COVID-19Santiago de Chile vive su primer fin de semana reconfinado

El objetivo del gobierno de Piñera es revertir el aumento de contagios de coronavirus

Aunque el retroceso a la “Fase 2” comenzó este jueves, es el fin de semana donde las medidas ,que prohíben el desplazamiento y la apertura de tiendas o restaurantes, se hacen notar.

La pandemia en Santiago de Chile jamás ha ofrecido las postales de otras capitales con sus calles vacías y las personas confinadas en su casa. El apoyo estatal del gobierno del derechista Sebastián Piñera que se tradujo en el reparto de cajas con comida un par de meses, préstamos que con suerte superaban los 400 dólares y el beneficio de las empresas de “suspender” contratos de trabajo sin pagar despidos, obligó a muchos chilenos a seguir saliendo a trabajar en lo que sea.

Por eso, el retroceso a “Fase 2” que se hizo efectivo la madrugada del jueves fue recibido con inquietud y sorpresa por la población trasandina. Esta forma parte de un plan de cinco etapas llamado “Paso a Paso” donde el gobierno va estableciendo una serie de medidas de desconfinamiento. Así, la “Fase 3”, que había comenzado en la mayoría de las comunas de Santiago el 28 de septiembre, tuvo que interrumpirse, debido al aumento de los contagios va en aumento en el país, donde ya se suman 20.767 fallecidos incluyendo los casos sospechosos atribuidos a COVID-19.

Ayer se superó por segunda vez consecutiva los 10 mil casos activos en el país, una “barrera” que se había mantenido desde fines de octubre. De hecho, se espera la llegada de la “segunda ola” en enero de 2021. En la Región Metropolitana —como se denomina al conjunto de las 52 comunas en que se divide la capital de Chile— cifra saltó de 1800-1900 casos a fines de noviembre a 2.565 el viernes. Esto muy posiblemente debido al relajo provocado tanto por el alza de temperatura y medidas estimuladas por el gobierno como la instalación de mesas de restaurantes ocupando calles donde anteriormente transitaban autos, con muy poca distancia social.

Pero también al relajo de la ciudadanía, estimulada por la baja tasa de contagio post-Fiestas Patrias de septiembre, los permisos para desplazarse por regiones o el plebiscito del 25 de octubre, donde las interacciones sociales y las celebraciones en la calle producto del triunfo del “Apruebo” para cambiar la Constitución de 1980, no había provocado mayores alzas de contagio.

Este nuevo contexto obliga en términos concretos a cómo se estaba a fines de invierno: confinamiento sábado y domingo, prohibición de trasladarse fuera de la capital, obtención de permisos temporales para hacer trámites impostergables (y sólo uno por fin de semana), cierre de templos restaurantes, gimnasios, cafés y centros comerciales a excepción de supermercados.

También se prohíben las reuniones sociales y fiestas. Curiosamente, de lunes a viernes, la situación cambia radicalmente permitiendo que los centros comerciales o para comer abran normalmente, se podrán hacer reuniones e incluso los colegios que retomaron clases pueden continuar.

101 detenidos, calles semivacías y pobreza en aumento

Hace apenas un fin de semana, las avenidas principales de Santiago estaban repletas de gente que aprovechaban la apertura de centros comerciales, los restaurantes abiertos (y donde se puede conversar sin mascarilla), parques para hacer ejercicio y una sensación de que ya había pasado lo peor, estimulada por el gobierno y los medios que incluso ocupaban grandes espacios con “panoramas” para salir en familia.

Esta mañana no había nada de eso. Ya desde temprano carabineros y militares hacían controles a los conductores que salieron esta mañana, devolviéndolo a la ciudad a varios que pretendían viajar a la playa. Y aunque polos comerciales populares como el sector del Mercado Central o las ferias comunales donde se vende fruta o verdura, estaban con la misma afluencia de público de siempre, otros sectores del centro como la Plaza de Armas o Malls efectivamente daban cuenta del confinamiento.

Pasado el mediodía del sábado ya había 101 personas detenidas por no respetar el confinamiento, según indicó el ministro del interior Rodrigo Delgado. «La fiscalización está surtiendo efecto, por supuesto, no solamente queremos fiscalizar a la gente, sino que buscamos que la gente incorpore el aprendizaje. Este ha sido un año difícil, lo sabemos, sabemos que es un mes muy complejo, pero les pedimos encarecidamente a las personas que cumplan con la normativa, es por el bien de ustedes mismos, es por el bien de nuestros adultos mayores, es por el bien de nuestras familias”, indicó.

Es que la situación de Chile es inquietante. Mientras el Banco Mundial pronostica 800 mil nuevos pobres debido a la pandemia, las carpas instaladas en sectores como la Estación Central o el Parque Forestal o Providencia ya forman parte del paisaje habitual de la ciudad. El fenómeno ha sido de alguna manera camuflado por la implementación del segundo retiro del 10% AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) que ha permitido que millones de trabajadores puedan usar sus propios ahorros para sobrevivir en esta pandemia. Aunque tal como ocurrió en el primer retiro a fines de julio este año, el gobierno y la elite empresarial aceptó la medida a regañadientes: el sistema chileno, implementado por la Dictadura de Pinochet, permite que las empresas que administran estos dineros puedan invertirlos sin hacer al cotizante beneficiario de las ganancias.

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