ENTREVISTAS TEATRALES EN TIEMPOS DE COVID-19Rodrigo Garmendia: “Hay que sostener a los equipos para que vuelva la magia a las salas de teatro”

El actor, cantante, coreógrafo y director uruguayo le responde a LA REPÚBLICA en estos tiempos de emergencia sanitaria.

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Hoy desde el ciclo “Resistencia desde el teatro” nuestro entrevistado es Rodrigo Garmendia: actor, cantante, coreógrafo, director y tanto más. En esta crisis quisimos saber cómo se mantiene el espíritu teatral en este ser multifacético y de gran destaque en todas sus actividades. Aquí su voz.

Este año contabas con una agenda de trabajo muy nutrida, ¿cómo vas a organizarte para el día después?

La incertidumbre es parte de la agenda hoy y hay que poder aclarar un poco el panorama para tomar decisiones correctas.
Este 2020 venía muy cargado de teatro. Estaba ensayando “Vivitos y coleando” y “El cruce sobre el Niagara”, ambas postergadas hasta nuevo aviso, así como los otros dos espectáculos que ni siquiera ensayamos (“No a la guita” y “Los abrazos huecos). Ninguna sala puede re-agendar en este momento, algunas ni siquiera saben si van a volver a prender las luces. Esta situación desarma los tiempos del teatro y los procesos que debe vivir el actor. Una vez que el espectáculo esta pronto, seguir ensayando puede ser muy desgastante o la situación de ensayar sin saber si el trabajo podrá ver al público, muy frustrante.
Es un momento para bajar un cambio y esperar a que las cosas empiecen a tomar forma nuevamente para poder tomar decisiones con mayor certeza. Hoy hay que sostener a los equipos y colaborar entre nosotros para que nuestros espacios permanezcan activos y saludables.

Estamos en emergencia sanitaria, ¿hay forma de reinventarse para seguir “viviendo del teatro? El teatro es un acto vivo, latente, ¿crees que el público desde una plataforma lo disfruta con la misma intensidad?

El teatro es uno. El teatro es una experiencia presencial única e intransferible. Pero la actuación es un arte más amplio y cada vez lo es más, ante el avance de los diferentes medios de comunicación. Han aparecido diferentes maneras donde los actores pueden contar sus historias y con ellas desplegar su arte. No es teatro, pero si tiene dramaturgia, tiene técnica, tiene emoción. Es diferente, pero tan válido como lo otro. Y me animo a pensar que estas nuevas formas, hayan venido para quedarse y convivir con las otras. Todas son nuevas maneras de estar, de permanecer y de intentar vivir de lo que sabemos hacer. Reinventarnos es parte de nuestra profesión. El teatro es una pulsión, siempre vamos a encontrar la manera de hacerlo realidad.

¿Cuéntanos como haces con la coreografía desde el punto de vista de la docencia?

En este momento estamos on line. Para ello, es fundamental el compromiso de los alumnos y la creatividad constante de los docentes. Estamos profundizando en puntos teóricos, generando rutinas de entrenamiento y motivando constantemente. El objetivo hoy es mantener las escuelas abiertas. El encierro, las angustias, los problemas familiares y laborales que vienen prendidos de todo esto, genera una distorsión mayor aún. En pocos días, tuvimos que modificar todos los programas, revisar las formas de evaluación, asumir que se postergarían algunos aspectos y darles prioridad a otros para que la formación no se vea sesgada. Está siendo un camino muy interesante.

¿Piensas que este año está perdido, o ves luz al final del túnel?

Siempre hay luz. Sigue la esperanza de poder abrir algunos espacios para la primavera. También está la posibilidad de generar espacios no convencionales en lugares al aire libre donde se permita mantener la distancia. Creo que el teatro es mágico y los artistas seres creativos que, ante la adversidad, lo son más aún. Siempre hay luz, siempre. Para muchos, el arte en todas sus formas, fue un salvavidas importantísimo en este encierro y eso es algo que nos va a beneficiar a futuro.

¿En esta época de distanciamiento y aislamiento, se incrementa la creatividad?

Hoy todos estamos atravesados por infinidad de sentimientos que van a salir a la luz como hechos artísticos. Este confinamiento potencia la necesidad de expresar. Estamos soñando con el momento de volver a abrazarnos en un ensayo y poder jugar sin restricciones. Hay que aprovechar el tiempo para replantear ideas, revisar lo transcurrido, mirar hacia adelante e intentar fijar nuevas metas. La creatividad está a flor de piel, ser creativo hoy es sinónimo de sobrevivir. Hay que pensar que vamos a hacer cuando todo pase, porque todo pasa.

Una anécdota que recuerdes de estos años de trabajo.

Miles. Recuerdo a Ruben Yáñez dudando si dejarme entrar a la EMAD mientras me miraba con pena y me decía que era “muy chiquito”.

A María Azambuya diciéndome que mi formación iba a terminar años después de dejar la escuela y que no deje nunca de bailar.

El entusiasmo ciego de los primeros espectáculos.

El derrumbe de una escenografía en uno de los musicales en plena escena.

La falla del marcapasos en el corazón de un espectador por la interferencia de los micrófonos en una función.
A los médicos de una emergencia entrando a camarines en plena función de “La Jaula de las Locas” por el desgarro de una bailarina y yo recibirlos vestido de mujer muy serio para acompañarlos hasta donde estaba la lesionada.
Como caminaba vestido de frac y galera hasta el Kiosco de la esquina del Teatro Alianza a comprar un agua durante el entreacto de “Mi Bella Dama”.

A una mujer que quiso ponerme un billete en el pantalón durante un show musical en el Ex Conrad de Punta del este, convencida de que mis compañeros y yo éramos streepers.

El silencio espeluznante que se generaba cuando al final de “Cabaret” de desplegaba una bandera Nazi enorme.
A dos espectadores que se levantaron y se fueron durante “El Último Tango” al grito de Inmorales.

Desmayarme en las patas durante un número musical, reaccionar a tiempo y volver a entrar.

Las caras de ilusión de los niños en el interior cuando giramos con espectáculos para ellos.

Una tentación horrible que tuvimos con María Mendive en el trágico final de “El deseo bajo los olmos” por el tropezón y caída de un actor.

Hacer una función para 3 espectadores y lo efusivo de ese aplauso.

Agarrotarme una pierna en plena apertura y tener que salir arrastrándome del escenario como pude.

Estar haciendo una función de “Cuento de Invierno” en el Solís durante la final de la Copa América en Buenos Aires donde Uruguay salió campeón. Teníamos todo el festejo en la puerta.

Una falla en el sistema de luces durante una función de “Chicos Católicos” donde durante la misma se nos apagó la luz reiteradas veces y seguimos como pudimos.

El teatro es todo esto y más. Todos los que participamos de él, disfrutamos del arte en sí y de esa magia que lo rodea.

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