Réquiem por la Crónica Roja

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A partir del 1º de marzo no solo cambió el gobierno nacional, cambiaron también otras situaciones que no han podido disimularse por más esmero que pusieron. Como por arte de magia -y bajo el paraguas del Covid-19- los espacios informativos no dejaron resquicio para la crónica roja, esa que supo ostentar la porción mayoritaria de los noticieros con delitos que hoy, brillan por su ausencia mediática. Como por arte de magia ya no se les da el aire de entonces, los móviles en vivo (algunos pautados previamente) dejaron de tener su espacio habitual y los micrófonos ya no se prestaron a los indignados vecinos que reclamaban por seguridad en sus barrios. Los procedimientos policiales pasaron a contar con la aprobación explícita de los mismos que antes los criticaban y los titulares de los diarios se olvidaron de las noticias policiales. Señores, hagamos un minuto de silencio en su memoria…

Del periodista militante al ¿correligionario?

Mientras la emergencia sanitaria transcurre y empieza a perder pie -al influjo de la intención del gobierno por echar a andar los motores de la economía en arriesgada actitud que ojalá salga bien- se encienden llamativos focos de preocupación entre la gente por la falta de espacio mediático de las noticias policiales. De aquella sensación térmica que tanto criticaron a esta situación de hoy, el panorama no cambió al sentir y padecimiento de quienes sufren en carne propia los delitos: las víctimas. Lejos de abatir las cifras al influjo de la baja movilidad social imperante, los delitos contra la propiedad mantienen la proporción de ocurrencia mientras se incrementaron los delitos contra las personas y muy especialmente, los homicidios.

Los primeros 61 días de gobierno cerraron casi con un homicidio por día y a pesar de los intentos por referirse a las razones del incremento apelando a un eufemismo, («se la están dando entre ellos»), los ajustes de cuentas entre criminales, como debió reconocer el flamante ministro Larrañaga en alguna entrevista, son la causa principal. Parece que ¡ya extrañan a Bonomi!!

En efecto, en momentos de escribirse esta columna sumaban 58 los homicidios entre marzo y abril, restando aún saber la suerte de algunos casos en los que se mantiene abierta la investigación de la verdadera causa de los decesos lo que podría incrementar esa cifra. Mayo sigue la misma tendencia con 4 homicidios en 4 días, elevando aquella cifra a 62 homicidios.

Pero no nos afiliamos a la práctica del cuanto peor mejor, ni a la lógica perversa de esperar malos resultados para criticar a la nueva gestión. No pretendo seguir la línea de razonamiento que siguieron otros hace tan solo pocos meses atrás, lo que sí quiero destacar es que más temprano o más tarde deberán reconocer que no era soplar y hacer botellas. ¡Cuánta razón le cabe -cada día que pasa- al exdirector de la Policía Nacional – Crio. Gral. (R) Mario Layera! – “¡Los pingos se ven en la cancha!!»

Las entrevistas a representantes de la oposición hoy se han convertido en verdaderas auditorías o pase de facturas, afiliándose a contraponer sus dichos con la versión oficial relegando la objetividad de la profesión periodística. Seguramente condicionados por el sesgo que han impreso desde la Torre Ejecutiva con las conferencias de prensa que no dejan mucho espacio para preguntar con libertad. Y para colmo, ya empezaron los llamaditos a las redacciones de los informativos. ¡¡Cuánto extrañan ya a Tabaré y a Pepe!!

En estos escasos dos meses de gobierno se ha instalado una nueva forma de hacer política, con una impronta refundacional que lejos de significar un avance implica un retroceso a tiempos que creíamos superados. Decisiones como las del novel director del Secan –Gerardo Sotelo– se parecen más a una limitación de la libertad de informar que a reforzar el libre ejercicio de la labor periodística.

Hasta no hace mucho debimos soportar virulentos ataques contra periodistas acusados de ser militantes del FA, sin embargo hoy asistimos a un tiempo donde son muchos más los casos donde la condescendencia informativa es tan notoria que ofende el intelecto de la audiencia que asiste a una suerte de puesta en escena burdamente sobreactuada.

Si el incidente que terminó con una persona abatida en la escollera Sarandí se hubiera producido en tiempos de la administración Bonomi, seguramente el periodista en lugar de justificar el accionar policial, habría disparado furibundos cuestionamientos a la formación de los agentes y la falla de los protocolos de seguridad.

