Los parásitos necesitan ser huéspedes de otros organismos para sobrevivir, y aunque muchos no generan más que repulsión y molestias, otros pueden provocar enfermedades peligrosas¿Qué son los parásitos y cómo evitamos ser sus anfitriones?

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Si de repente nos sentimos más débiles, sentimos que necesitamos comer más para estar satisfechos, nos cansamos más rápido y sentimos extraños dolores abdominales, puede ser que no simplemente estemos enfermos… puede suceder también que la tripulación albergue a un octavo pasajero. Esta clara referencia a la película «Alien» de Ridley Scott sirve de puntapié para hablar de algo que resulta de lo más desagradable para la razón humana: el estar sirviendo de hogar para otro ser que se está alimentando a costa de nuestra alimentación… o directamente de nosotros. A estos seres que necesitan de un hospedador  intermediario para sobrevivir y reproducirse se les denomina «parásitos». El xenomorfo que se abre paso a través de las entrañas humanas para romper las costillas como un cascarón es precisamente eso: un parásito. Los parásitos son organismos que dependen de otras especies para sobrevivir, ya sea habitando la superficie de otros organismos o el interior de los mismos. Aunque la mayoría no son patógenos para el ser humano, existen varios que sí que nos pueden causar graves consecuencias. Muchos parásitos presentan un estadio intermedio (como el xenomorfo de Scott) que funciona a modo de quiste larvario y que se forma en un hospedador intermediario diferente al hospedador definitivo, y la mayoría de las veces estos hospedadores son de diferentes especies. Existen tanto parásitos de animales como de plantas, parásitos alargados de varios metros de largo como también parásitos microscópicos intracelulares, como lo son los virus. De todas las formas y tamaños, los parásitos siempre implican un perjuicio para su hospedador y no aportan ningún beneficio para el mismo, aspecto que ya (más allá de sus posibles aspectos) ya los hace desagradables.

Aparte de los virus, para los cuales son sabidas las múltiples consecuencias de su accionar, existen tres clases de parásitos que tradicionalmente pueden causar enfermedades en los seres humanos: los protozoos, los ectoparásitos y los helmintos. Estos últimos son principalmente intestinales, ocupando en los peores casos toda la extensión del intestino humano, mientras que los ectoparásitos (como su nombre lo indica) atacan la superficie de nuestra piel y comprenden a piojos y ácaros como las garrapatas. Éstos últimos parasitan nuestra piel y se alimentan de nuestra sangre, instalándose y reproduciéndose a gusto durante largo tiempo si no hacemos nada más que rascarnos para impedirlo. La mayoría de los protozoos y los helmintos no suelen ser causantes de enfermedades graves por más que sean parásitos internos, pero algunos de ellos sí que son motivo de preocupación si se convierten en nuestros huéspedes. La forma más común de transmisión de estos parásitos es por vías fecal y oral, es decir a través del consumo de huevos presentes en las heces de organismos parasitados. Los primeros síntomas incluyen, claramente, dolores estomacales y diarrea, pero muchos de estos parásitos pueden invadir órganos o células como los glóbulos rojos, pudiendo causar, en última instancia, la muerte del hospedante.

Los protozoarios son organismos eucariotas (que poseen núcleo celular), unicelulares o viviendo en colonias, que no encajan dentro de los reinos de los hongos, ni de los animales o las plantas. Estos microorganismos se multiplican dentro del cuerpo humano, suelen tener varios estados en su ciclo de vida, y muchos son conocidos por ser transmitidos por la picadura de mosquitos, como es el caso de leishmania (causante de la leishmaniasis). El protozoo Giardia, por ejemplo, presenta un ciclo de vida en dos etapas, durante una de las cuales, llamada “trofozoíto”, el protozoo se alimenta de nutrientes presentes en el intestino delgado hasta que logra transformarse en un quiste que se instala y da paso a una segunda etapa estacionaria. Estos quistes son los que luego son excretados en las heces y que pueden permanecer mucho tiempo a la espera de un segundo huésped tanto en el pasto, en la tierra, en la arena o en las corrientes de agua. Será dentro de este segundo huésped donde se desarrollará el adulto. La giardiosis puede causar diarrea continuada, dolores abdominales, sensación de fatiga, pérdida de peso y fiebre.

Otro tipo de protozoarios que ha supuesto un importante problema para la humanidad son los correspondientes a las especies de Plasmodium, causantes de la malaria, enfermedad también conocida como paludismo. Esta es una de las enfermedades transmitidas por mosquitos: el plasmodio se desarrolla dentro del insecto, y luego los mosquitos infectados al extraer sangre de otro organismo transmiten el parásito. Este protozoo invade los glóbulos rojos destruyéndolos y afectando el funcionamiento de todos los órganos. Es la enfermedad causada por parásitos que más muertes causa anualmente: por año mueren cerca de tres millones de personas a causa de la malaria, la mayoría de las cuales son niños, ancianos y mujeres embarazadas.

