#OpiniónUn buen tatuaje no le hace mal a nadie

El Presidente electo Lacalle Pou se reunió en estos días con el PIT-CNT y los gestos de ambas partes fueron de una moderada satisfacción. Parece positivo que en los primeros contactos exista voluntad de diálogo, acercamientos personales, coincidencias primarias en aspectos fundamentales y sobre todo la identificación de las diferencias que permite administrarlas, saber y valorar hasta dónde puede llegar uno y hasta dónde puede llegar el otro.

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Los temas en materia de relaciones laborales pasan por varios aspectos esenciales.

El más vital es el mantenimiento de los Consejos de Salarios, reinstalados en los gobiernos frenteamplistas luego que fueran eliminados por el gobierno nacionalista de Luis Alberto Lacalle y pasaran 15 años sin ellos. El resultado fue la rebaja salarial, una distribución de la riqueza regresiva, el recorte de los derechos sindicales y el intento permanente de la liberalización y consecuente precarización de las relaciones laborales.

Mantener los Consejos de Salarios con un adecuado y fructífero funcionamiento puede que sea la madre de las batallas en este período que se viene.

Lacalle Pou ha ratificado una vez más que ellos se mantendrán. No solo es una buena noticia sino que es una batalla ganada por el movimiento sindical y el conjunto de la izquierda; cambios estructurales -en este caso en materia de legislación laboral- que ya no pueden ir atrás. El costo del retroceso puede ser letal para cualquier gobierno.

Su preservación permite la lucha por el mantenimiento de los salarios de los trabajadores y en consecuencia de las jubilaciones. Sin esta herramienta la rebaja y el ajuste salarial es un hecho consumado; con la herramienta arriba de la mesa ajustar la economía por la vía salarial -como se hizo sistemáticamente en el pasado con los gobiernos de derecha y centro derecha del país- es más dificultoso.

Los tres gobiernos frenteamplistas acostumbraron a la población a tener ajustes siempre por encima de la inflación, con viento de cola y con viento en contra. No es fácil tampoco desandar este camino.

Se aprobaron leyes de fomento de la actividad sindical. Antes los sindicatos eran reprimidos, hoy esa realidad se modificó totalmente.

El resultado fue la proliferación de sindicatos en todo el territorio nacional y todas las ramas de la actividad del país, y por consiguiente un fortalecimiento político y económico del PIT CNT explosivo. Casi 400.000 afiliados, la sindicalización de la policía, el fortalecimiento de FUECYS (comercio y servicios), la agremiación de los peones rurales o de las empleadas domésticas. Intentar debilitar este poder no es moco de pavo.

La derogación del Decreto Nº 165/2006 que habilita la ocupación de los lugares de trabajo como extensión del derecho de huelga seguramente se hará. Creo que no le cambia la vida a nadie y es en mi opinión un tema muy lateral sin ninguna incidencia significativa en el esquema de relaciones laborales vigente.

Es un tema que se ha politizado de manera exacerbada y representa una pulseada de estricto orden político entre las gremiales empresariales y el PIT CNT. Las ocupaciones han sido mínimas, casi irrelevantes y ni de cerca son parte de ningún problema del Uruguay de hoy; a lo sumo es una discusión académica para la mejora de las normas vigentes.

Hay casos en que el empresario se fuga, deja el tendal de deudas o realiza el vaciamiento de la empresa, dejando indefensos y en la calle a familias y trabajadores. En estos casos no hay más remedio que ocupar, preservar los bienes y buscar alguna solución que como mínimo asegure los créditos laborales. Esto se hará con o sin decreto.

Gerardo Zambrano, empresario vinculado al sector agropecuario e integrante del colectivo Un Solo Uruguay resume el pensamiento predominante de la coalición multicolor y seguramente del propio Presidente electo de las relaciones laborales y de los sindicatos. Previamente se deshace en elogios a Lacalle Pou, lo que es correspondido por él dado que lo considera un referente.

Algunas de las expresiones de esa entrevista, «El tema sindical es la batalla que hay que dar, y ganar, porque es imprescindible para ordenar la casa» «Los sindicatos han tomado el poder, han tenido privilegios de los dirigentes, hacen la ocupación como una extensión de la huelga, cosas que tendrán que sacar supongo»; «Los sindicatos son necesarios para los trabajadores, pero hoy tienen un poder político, en la búsqueda de los servicios personales de los que nunca están conformes y en definitiva el trabajo no es su prioridad»; «Porque en los Consejos de Salarios eran dos contra uno siempre»; «Realmente el sindicato hoy no es para favorecer al trabajador, sino que está involucrado en unos esquemas básicamente políticos para apoyar o no al gobierno de turno».

Zambrano se escandaliza por el poder sindical y sus relaciones políticas, pero le resulta natural el poder empresarial -de la cual él es parte- y sus relaciones con ese mismo poder político pero con el signo cambiado; la coalición multicolor. El tema de fondo para él es que el poder político tiene que ser exclusivo de ciertas clases dirigentes, no del populacho.

Me hace acordar a uno de los momentos culminantes de la Revolución Francesa. Cuando se realizó la famosa «Declaración de Derechos del Hombre» -un documento de carácter revolucionario- que declaró a todos los hombres por igual y que solo los diferenciaba la virtud, terminándose los títulos nobiliarios y los privilegios del clero.

Pero resulta que los mismos que alentaron y votaron esa Declaración luego se dieron cuenta que no todos los hombres eran iguales a ellos, que algunos eran más iguales que otros y se pusieron todo tipo de trabas para votar, ser electo diputado o participar de cargos. El resultado fue la exclusión de todos los jornaleros, los peones rurales, artesanos, el personal doméstico o sea todos los sectores que habían sido factor clave de la Revolución. La historia la conocemos todos; terminó en una etapa de enfrentamiento, terror y guillotina.

Yo me imagino que una persona como Zambrano -y la gran mayoría de la coalición multicolor que piensan y tienen el mismo diagnóstico que él- no deben estar muy contentos de que Lacalle Pou tenga tantos «entendimientos» con el PIT- CNT. Que tome mate a las risas y con saludos de afecto con Fernando Pereira y el Turco Abdala, que se acuerde la existencia de una «línea roja» directa con ambos Presidentes. Debe sentirlo como un niño de 3 años cuando la mamá le da un jarabe para la tos.

O quizás piense que Lacalle Pou es un genio, que en estas primeras de cambio está ganando tiempo y que todos los planes que ellos tienen en materia de relaciones laborales «Reformas van a causar dolores, pero hay que hacerlas sí o sí», se harán en el transcurso del gobierno le guste o no le guste al PIT-CNT. El asunto y la pregunta es qué pasará si el debilitamiento de la central de trabajadores no llega o si el esquema de relaciones laborales queda intocado ¿para donde agarrarán?

Lacalle Pou se ha quejado de manera reiterada en la pasada campaña electoral que él ha repetido una y mil veces que no va a eliminar los Consejos de Salarios y que lo único que le falta es tatuarse para que le crean.

La verdad que no es mala idea. Un buen tatuaje no le hace mal a nadie, sería bueno que la iniciativa la tomara más en serio.

Lacalle Pou hasta ahora viene bien rumbeado en este tema específico, el tiempo y el transcurso de su gobierno nos dirá cuales son los verdaderos hechos.

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