TEATRORevolucionar, para no naturalizar

El teatro, a pesar de todo, volvió en tiempos de la Covid-19, y una de las obras en cartel es “Solo mía”, que va en el teatro Metro.

“Solo mía”, texto y dirección de Wosh Machin. Elenco: Laura Romero, Johon Erick, Emiliano Cabrera, Gonzalo Ocampo, Florencia Pennedo, Florencia San Martín, Leonardo Fernández, Mónica Ramírez y Daniel Pérez. Se ´puede ver en el Teatro Metro.

La obra

El teatro es un reflejo de la realidad, un lugar de encuentro e intercambio. Si partimos de esta premisa es el sitio apropiado para mostrar y denunciar todo aquello que puede erosionar a un país, un pueblo, una comarca, una familia, es decir a una sociedad. Lo que nos lastima e intenta quitarnos libertad, llámese abuso, acoso o violencia de género, debe quedar plasmado como fiel testimonio.

“Solo mía” hace alusión clara y frontal a una frase utilizada por el patriarcado, donde la mujer es cosificada, llevada al grado de objeto, denigrada y negada.

Wosh Machin, autor de este texto, como él se denomina “un outsider del teatro”, interviene escenas teatrales con danza y canciones, construyendo una visión profunda y analítica sobre el flagelo de la violencia.

La revolución teatral a la que alude Machin comienza en el momento que se encienden las luces. Nuestro primer contacto visual es un sofá rojo, color que no es casual, así como no es casual el color del vestuario de las mujeres y la paleta de colores del vestuario del bailarín.

Lo que comienza con advertencias, pasa por diferentes estadíos hasta el final, que cierra con un mensaje que apuesta a una recuperación y a la no naturalización de las relaciones tóxicas.

Elenco y dirección

Laura Romero es la protagonista de esta historia, rol que comparte con Florencia Pennedo (Ana joven). Es una historia directa, real, pone el foco en la credibilidad del discurso de la agredida y el agresor.

Ella es la denigrada, es el personaje que se va pautando de a poco, pero con paso seguro. Laura Romero está bien plantada en el escenario, en ocasiones sola, lo que no es fácil pero sí necesario en el relato de su historia de vida.

Gonzalo Ocampo y Leonardo Fernández acompañan a las actrices en los roles de agresores. Florencia San Martín es la relatora, quien da el puntapié para el inicio de la historia. Johon Erick canta en la apertura del espectáculo y Emiliano Cabrera hará lo propio en las escenas sucesivas.

Daniel Pérez interviene con su danza generando cuadros coreográficos potentes.

Wosch Machin dirige su propio texto colocando a cada actor/actriz en un lugar donde se puedan mostrar sus fortalezas. En un elenco numeroso es difícil encontrar paridad, motivo por el cual notamos más firmes las interpretaciones femeninas que las masculinas.

Conclusión

Un espectáculo- denuncia, mostrado a través de un texto, danza y música, donde la interacción de estos tres ámbitos ponen al descubierto un drama que día a día es más feroz: la violencia de género y sus diferentes vertientes.

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