Por otro lado encontramos a los ya mencionados helmintos, o más tradicionalmente llamados gusanos, que son organismos multicelulares que pueden llegar a medir varios metros de largo y que se ven a simple vista en etapas adultas. Los platelmintos (gusanos planos) son en su gran mayoría parasitarios, no poseen aparato digestivo, y el más conocido en nuestro país es la llamada “tenia” o “solitaria”, que invade el intestino del hospedador y se fija gracias a unas ventosas dotadas de hileras de pequeños ganchos. Las tenias pueden llegar a medir 15 metros de largo, se transmiten a través de la ingestión de los huevos de la etapa adulta liberados en las heces, y deshacerse de ellas requiere tratamiento médico.  En el caso de Echinococcus granulosus, el hospedador definitivo (quien hospedará al adulto) es el perro, mientras que el intermedio es el ser humano, a quien la ingesta de los huevos genera la enfermedad conocida como “hidatidosis” o “quiste hidático”. Los huevos al eclosionar en el tubo digestivo del humano liberan las llamadas “oncosferas” que viajan a través del torrente sanguíneo y se alojan en órganos como el hígado, el aparato respiratorio o los riñones formando quistes a partir del cual se multiplican miles de parásitos. Normalmente, esta reproducción masiva busca provocar la muerte del hospedador, quien luego sería devorado por un depredador que servirá de hogar para los helmintos adultos. Por suerte, la medicina permite que un ser humano rara vez llegue a ese punto.

Otro grupo importante de helmintos son los nematodos (gusanos cilíndricos), organismos que pueden encontrarse por doquier en el planeta y que a diferencia de los platelmintos sí poseen aparato digestivo. Son estos parásitos los que afectan normalmente a niños y mascotas en sus edades tempranas, por lo que es común que las personas hayan en algún momento de su vida hospedado a alguna de las seis clases existentes de estos seres. Otro de los aspectos que diferencia a estos gusanos de los platelmintos es el hecho de que los huevos eclosionan en el suelo antes de ser transmitidos a un organismo hospedador. Los anquilostomas, por ejemplo, penetran la piel desnuda, migran hacia los pulmones, para luego pasar a través de la laringe al intestino, donde se desarrolla el adulto que liberará huevos en las heces. Aunque la infestación por estos parásitos suele ser más común en poblaciones que no se suelen utilizar calzado, los huevos de anquilostomas también pueden estar presentes en la arena de las playas. Esta es una de las razones por la cual se prohíbe la entrada de perros a las playas públicas. Otro ejemplo de nematodo parasitario común es Enterobius vermicularis u “oxiuro”, cuyas larvas se desarrollan pegadas a la piel que rodea el año o debajo de las uñas. Uno de los síntomas que pueden advertirnos de una posible infestación con estos invasores es el comienzo de una comezón fuerte alrededor del ano. Estos gusanos son fácilmente transmisibles de una persona a la otra, por lo que es importante que quien esté hospedando sus larvas no comparta baño durante un tiempo con otros seres humanos sanos.

Por último hablaremos de los también ya mencionados ectoparásitos, aquellos que sobreviven a costa de alimentarse de su hospedador desde la superficie de su piel. Los más comunes son las pulgas, los piojos, las garrapatas y otros ácaros que se adhieren al cuero cabelludo y  la piel buscando succionar sangre. Algunos no dan más que molestia, pero otros, como los causantes de la sarna o escabiosis, pueden causar problemas más serios ya que provocan una irritación grave de la piel provocando heridas a través de las cuales pueden darse infecciones bacterianas. Esta enfermedad es causada por el ácaro Sarcoptes scabiei cuando la hembra fecundada comienza a escarbar galerías debajo de la piel dejando huevos a su paso y liberando toxinas que provocan una reacción inflamatoria en el hospedador. Es esta inflamación la causante de las manchas rojas tan comunes de ver sobre la piel de los animales afectados.

Aunque el diagnóstico de una infestación parasitaria muchas veces es difícil debido a los estados estacionarios que muchos de estos invasores presentan a lo largo de su ciclo de vida, existen múltiples tratamientos que permiten evitar desagradables consecuencias a causa de estos desagradables huéspedes. Lo más importante para evitar alojarlos sobre o dentro de nuestro organismo es asegurarse de mantener una higiene saludable, tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno, así como siempre estar atentos a la evolución de las picaduras de mosquitos y a extrañas comezones que podamos comenzar a sentir. Los países que más sufren infestaciones por estos organismos parasitarios son los que albergan poblaciones más pobres, sin acceso a servicios sanitarios de calidad ni a tratamientos rápidos y eficaces. La Organización Mundial de la Salud se encuentra hace décadas trabajando para impedir la propagación de estas enfermedades alrededor del mundo, las cuales quitan millones de vidas año a año, pero, aunque los avances han sido significativos, aún resta mucho por recorrer en la protección de poblaciones vulnerables.

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