#IdearioTiranos temblad

1 251

Mientras pensaba este artículo necesariamente me debía exigir a mí mismo ordenar mis pensamientos, no por razones de confusión sino para seleccionar las palabras adecuadas cuando estas se aglutinan. No es nada nuevo en mí, me suele pasar cuando siento algún tipo de emoción, en particular cuando las mismas surgen de las profundas entrañas.

Siento que estos días son del tipo cuando se resume toda la historia, nuestra historia. Son esos días en los que suceden más cosas en horas de lo que acontece en años.

Sí, lo tengo claro, nada es casual, por supuesto que lo sé. Me adelanto a la probable observación bien intencionada. Trato siempre de no pecar de ingenuo aunque ser optimista pueda parecerlo.

Todos los días agradezco “mi sobrevida” al decir de Fernández Retamar, ya que lo que sucede hoy por razones de que allá en el tiempo, digo mejor, detrás del actual tiempo, hubo una acumulación de tiempos de otros… o mas, agrego que no sólo fue tiempo sino la acumulación pertinaz de músculos en tensión, de nervios inquietos, desgastados, de sangre que bulló, de dolores indescriptibles, de inapelables corajes, de tozuda rebeldía es decir de vida entera, limpia y sacrificada de quienes me antecedieron. Ellos son los que recibieron “la para mí en su corazón”…y otra vez Fernández Retamar. Gracias poeta, hacen falta…

También tengo claro que los desenlaces en la historia no se dan con fórmulas matemáticas, que no se trata de una ecuación perfecta, que la vida de las personas no es un álgebra y no se aplica la fórmula dado “A” es “B”.

Eso me irrumpe al observar la infamia que se da en la Humanidad donde se acopian muertes, torturados, niños hambrientos, genocidios impunes, millones de madres que abren sus brazos al cielo repitiendo: “¿por qué?” y otra vez “¿por qué?” y mil veces “¿por qué?”, y no hay respuesta.

Es más probable que uno se vaya de este mundo llevándose más preguntas que respuestas y más broncas que alivios. En este caso sí parece ocurrir que no se da la excepción de toda regla, cómo se da en la mayoría de los ámbitos de la existencia. Aquí parece existir una fórmula matemática perfectamente injusta; peregrinamente inmoral: dado una pregunta, ¡no hay nunca una respuesta!

Generalmente y más en estos asuntos hay que estar atento a los detalles, los pequeños fragmentos sueltos y también en particular de los “duendes” que siempre los hay. Ojo…digo “duendes” que no es lo mismo que “arrepentidos” porque encontrar un fascista arrepentido es menos probable de que haya vida en la estrella mayor del sistema solar.

Cuando la Verdad se presenta hay que sujetarla fuerte porque seguro no será más que una pequeña hilacha que habrá que desmadejar.

El lunes lloré de rabia y bronca. Horas antes de que partiera le dije a Antonia que era mi intención al igual que la de Cacho y Osmar de darle un abrazo a Pedro, un apretón de manos fuerte y firme, de juntar nuestro cuerpo con el suyo como el más puro acto humano de despedida entre camaradas. Y no se pudo. Unas pocas horas después mi viejo me escribía: “Canito…Pedro murió…”

¡La re mismísima puta madre que lo parió! ¿Por qué, por qué se van los buenos?, pensé ¿porqué se van los que nunca se deberían ir? Y otra vez el interrogante, otra vez “¿el por qué?”

Pedro, “Pedrín” Giudice se fue en paz. Se fue más “rojo” que siempre y más “rojo” que todos. Mi última imagen fue en diciembre del año pasado. No hace tanto. Lo vimos bien, sonriente, tanto que el “canario” Miguel me comentó: “viste que bien que está Pedro”.

Se fue… se fue pero tengo para siempre en mi mente la cara joven y optimista del delgado muchacho, de facciones enjutas, de ojos grandes, que subido a no recuerdo qué cosa, quedó retratado para siempre gracias a la instantánea del gallego Aurelio que lo estampó para la historia en aquel 9 de julio del 73 gritando ¡”Libertad”!…el atronador y unísono grito de ¡”Libertad”! que con su puño en alto junto a miles de puños en alto, puños como banderas esbeltas que llevan consigo en sus manos los rebeldes ante los tiranos.

En estos días me sonaba y me resonaba: “A galopar a galopar hasta enterrarlos en el mar”. Rafael Alberti venía a mí una vez más. El gallardo gaditano siempre está presente.

Galopar pensaba, sí a galopar hasta sepultar el odio, la infamia, la impunidad y “el viva la muerte”…eso enterrarlo en lo profundo del mar, bien muerto de una vez por todas y matarla, herirla de muerte con la espada firme, ecuánime y justa de la Verdad.

Hacia tiempo que a la derecha no la veía tan a la defensiva como en estos días. La temblorosa voz de Julio María Sanguinetti, el artífice de la impunidad que apenas balbuceaba una respuesta cuando una valiente periodista lo apuraba con una sencilla pregunta: “¿Por qué usted no aplicó el artículo 4º de la ley de la Pretensión Punitiva del Estado como lo hizo el presidente Dr. Tabaré Vázquez en la búsqueda de los niños y adultos desaparecidos?” Lo mismo se le podía preguntar al Lacalle Herrera, y si viviera, a Jorge Batlle.

