Sebastián Barrios: «Somos una herramienta poderosa, transformadora, necesaria para la sociedad»

El teatro uruguayo sigue resistiendo en estos tiempos de pandemia, y este actor, dramaturgo, director y docente contó a LA REPÚBLICA cómo la vienen llevando.

En este ciclo que dimos en llamar «Resistencia en Tiempos de Pandemia», buscamos todas o casi las voces del teatro y así poder crear un mapa de la situación actual, en especial del Teatro Independiente Uruguayo. La vulnerabilidad del sector se ve reflejada en las respuestas de los protagonistas.

Sebastián Barrios es un inquieto hombre de teatro que ha recorrido varios caminos dentro del arte. Dramaturgo, actor, director, docente. Poseedor de una creatividad que impacta, así como una gran solvencia al momento de poner un espectáculo sobre el escenario.

Con la generosidad a la que nos tiene acostumbrados accedió a responder nuestras preguntas. Aquí sus reflexiones sobre el hoy del Teatro Uruguayo.

Hablemos de la actividad planificada por Sebastián Barrios en el 2020 y en los comienzos de este 2021.

El 2020 fue un año de grandes cambios, una nube negra que no tardó en llegar y produjo un gran «caos»; año de pandemia, de pérdidas cercanas, de mucho dolor. No tenía pensado hacer nada más que acompañar todo ese proceso interior mientras la realidad se imponía: la actividad paraba, salas que se cerraban, otras que hoy intentan sobrevivir, tristeza de ver a gente querida con dificultades, y ese ejercicio de intentar entender, encontrar algunas respuestas frente a tanta incertidumbre.

La actividad creativa está puesta en la Escuela Maldonado de Arte Escénico (trabajo como docente desde el año 2012), teniendo la responsabilidad del Proyecto Egreso, un taller que denominamos «Espacio de ejercitación» donde abordamos temas vinculados a la dirección teatral (un espacio de formación permanente para actores y actrices egresados de EMAE y del teatro independiente), la dirección de un espectáculo que en este caso será «La Posadera», un texto de Goldoni que trabajaré con el elenco de «Tarascones» (espectáculo dirigido en el año 2019) y por último la producción de un nuevo ciclo virtual que involucra a estudiantes y egresados/as de la Escuela.

En el 2020 colapsó el teatro independiente con el cierre de sus salas y las escuelas artísticas corrieron la misma suerte. ¿Qué pasó con la EMAE y todo lo planificado?

La EMAE depende de la Dirección General de Cultura de la Intendencia de Maldonado, en relación a nuestra contratación no hubo cambios, la administración resolvió que las Escuelas continuaran funcionando en una primera instancia de manera virtual, luego presencial con un protocolo estricto y finalmente se resolvió que la Escuela de Formación de Actores realice sus muestras a «puertas cerradas» y los talleres no tuvieran cierre presencial. En relación a los programas, hubo que hacer un gran trabajo de adaptación, con todo lo que eso conlleva, repensar, reajustar, reflexionar sobre la tarea y buscar mecanismos para poder abordar la formación desde lo virtual.

En lo personal fue un año revelador en muchos aspectos, no me paralizó la situación, rápidamente me instalé en un lugar de flexibilidad, dije: «esto es así, estas son las reglas, hay que jugar», sabía que había cuestiones que no iban a ocurrir en la virtualidad, pero había otras que sí. Tuve la responsabilidad de llevar adelante el Proyecto Egreso, busqué materiales que pudieran ser trabajados desde esta realidad, y transformamos los espacios físicos, reales de los y las estudiantes en espacios de representación: sus dispositivos, artefactos, elementos cotidianos, apelando a la imaginación y creatividad, cualidades que el actor o la actriz deben poner en juego en cualquier proceso artístico.

El ya instalado Ciclo de Teatro a la Gorra fue sustituido por un ciclo llamado Abordajes, donde docentes y alumnos/as entrevistaban a creadores/as que, por su trabajo, por su recorrido, permitían generar cruces con la actividad que viene realizando EMAE a lo largo de sus 30 años de existencia. Una Escuela que ha atravesado diferentes administraciones y que se ha transformado en un semillero de artistas para el Departamento y la Región.

¿Cómo está transcurriendo esta emergencia sanitaria para un dramaturgo, director, actor y docente? ¿El encierro, por llamarlo de alguna manera, ayuda a crear?

