de las universidades, como parte explicativa de los problemas referidos.

Sin duda, el país requiere un sistema de educación superior de calidad que favorezca el desarrollo con mejores expectativas de las personas, las empresas y las organizaciones, y que se centre en las competencias necesarias de los aprendizajes en el actual contexto tecnológico, económico y social. Como lograrlo por su parte se constituye la pregunta que corresponde hacerse a la hora de mirar al interior de las instituciones de educación superior. Y ello lleva a analizar algunos de los componentes más importantes que determinan la calidad de los procesos de enseñanza.

El país tiene bajos niveles de calidad –sobre los cuales lamentablemente no hay claros indicadores- como resultado de la debilidad y las carencias de los componentes necesarios que se requiere a escala global para tener sistemas de calidad como se refiere a continuación. Un ejercicio de causas de la debilidad de la calidad y de la situación nacional devela muy rápidamente algunos de los problemas y temas a encarar.

Sin duda, los componentes de la calidad son muchos más entre los cuales podemos apuntar sin duda a la cantidad de estudiantes por aula y la formación de los docentes, la selectividad en el acceso o la existencia de ciclos propedéuticos de compensación; la enseñanza masiva o la atención tutorial individualizada; la existencia de programas flexibles, la evaluación efectiva de los docentes, el enfoque por competencias, la existencia de bibliotecas y recursos de aprendizaje especialmente digitales o los tiempos de dedicación de los estudiantes.

Pero sobre todo la calidad varía desde el enfoque de los estudiantes, de los profesores, de las autoridades, pero hay sin duda un enfoque necesario de introducir de la sociedad que es la que paga y la que debe ser parte de las miradas en tanto actor no endogámico y colectivo. Pero sobre todo, la calidad varia si es resultado de miradas internas complacientes de autoevaluaciones o desde evaluaciones externas, no sólo académicas sino de otros actores como empresas o ámbitos profesionales.

Este es finalmente el debate necesario sobre la calidad, sobre las carencias que hay para tener una educación superior de calidad y los proyectos para superarlas.

Determinantes de la calidad de la educación superior

Existe un Plan de Desarrollo de la Educación Superior – NO
Existe un sistema nacional de educación superior articulado – NO
Existe autonomía institucional de las IES – Solo en las públicas
Existe rendición de cuentas de las IES – Sólo en las privadas
Existe una agencia nacional de evaluación y acreditación – NO
Existe un sistema de licenciamiento común de los programas – NO
Existe un sistema nacional de certificación profesional en las profesiones más importantes al menos – NO
Existe un sistema de medición de los logros académicos de los estudiantes – NO
Existe un observatorio del mercado laboral de los profesionales – NO
Existe un sistema de créditos transferibles entre las IES – NO
Existe un enfoque curricular por competencias en el egreso – Algunas IES
Se han establecido estrategias nacionales de impulso al inglés en la enseñanza superior – NO
Están las IES articuladas a las demandas reales de las empresas – Muy limitadamente
Hay apoyos financieros a los estudiantes – Si
Ha habido incremento importante de los presupuestos de ES pública – SI
Existe un sistema de promoción de la investigación – SI
Existe un sistema nacional que impulse las pasantías y prácticas profesionales y la articulación a las empresas – NO
Existe una igualdad social y regional en la cobertura – NO
Existe una amplia diferenciación institucional que habilite múltiples recorridos y trayectorias estudiantiles y profesionales – Muy limitada
Existe representación en los órganos de gobiernos de las IES de la sociedad, las empresas o el gobierno – NO

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