#OpiniónRepensar en serio el Sistema de Seguridad Social

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La vicepresidenta de la República, compañera Lucía Topolansky manifestó que es “indispensable repensar el Sistema de Seguridad Social…en una discusión mucho más profunda e integral”.

Compartimos su visión, tira además algunas ideas fuerza como jubilaciones parciales, que son diversos mecanismos que apuntan a aumentar los ingresos al BPS y retardar los egresos, de forma que de manera racional se pueda atemperar el desequilibrio existente.

Agregamos que esta discusión del tema deberá procesarse en el próximo período de gobierno, como forma de obtener amplias mayorías que permitan dar sustentabilidad a este proceso y un grado de validación ante la población, sea quien sea que le toque conducir los destinos del país.

La actitud de la vicepresidenta contrasta con la asumida por el precandidato Ernesto Talvi, quien en un arrebato de perfilismo político anuncia la derogación del IASS, sin proponer ningún impuesto adicional que lo sustituya. Mario Bergara, precandidato del Frente Amplio salió al cruce de estas declaraciones.

La propuesta de derogación de ese impuesto -que financia parte del sistema de seguridad social- agrega un problema adicional a la discusión global del Sistema, que va a contrapelo de los intereses nacionales. Hagamos perfilismo, realicemos política, pero al menos elijamos bien los temas. No nos peguemos un tiro en el empeine.

La biología también manda en este asunto. La expectativa de vida en la población ha aumentado de manera importante. Eso es una gran noticia para el país, pero es una pésima noticia para quienes dirigen el BPS y el Ministerio de Economía. Cada año que aumenta la expectativa de la vida en la gente es una fortuna de dinero que tenemos que pagar a nuevos pasivos. Se impone actualizar este nuevo dato de la realidad e incorporarlo a la discusión global.

Hay otros elementos que me permito tirar arriba de la mesa si queremos poner todo y analizar fríamente el llamado “costo del estado”. Un análisis realizado por el Cr. Gustavo Viñales -colega y experto profesional en temas tributarios- en un conocido programa radial da mucha punta para el debate.

Viñales habla de una revisión de los ingresos de los aportes al BPS y en especial apunta al Régimen de la Caja Rural.

El aporte patronal en el agro tiene un régimen especial de liquidación, tanto para patrones como para empleados. Todos sabemos que una empresa aporta por el patrón o sus socios pero también realiza una contribución patronal por cada empleado que tiene en la empresa.

En la Industria y Comercio ese aporte patronal se paga tomando en cuenta el salario de cada trabajador al que se le aplica una tasa. En cambio en el Sector Rural ese aporte patronal se realiza sin ninguna vinculación con el monto de la remuneración del trabajador ni la cantidad que se contrate.

El Régimen Especial al que nos referimos realiza los aportes en función de la cantidad de hectáreas que explota el productor relacionándola con el Indice Coneat y una Unidad Básica de Contribución.

La razón de esto es que en algún momento se quiso premiar a los productores agropecuarios que contrataran mayor cantidad de trabajadores por hectárea explotada. Si tienes 500 hectáreas y contratas 50 trabajadores pagas lo mismo que si contratas 1 trabajador.

La pregunta es. Este régimen ¿favorece o perjudica al sector agropecuario? Viñales concluye en su análisis que lo favorece ampliamente y nos da tres argumentos.

1) Si usted tiene un kiosco, una empresa unipersonal por concepto de aporte patronal solamente por el patrón paga hoy al BPS $2.594 y si tiene un empleado con un salario de $25.000 pasaría a pagar $4.400. Un productor rural que tiene 1.000 hectáreas con todos los empleados que quiera pagaría esos mismos $4.400 y un productor rural de 583 hectáreas también, con todos los empleados que quiera, pagaría el equivalente a un aporte de $2.594.

¡Ud leyó bien! Un kiosco con un empleado paga lo mismo que un productor rural de 1.000 hectáreas (valor promedio del campo 6 millones de dólares) con todos los empleados que quiera, sea 1 o 50. Es obsceno.

2) Como el Régimen Especial Rural para el cálculo de aportes patronales no tiene ninguna vinculación con los salarios de los trabajadores esto trajo otras consecuencias. En estos últimos 13 años de gobiernos frenteamplistas el salario real de los trabajadores aumentó de manera sustancial en el período. Ante un aumento del salario real, aumentó automáticamente la recaudación del BPS ya que la tasa se aplica sobre el salario.

Pero en el sector rural esto no pasó. Los aumentos de salario real no se reflejaron en mayores aumentos para el BPS, el aporte patronal quedó “desfasado”. ¿Cuánto es ese desfasaje? Para el mismo ejemplo de 583 hectáreas, en esos años antes eran 186 hectáreas. ¡Ud volvió a leer bien, vaya al baño y frótese los ojos! Los $2.594 antes lo pagaba un productor agropecuario de 186 hectáreas, ahora lo paga uno de 583 hectáreas. Ahora me empezó a doler el estómago.

3) Como vimos, el aporte patronal en el agro está vinculado a algo llamado “Indice Coneat”. Este Indice mide la productividad de los campos, no es lo mismo la productividad de un campo en Soriano que otro en Treinta y Tres. El tema es que este Indice está muy desactualizado, fue realizado hace 50 años y hoy la realidad agropecuaria cambió totalmente.

Por ejemplo, la forestación está situada en territorios del Uruguay donde existen muy bajos Indices Coneat, cuando son sectores muy pujantes y seguramente hasta con rentabilidades superiores a otros sectores agropecuarios. Se da la situación que un sector muy dinámico de la economía paga menos porque tiene un Indice Coneat que fue pensado en otra realidad agropecuaria muy diferente a la actual. Somos un país generoso.

Estos regímenes especiales tienen el mismo efecto que una exoneración o un subsidio desde el punto de vista económico. Benefician a un sector de la sociedad creando una inequidad manifiesta con el resto del sistema económico nacional, restando recursos al Sistema de Seguridad Social que necesita un ajuste si es que queremos reducir el déficit fiscal pero seguir manteniendo la amplia red de prestaciones sociales que hemos creado en estos años.

Hay otra forma de reducir el déficit fiscal. Ya conocemos como y es “recortar” de manera drástica todas las prestaciones sociales, que significa meterle la mano en el bolsillo a quienes menos tienen. Aquella famosa “motosierra”. Para ello se necesita justificar un discurso que sostenga “la asfixia al agro” de la que tanto hablan algunos colectivos -en claro retroceso- que reclaman con tono altisonante, adornado en la platea con un coro de opositores que reparten sendos y sentidos aplausos.

Si queremos repensar de verdad nuestro Sistema de Seguridad Social, estos elementos también deben agregarse a la mesa a la hora de discutir la sustentabilidad.

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