En lo personal, me ocurre todo lo contrario, el reducir la movilidad ha generado cierta dispersión, como si la energía estuviera en varios lugares, no pudiendo conectar con algunas cuestiones como la escritura. Soy por naturaleza inquieto y acostumbro estar en varios lugares al mismo tiempo, ese entrenamiento, esa «inquietud» la vivía como más fermental.

Por otro lado, me considero un afortunado, ya que estos tiempos de emergencia sanitaria los viví en Maldonado, en un lugar hermoso, con mucha naturaleza, por lo que también he podido conectar con otras cuestiones que me interesan mucho como las plantas, el jardín, han sido momentos de transición, de dejarse atravesar por duelos, «de ir hacia adentro».

¿Crees que las nuevas plataformas podrán en el futuro sustituir al teatro presencial?

Sustituir no creo. Convivir tal vez sí. Ser otra opción. El teatro históricamente ha atravesado diferentes espacios, escenarios, crisis, se ha reformulado constantemente y ha acompañado los cambios. Al cambiar nuestra sociedad, también cambian los paradigmas, nuestros rituales, estamos adaptándonos a una nueva forma de comunicación, construyendo nuevos relatos.

¿Qué futuro le ves al teatro independiente en nuestro país?

Estamos atravesando una gran incertidumbre, por un lado, paralizados por la crisis sanitaria, somos uno de los sectores más vulnerados y afectados por la pandemia. Las instituciones están en rojo, cerradas, sin poder trabajar. Los subsidios no son suficientes. Tenemos una ley votada en el Parlamento que continúa sin reglamentarse y sin financiarse, en un entorno hostil, y preocupante no solo para nuestro país, sino para el mundo.

Las instituciones teatrales han sido pulmones de la actividad cultural de Uruguay, siento mucho agradecimiento hacia ellas, trabajé, crecí, me equivoqué, viví experiencias maravillosas, no solo como director y dramaturgo, también como espectador, conocí grandes artistas, me dieron grandes amigos/as que me acompañaron en este proceso de crecimiento constante y a los que estaré siempre agradecido. Tengo la convicción que se saldrá, que de alguna forma se podrá. Somos una herramienta poderosa para la sociedad, transformadora, cuestionadora, somos necesarios justamente para completar esas lagunas, esos vacíos, para generar preguntas e intentar completar esos espacios que a veces ni la ciencia puede responder.

¿Cómo ves el teatro en Maldonado?

Maldonado es un departamento muy fermental, el teatro ha tenido en los últimos tiempos un gran crecimiento, si bien hay grupos y artistas que trabajan hacen muchos años (algunos afiliados a ATI), se está dando un fenómeno similar a Montevideo, en relación a la cantidad de creadores/as que trabajan por proyecto, no como grupo de teatro independiente organizado, con continuidad en sus propuestas, con cierta identidad en la elección de textos, o estéticas, sino que se juntan por un período de tiempo, trabajan en proyectos puntuales, tienen más inquietudes que hacer funciones en el departamento, y participar de la Bienal de Teatro del Interior.

Está habiendo una mayor apertura a la investigación, al cruce de otras disciplinas. Es un proceso interesante, pero que genera un cambio en cómo el Interior se piensa, se mueve. Este proceso necesita más visibilidad, más apoyos, y algunos cambios vinculados a cómo se pensó hasta ahora el movimiento teatral en el interior del país. Llevar esta discusión a otros ámbitos, generar cruces con teatros públicos, incluir el interior en convocatorias, que sea recibido como lo es Montevideo cuando cualquier grupo de Teatro Independiente con o sin sala se presenta, sin etiquetas ni insinuaciones y su reconocimiento como trabajadores/as de la cultura.

Estamos en momentos complejos, pero podemos hoy empezar por preguntarnos: ¿cómo gestionar los dineros ya existentes? ¿Cómo fortalecer y apoyar a los creadores/as que necesitan espacios para desarrollarse con los recursos que tenemos? No solo desde lo económico (puesta en escena, o remuneración, sino desde la creación de programas que permitan el acceso a las salas, a generar espacios de intercambio e investigación desde la práctica teatral. Hablo de salas públicas, como una posibilidad, ya que acontecimientos artísticos también en el interior del país ocurren en la calle, en bares, en las casas.

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