Que “la persona no estaba detenida y por ello no podía estar esposada”, se escuchó decir al cronista, pero, el sentido común -ni siquiera un mínimo protocolo de seguridad- indica que una persona descompensada, bajo los efectos de las drogas o padeciendo un brote psicótico, debe ser inmovilizada al tiempo de ser trasladada para su asistencia. Un burdo intento de justificar un mal procedimiento, pues cualquier policía sabe que una persona en desacato -por la razón que fuere- puede y debe ser inmovilizada, esposándola, con sus manos hacia atrás (por su seguridad y la de terceros). ¡Es puro y simple sentido común!! Ya sea porque se puede inferir algún daño a sí mismo o porque se lo haga a un tercero, incluidos los propios funcionarios policiales que le trasladaron a un centro asistencial. Esos mismos funcionarios, ¿no deberían haber tomado previsión de llevar sus armas descargadas si era que no lo iban a inmovilizar? ¿O -al menos- a resguardo de que se las pudieran arrebatar, como finalmente ocurrió? Parece obvio que hubo un error humano que costó una vida y pudo costar la de los propios policías que realizaron ese procedimiento (ambos heridos por el abatido).  

 La condescendencia para unos se transforma en cuestionamiento directo para otros, como le pasó al exdirector del Hospital Maciel, Dr. Minarrieta, quien tuvo la osadía de cuestionar ese procedimiento desde su cuenta personal de Twitter. Allí se manifestó profundamente molesto sobre el procedimiento policial que derivó en un tiroteo que pudo ser una masacre en las puertas mismas del nosocomio. Ese cuestionamiento no se califica del mismo modo cuando un día tras otro las autoridades de gobierno comunican información oficial desde sus cuentas personales. Allí parece que no hay transgresión alguna y la comunicación oficial está bien difundida de esa forma, pero si uno pretende criticar al gobierno desde su cuenta personal parece que está mal a los ojos de algunos periodistas. La verdad, no se entiende.

Pero no todo es crítica, algo bueno ha pasado en todo este tiempo. Un copamiento con posterior privación de libertad de una mujer de 28 años, tuvo -al fin- el tan necesario silencio de radio que requieren situaciones como esas donde está en juego la vida de una persona. Así lo sufrimos en tiempos pasados con los secuestros de Ignacio Rospide o de la Dra. Milvana Salomone, donde la imprudencia periodística puso en riesgo no solo la resolución de los mismos sino la vida misma de los involucrados. Pero me temo que el silencio no fue por preservar ese apagón informativo necesario sino por lo que expresamos al comienzo de esta columna, sobre la ausencia de la crónica roja de los informativos y de los medios de prensa de forma premeditada.

Hay una notoria y expresa ausencia de las noticias policiales que antes ocupaban la casi totalidad de la grilla informativa, y todo hace presumir que existe una velada complicidad de los medios de prensa hegemónicos que fueron la verdadera oposición a los gobiernos del Frente Amplio. Y me temo que ello ocurre como una forma de bajar la presión social que ellos mismos impusieron entonces, de manera de generar la sensación de un estado de guerra interno donde uno podía ser la próxima víctima de la delincuencia.

Hoy, ayudados -claro está- por la llegada del coronavirus -que no solo copó los noticieros sino que desmovilizó a la gente con el confinamiento social- encuentran el pretexto ideal para ocultar la realidad de lo que sigue ocurriendo en las calles de nuestro país. Los delitos no bajaron, siguen ocurriendo, pero sin que Ud. ni yo lo veamos por TV.

El ocultamiento de la crónica roja no podrá durar mucho tiempo, porque los hechos siguen produciéndose y porque es impensado sostener que la situación cambió tan radicalmente como por arte de magia. Mucho menos en tiempos de redes sociales, y en una sociedad digitalmente desarrollada como la nuestra. 

Por último, que quede claro que sabemos muy bien que van 60 y pocos días, pero así como no pedimos milagros tampoco que nos crean ingenuos.

Nadie espera soluciones mágicas de un día para el otro, nadie; ahora bien, tengan claro que la Policía que ahora elogian en los espacios donde antes la criticaban no es otra que la que dejó Bonomi, mal que les pese y les cueste -a muchos- reconocer…

el hombre miraba Netflix,

el perro ya no escuchaba radio…

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4 Comentarios
  1. Leandro del Uruguay dice
    Ese mismo Minarrieta, si hubieran conducido al occiso esposado a la urgencia para ser tratado por su descompensación, hubiera puesto el grito en el cielo por el ataque que tal situación hubiera significado a los derechos humanos del abatido. No sigan con el doble discurso. No le hace bien a nadie.
  2. alfredo alsamendi dice
    Y después de la pandemia seguirá igual. No bajan los delitos, baja su exposición pública.
  3. Olegar Caputto dice
    LA REALIDAD NO SERÁ TELEVISADA !!!

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