arteTristezas barradianas y Juan De Andrés

La muestra de Barradas en el Museo Nacional de Artes Visuales atrajo, inesperadamente, a numeroso público que no fue orientado por un convincente guion curatorial.

1

Los despistados de siempre y los provenientes del círculo áulico de los propios organizadores, alabaron de manera incondicional esta segunda exhibición de Barradas en el mismo lugar, muy diferente de la anterior, hace cuarenta años. Reducida en cantidad de obras (aunque conservando un número apreciable), propone ahora un recorrido tan errático como erróneo, sin la indispensable dimensión contextual, minimizando, fundamentalmente, que la elaboración de la obra principal del artista es de insoslayable referencia española. Una investigación actual de la vida y obra de Barradas con nuevos enfoques y enriquecidas técnicas en el montaje ha sido dejada a un costado, ignorando las muchas exhibiciones efectuadas en España en los últimos años y las abundantes reflexiones de la crítica en ese país. Hay que citar, en especial, el fino análisis de Eugenio Carmona, curador de la madrileña Colección Telefónica, en el valioso catálogo “El cubismo y sus entornos en las colecciones de Telefónica”, editado en ocasión de la exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (2008). Allí figuraron obras significativas de Barradas (retratos de Alberto Lasplaces, de Antonio, y un maravilloso “Bodegón” fechado en 1919).

El catálogo de Barradas se presentó seis días antes de clausurar la exposición que estuvo habilitada durante tres meses y ni siquiera estuvo a disposición de los tardíos visitantes un ejemplar de consulta. Los interesados tendrán que esperar hasta el próximo martes para oblar $500 por una edición (aunque se puede ver por Internet), donde ningún texto alude a la exposición misma, escritos por Ricardo Ehrlich, Ana Olivera, Hugo Achugar, Enrique Aguerre, Mariano Arana y el crítico español Juan M.Bonet, absolutamente prescindibles, con la reproducción total de las obras exhibidas. Un desperdicio, realmente. Barradas sigue siendo una signatura pendiente.

Juan De Andrés

Al igual que Barradas, Juan De Andrés (Cerro Largo, 1941), pintor y escultor, se exilió en España a partir de 1977, pero por motivos políticos. Un emigrante formado en la disciplina torresgarciana con Carlos Llanos y Daiman Antúnez, que sus más de tres décadas en Barcelona y sus contactos con el escenario artístico internacional (también el nacional) contribuyeron a consolidar una estética más vinculada con la construcción que con el constructivismo (María Lluïsa Borrás lo escribió en un brevísimo pero sagaz texto). En efecto, el casi medio centenar de obras que se exhibe en la sala mayor del Museo Nacional de Artes Visuales, a modo de retrospectiva desde la década del 80, revelan la sabia administración de sus recursos artesanales (otra impronta lejana derivada de Torres García) y sus conocimientos de la abstracción geométrica desde la vanguardia rusa y después.

En cada uno de esos trabajos, mantiene una coherencia formidable, sin concesiones a los zarpazos momentáneos de los posmodernos. Canibaliza con delicadeza ciertos períodos de maestros admirados (Carmelo Arden Quin, Nelson Ramos, Washington Barcala, Marcelo Bonevardi). No fue por acaso que la curadora Borrás lo incluyera, un poco forzadamente, en la muestra de Arte Madí del Museo Reina Sofía (1997), pues De Andrés no perteneció al movimiento como tantos otros allí incluidos, aunque existan elementos, como el marco recortado, que lo puedan asociar a esa corriente rioplatense, hoy internacional.

Es un artista que mantiene el rigor del concretismo, en la impecable resolución de los elementos plásticos, las calidades cromáticas y texturales de un refinamiento inusual en el arte actual (y no solo local), capaz de someter una idea racional a las infinitas variaciones geométricas sin jamás repetirse, con guiñadas a diversos artistas, en exquisitas variaciones tonales, perturbadas ocasionalmente por la materia agitada. De contrastes cromáticos pasa a la unidad tonal con la misma serenidad dentro de una geometría sensible, postulando la vigencia de un ordenamiento clásico capaz de enfrentar las turbulencias actuales. La lección de un maestro, radicado en Montevideo desde hace un par de años, que puede verse hasta el próximo domingo.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.