¿Qué relación existe entre el estrés y la alimentación?

Solemos identificar al estrés como un estado donde sentimos presiones, nervios, miedos o ansiedad. Estado que puede ser causado al estar expuestos a niveles de exigencia demasiados altos durante mucho tiempo, o por exponernos a circunstancias para las que no estamos muy prácticos de resolver. Pero, ¿cómo se vincula este estado con la alimentación?, ¿Qué tiene que ver?

Si observamos cómo nos alimentamos en los diferentes momentos o situaciones de nuestras vidas notaremos que gran parte de las veces, cuando estamos muy nerviosos, ansiosos y apurados nuestras frecuencias y cantidades de ingestas se ven alteradas. Ocurre que muchas personas tienden a comer mucho más y en menos tiempo, y hasta de manera compulsiva,y también existen otras personas que, por la propia sensación de nervios y estrés les cuesta ingerir alimentos, y pasan mucho tiempo sin realizar ingestas o hidratarse correctamente.

Uno de los motivos por los cuales muchas veces fallan los planes nutricionales e intentos de dietas balanceadas, es justamente por la presencia del elevado estrés en nuestras vidas. Éste, en niveles desmedidos, tiende a desequilibrar procesos biológicos básicos y necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Por eso se torna fundamental comprender y notar cuando nos encontramos bajo grandes niveles de estrés ya que si no se lo intenta controlar o bajar, siempre terminará provocándonos daño.

En palabras del neurólogo y neurocientífico, Facundo Manes, en su libro «Usar el cerebro»:

«Las prioridades que uno se impone para su vida tienen como rasgo característico, muchas veces, el alto valor que le otorgamos a nuestro rendimiento. En nuestro trabajo, en nuestra vida familiar, en nuestros estudios, queremos como una máquina que se esfuerza por trepar la cima, rendir al máximo. Pero la exigencia desmedida no es resultado de una inteligente estrategia ya que, como el motor de un automóvil, puede dañar todo el sistema, aun para cuando en el futuro solo se le pida regular. Estés es el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción.

El estrés tiene, en principio, una función que permitiría la adaptación del individuo a los cambios del medio. Cuando las demandas del medio son excesivas, intensas y/o prolongadas, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, se produce el distress o el estrés patológico. (…) Los niveles moderados de estrés pueden ser estimulantes para el cerebro mientras que los niveles prolongados y altos de estrés pueden tener efectos negativos en la memoria y otras funciones cognitivas»

Es por este motivo que estrés y alimentación están fuertemente vinculados, porque altos niveles de estrés llevarán a modificar la conducta alimenticia de la persona, ya sea porque provocará una necesidad de mayores ingestas en periodos breves de tiempo, (y gran parte de las veces ingestas de alimentos hipercalóricos), o por el contrario, al estar tan concentrados en rendir y colocar todas las energías en el esfuerzo, la cantidad y calidad de ingestas y alimentos se verá disminuida.

Nuevamente, en su libro «Usar el Cerebro», Facundo Manes lo explica claramente:

«…el estrés se produce cuando las exigencias de la vida superan nuestra capacidad o recursos para afrontarlos. Si éste se torna excesivo superando la tolerancia del organismo, puede generar un desgaste en la salud, enfermedades físicas y deterioro cognitivo. El ritmo de la vida acelerado, la falta de tiempo para cocinar y la enorme oferta alimenticia, hace difícil llevar a cabo hábitos saludables. Esto conduce a que muchas personas coman en exceso, a deshora o que pasen muchas horas sin comer. Una dieta deficiente pone al cuerpo en un estado de estrés físico y debilita el sistema inmunológico dejando a la persona más susceptible a infecciones.

Esta forma de estrés físico también disminuye la capacidad para hacerle frente al estrés emocional. Asimismo, los estados de ánimo y las emociones parecen jugar un rol importante en el consumo de alimentos en personas sanas. Dado que en determinados momentos la alimentación es una forma de regulación emocional, los desbalances afectivos jugarían un importante rol en la conducta alimentaria.»

Una idea para poder amortiguar estos impulsos de ingestas desmedidas ante situaciones de estrés sería, primero identificar que se está ante un comportamiento compulsivo, e intentar ingerir alimentos saludables como frutas, además de solicitar apoyo de los profesionales correspondientes para mantenernos saludables física y emocionalmente.

Para quienes tienden a comer menos ante situaciones de estrés también es importante esta información porque alerta sobre las repercusiones del déficit alimenticio en nuestro organismo, y sus repercusiones por ejemplo a nivel cognitivo y demás funciones biológicas.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Pura Vida

Abrir chat