Obviamente que no lo hicieron ni lo harían tampoco sus discípulos porque no son otra cosa que actores necesarios de la impunidad, es decir y en conclusión: son ellos, ¡sí ellos! los creadores, animadores y cómplices de la mismísima y tenebrosa impunidad.

La derecha es tan derecha, tan socia de la impunidad que hace fila con Lacalle Pou, con el frívolo Sartori, con Larrañaga, que con el paso de las horas se alineó a su clase, con Amorín y Talvi y el inefable y ya mencionado Sanguinetti que no hicieron más que hacer hincapié en asuntos formales, en cuestiones de expediente para obviar intencionalmente lo que importa, que es que un presidente progresista y de izquierda al tomar conocimiento de la confesión de un hecho aberrante, que se quiso pasar como un hecho secundario, que se dijo no “afectaba el honor de las FFAA” y se le pretendió contrabandear burdamente, no le tembló el pulso para destituir a seis generales, sí digo bien ¡seis generales! al que hay que agregarle un séptimo como el lobizón una semana antes que fue Guido Manini Ríos.

Hay que ir muy atrás en la historia para encontrar un hecho así y el único que me viene en la memoria es a Don José Batlle y Ordóñez cuando destituyó al general Galarza por ineptitud ante la levantisca de los terratenientes blancos de su época.

¿Nadie se pregunta por qué los generales que integraban los “Tribunales de Honor”, que no fue uno sino dos, tomando en cuenta el de alzada, pararon el proceso ante la aberrante confesión de Gavazzo para que se le diera paso a la Justicia Civil como manda su propio proceso militar? ¿Nadie se pregunta por qué en la parte resolutiva del informe elevado al Presidente no surge una sola palabra de tan grave reconocimiento de un hecho abominable como lo es la confesión descarnada de un homicida que reconoció el secuestro, muerte en tortura y posterior desaparición de un compatriota?¿Acaso nadie se pregunta acerca de la complicidad de sus pares quienes al juzgar persisten en minimizar y ocultar ese hecho grave al no plasmar una sola línea en el resumen final del informe elevado al Presidente de la República?

Lo grave de este asunto es lo que pasó. Es la confesión de asesinato de un torturador, que confirma lo que hace décadas millones de uruguayos veníamos denunciando. La derecha solamente se para a señalar con su dedo putrefacto si Tabaré leyó o no lo escrito en su totalidad o si se omitió en medio del expediente un dossier en particular. Ellos, la derecha de Sanguinetti, los Lacalle padre y junior y demás no tienen la estatura moral o mínimamente ética de valorar que el presidente de nuestra querida patria actuó en forma ejemplar cómo nunca ellos se atrevieron a actuar.

Si no somos capaces de ver esto, si no podemos separar la paja del trigo, lo importante de lo accesorio estamos cometiendo un grave error y estamos mal como sociedad.

No nos extraña que la derecha hable de formalismos y de responsabilidad del Presidente por omisión. La derecha cuestiona hasta dar sus votos para la remoción de alguno de los seis generales, y si lo hacen seguirán quedando en la historia como despreciables colaboradores necesarios de la impunidad.

Estoy seguro que estos días serán vertiginosos, seguirán resumiendo historia. Los próximos días el pueblo uruguayo se movilizará, con tranquilidad, firmeza y responsabilidad.

No es un detalle y hay que subrayarlo porque ahora es el momento. Un comandante de la Armada se presenta ante la máxima autoridad titular de la acción penal del Estado civil como es el Fiscal de Corte Dr. Jorge Díaz solicitándole que se investiguen determinados hechos ocurridos en la fuerza que está a su cargo.

No tengo la menor duda que venciendo el miedo muchos jueces y fiscales se sumaran a los valientes jueces y fiscales que siendo muy pocos mantuvieron la dignidad de Poder Judicial que integran.

Pero vuelve hacia mí el gallardo gaditano, escucho los cascos anchos y fuertes de su caballo; vuelve hacia a mí el querido Pedro, lo diviso andando incansablemente, enteramente vivo por sus amados médanos de Valizas; vienen a mi mente los miles de presos políticos que defendieron la Democracia; vienen hacia mí las queridas e invencibles madres con sus blancos pañuelos; viene hacia mí la carita de mi hija a la que le pretendo dejar una patria justa y querida.

Vamos Rafael, gallardo gaditano, ven con tu caballo cuatralbo, ven jinete del pueblo, ven al sol y a la luna, ven conmigo y con nosotros “a galopar a galopar hasta enterrarlos en el mar”.

También podría gustarte
1 comentario
  1. ugo codevilla dice
    Pedro Giudici me afilió a inicios del gobierno de facto en uno de los restiradores de la Facultad de Arquitectura. Gran amigo con el que combatí la dictadura. Es una pena saber que no lo volveré a ver.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.