TEATROTodo por el hijo, sin concesiones

En la Balzo del Sodre, el teatro se abre camino en tiempos de la Covid-19, con la obra de Gabriel Calderón “Ana contra la muerte”.

“Ana contra la muerte”, texto y dirección de Gabriel Calderón, con la actuación de Gabriela Iribarren, Marisa Bentancur, y María Mendive, y la escenografía e iluminación de Lucía Tayler, Matías Vizcaíno Miguel Robaina Mandl, y el vestuario de Virginia Sosa, va en la Sala Hugo Balzo del Sodre.

El autor y la obra

Gabriel Calderón es uno de nuestros más destacados dramaturgos.

Ha manejado todos los géneros en sus obras, y ha sabido mezclar en forma inteligente el humor, la comedia dramática y la tragicomedia en transiciones casi imperceptibles. Ha creado y crea personajes de gran fortaleza y en ocasiones los muestra además en su rostro débil. Los personajes de Calderón ponen al descubierto el anverso y el reverso de todo ser humano, y así desde ese lugar pueden interpelar al amor, a la pasión, a la vida y a la muerte.

En “Ana contra la muerte”, hay drama puro, despiadado, pero a la vez atravesado por un amor que lo resiste todo, hasta la muerte misma.

Una madre lucha en forma incansable por la vida de su hijo. Lucha contra todo lo que se puede interponer y nos traslada junto con ella a esa montaña rusa de sensaciones, emociones, sensibilidades y especulaciones. Nada es suficiente, no hay normas, no hay leyes, no hay obstáculos que esa madre no sea capaz de sortear para salvar la vida de su hijo.

Una obra dura, provocadora, cuestionadora y sobre todo de corazón palpitante.

Elenco y dirección

Tres grandes actrices asolan la escena desde un tinglado que marcará sus movimientos, las pondrá en el círculo de luz y luego las dejará en el cono de sombra y así una y otra vez.

Dos de ellas, María Mendive y Marisa Bentancur se desdoblan en varios personajes, personajes que van pautando de a poco el entretejido de la historia.

Gabriela Iribarren es la madre, ese ser trágicamente mitológico, esa mujer pequeña que crece en forma exponencial, que nunca baja la guardia, pura alerta emotiva.

Iribarren mueve su personaje en una cuerda inagotable de fuerza, dolor y riesgosas decisiones. Es la Madre, la proveedora, la amorosa, la dedicada, la luchadora a ultranza y la que no se calla nada, a pesar de las consecuencias que su actitud pueda tener. Es la Heroína, la reina madre, la incansable y por qué no la ambiciosa mujer que quiere llegar al límite sin concesiones.

María Mendive y Marisa Bentancur se turnan en los diferentes encuentros con Ana, en roles que manejan con increíble precisión-

Este potente trío nos transporta a un mundo donde el tiempo es el factor que apremia y en las sucesivas intervenciones progresivamente la vida de Ana se irá asfixiando hasta el estallido final.

La dirección de Calderón es de una precisión sólo comparable al perfecto y cuidadoso mecanismo de relojería. No hay un paso, un movimiento fuera de lugar ni de tiempo.

Conclusión

Un texto mayor puesto al servicio de tres actrices de enorme potencia junto a una dirección rigurosa, detallista, donde los rubros técnicos acompañan la excelencia de la representación.
Un espectáculo del que nadie sale ileso, y ese es el triunfo de este tributo al buen arte.

Rubros técnicos

La escenografía nos introduce en un microcosmo donde la intimidad queda a resguardo, y las luces van moviendo a las tres actrices en los diferentes planos de sus existencias, trabajos en manos de un trío estupendo como son Lucía Tayler, Matías Vizcaíno y Miguel Robaina. El vestuario es una herramienta más de la obra en manos de Virginia Sosa.
Todo está perfectamente calculado, expresado y diagramado.

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