ARCHIVOS DEL EXILIORienda suelta a la Memoria

Cuando era joven no fui muy consciente de ello. Las cosas que viví, no me dejaban constatarlo. Algunas no me pasaban a mí, pero otras, muy importantes, pasaban. Y me tocaba estar allí. Vivirlas ser testigo. Cuando eran dolorosas sentí que me robaban la juventud.

Cuando eran expresiones de solidaridad que generalmente van de la mano de los hechos dolorosos, juntaba fuerzas, pero no sabía valorarlos. Cuando la tarea de la solidaridad me permitió compartir con personalidades mundiales, no era consciente de su importancia. Ya con unas cuantas canas puedo dar gracias por una vida plena, muchos de cuyas experiencias siento que debo compartir con todos. Ese es el por qué y será el contenido de esta columna. Dar rienda suelta a todos aquellos recuerdos que tengo, pero que no me pertenecen, ergo, debo compartirlos.

Antes del golpe, mi padre tenía la costumbre de sacarme de clase para que le acompañara en momentos que ya pertenecen a nuestra historia reciente: En diciembre del 71 dispararon contra el edificio donde vivíamos, estando mis padres en el interior. La masacre de la 20 sección, su posterior entrevista con Bordaberry. El MLN entregó a Nelson Bardesio en donde yo cursaba preparatorios, para que Wilson interviniera directamente en asegurar su testimonio ante la Justicia. La noche del Golpe participé del escape de mi padre y fui detenido esa misma noche.

Me exilié en Argentina, a fines del 75, después de haber estado preso en el Departamento 6 de Inteligencia policial e interrogado por Castiglioni. Ya junto a mis padres emprendo con él, la primera experiencia de diplomacia en el Exilio. Venezuela, México y EEUU. Allí entre otros nos vimos con los Presidentes Carlos Andrés Pérez y Luis Echeverría Álvarez y en Washington con los Senadores Kennedy, Mc. Govern y los congresistas Harkin, Fraser y Koch.

Cuando regresamos, vaya a saber por qué, nace uno de los protagonistas de esta columna, cuya piedra fundamental ponemos hoy: mis agendas. Las mismas a las que en mi último libro escrito con mi amigo Luis Vignolo, llamamos Bitácoras. En efecto, fue en mayo del 76, sin imaginarme que iba a ser uno de los meses más trágicos de la Historia Contemporánea de Uruguay. Desde ese mes hasta mi regreso al Uruguay, antes apagar la luz, anotaba en una agenda, (a posteriori) todo lo que había ocurrido ese día.

La primera vez que declaré ante la Justicia -primero argentina y luego uruguaya- sobre crímenes de lesa humanidad, me di cuenta el valor histórico de achico que tienen esas bitácoras. Nunca les llamé agendas porque, aunque lo eran físicamente no lo eran en su contenido. No notaba lo que tenía que hacer sino lo que había pasado. Tampoco eran un «diario» porque no escribía opiniones ni sentimientos. Hechos. Qué había ocurrido. Revisándolas me di cuenta de la importancia de un archivo más completo de los años del exilio. Espero que el libro, de la editorial Fin de Siglo, hoy en las librerías, «WILSON: Bitácoras de una lucha», lo testimonien. Además de esas anotaciones diarias donde lo que sentía a veces se expresaba meramente con señales de admiración o subrayados fuertes, salí a buscar documentos para no hablar de nada que no pudiera probar.

Así, con la ayuda de académicos americanos, (Joe Eldridge, American University; Gabriela Christie, Old Dominium University; Francesca Jessup, Oxford University; pudimos lograr la desclasificación de documentos de los Servicios diplomáticos, de inteligencia y de seguridad de EEUU, Brasil y Londres. Un verdadero Archivo del Exilio o, más aún, del período del terrorismo de Estado en nuestros países.

Cada tanto los miro a vuelo de pájaro, me doy cuenta del tesoro invalorable que hemos reunido y que es un deber compartir. Veo conversaciones con Monseñor Romero, hoy San Romero de América y el día que lo mataron 24 de marzo de 1980, mi agenda dice con temblorosa letra «Noooooo LO MATARON.!!!!!!! Corro llorando…» ¿Por qué? ¿Cómo lo conocí? ¿Qué hice ese día? ¿Por qué hasta hoy, todos los domingos, pandemia mediante, asisto a Misa a la Parroquia San Romero, muy lejos de casa, pero mi rincón espiritual, mi comunidad.

Ante mí tengo la banderita del Almacén Treinta y Tres Orientales que tenía «el Toba» Gutiérrez Ruiz en la Calle Callao. ¿Por qué la tengo? ¿Por qué ese rústico marco imitando una tacuara hecho por mi padre? ¿Puede esa historia agotarse en mis papeles y mi memoria? ¿Y esa foto al costado de mi viejo con Zelmar? ¿Cuándo fue? ¿Qué estaba pasando y de qué hablaban? ¿Y esta carta a Seregni que tengo entre mis manos? Aquel sonido por los parlantes del avión que nos llevaba a París y anotado en mi agenda del 28 de mayo a las 15:45 horas «en nombre del capitán y su tripulación, le damos al Sr. Wilson Ferreira y a su hijo Juan Raúl Ferreira, la bienvenida a la Libertad». Para entender todo lo que significa aquella frase hay que ir desde el 17 de mayo en adelante, mi último encuentro con Zelmar y el Toba, la madrugada siguiente cuando me dicen que se los llevaron, su aparición muertos, los velorios y la búsqueda posterior de un refugio diplomático.

¿Cómo fue el exilio? ¿Cómo nos relacionábamos los exiliados entre nosotros? ¿Cómo nos comunicábamos con el interior del país? ¿Qué escribía Wilson sobre las luces y sombras de las actitudes de su propia gente en los años duros. ¿Hubo desilusiones? ¿Las dejó por escrito? ¿Terminó el peligro cuando yo me quedo en EEUU y mis padres en Londres?.

Este es el camino que les invito a recorrer, juntos, en esta columna, desde estas páginas partir del próximo jueves.

3 Comentarios
  1. Edelvis dice
    Habrá que leerlo, con seguridad encontraremos nombres que deshonraron la Patria.
  2. gabriel@reEvolucion dice
    Si Edelvis y que hoy, cómo Sanguinetti hacen gargaras de democracia, tratando de enchastrar al Frente Amplio en esa dictadura retrograda, infame y asesina, y el Partido Nacional con su mala.memoria….jeje el pajaro Enciso y el Wilsonismo del siglo 21….chanta importante si los hay ese Enciso si fuera coko dice no tendria que estar en ese partido
  3. Tito Livio dice
    Debería juntarse con Michelini, Miranda, Liberoff y otros a escribir una Enciclopedia ilustrada y titulada «Como vivir a Costillas de mi apellido» Realmente tiene muchísimo para enseñar.

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