#OpiniónQue las verdades personales no legitimen acciones futuras

Pensar que una autocrítica implica una votación, una discusión acalorada que termine en mociones en mayoría y/o minoría, en un conteo de votos por la positiva o negativa, etc.; es pretender la autocrítica como el jabón de la descarga o el agua bendita en la teología de la prosperidad que imparte algunas de las iglesias neopentecostales, carismáticas de hoy en día.

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Como si fuera poco, quien nos fue llevando a la idea de una autocrítica casi como elemento fundamental para seguir caminando, fue la derecha a través de diversos medios que llevó el micrófono para que respondan compañeros y compañeros cuál era la autocrítica que se realizaban.

Entiendo que no debemos hablar de autocrítica sino de análisis de situación, no como foto sino como proceso. Y, en todo caso, la autocrítica corresponde también al mundo de la praxis, es decir de la reflexión sobre la práctica.

No sirve el «yo lo avise» o el «ya lo había anunciado». No se trata de verdades personales para legitimar acciones a futuro.

La transformación y el cambio social siguen siendo cuestiones de correlaciones de fuerza. La mejor idea en un momento inadecuado y sin gente para defenderla, deja de ser la mejor idea.

Cada análisis, puesto sobre las distintas mesas, van a tener algo que debemos atender para la construcción de la nueva estrategia de la izquierda en nuestro país.

Hace tiempo, comprendimos que las transformaciones las hacen los pueblos. Supone construir ese sujeto, el pueblo como sujeto histórico de las transformaciones. Implica asumir que ese sujeto, en el análisis histórico y geográfico determinado, implica una diversidad importantísima de componentes.

Sobre todo implica, desde nuestra humilde opinión, una construcción discursiva y simbólica.

Vimos que no hay una auto-comprensión, por espontaneidad ni automática de sectores populares que se comprendan como parte del pueblo solamente por la mejora particular de su situación.

Sin un trabajo político pedagógico, que logre simbolizar esa particularidad como parte de un todo, no hay construcción de sujeto popular transformador.

De hecho, el FA desde su nacimiento fue amalgamando ese sujeto, juntando particulares para asimilarlos al conjunto. Comprendiendo que precisamos de muchas para cambiar la historia y sobre todo, precisamos de una tarea constante de acumulación y conversación. Que la ligereza de comentarios sobre algunos sectores, no hacen más que desparramar el enojo y el distanciamiento.

Muchas discusiones fundamentales que dimos en estos años, discusiones trascendentales para modificar y torcer el curso de la historia, para mejorar la situación de los más pobres, casi nunca incluyeron a los más pobres.

Entiendo que es necesario también que el FA gane dentro de 5 años, sin embargo no debemos postular un «Vamos a volver» vacío, que solamente integre el binomio «ganar-perder-ganar-perder» elecciones. Se tratara en todo caso, de generar las condiciones para llegar distintos, habiendo comprendido buena parte de lo que pasó en nuestra sociedad y nuestro pueblo en estos años mientras nos dedicamos a gobernar.

Habrá que avanzar todo lo que se pueda en la construcción material y simbólica del pueblo como sujeto transformador, asumiendo que su diversidad implica tender puentes, ampliar las alianzas (de clase pero también de temas).

No se trata de «organizar la resistencia» como escuché bastante en estas semanas, esa es una expresión soberbia, se trata de contribuir a la organización popular.

Siguiendo a García Linera, de lo que se trata es de preparar la siguiente oleada. Prepararla discursivamente, políticamente, culturalmente. Por eso no se trata de «vamos a volver» sino, de seguir estando tejiendo y construyendo pueblo. Hay cambios que no precisan de venias de ningún gobierno, ni ningún programa social, esos cambios son los que debemos impulsar y fortalecer para recién, dentro de 4 años, poder decir «estamos en condiciones de volver». Esos cambios son los que se logran con la organización popular, social, barrial, cultural, estudiantil. Comprendiendo la organización como la forma de acercarnos un poco más al mundo que pretendemos construir.

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