Presupuestos educativos reales o surreales

En los últimos días se presentaron al Poder Legislativo, los presupuestos de la ANEP, de la UDELAR y de la UTEC, tal como corresponde constitucionalmente, en el marco de las fechas Constitucionales y en paralelo a la presentación del Presupuesto por parte del Poder Ejecutivo a cargo de la Oficina de Planificación y Presupuesto (OPP).

A diferencia, los presupuestos de la ANEP, de la UDELAR y de la UTEC fueron realizados por sus respectivas oficinas, en algunos casos en coordinación y relativa coincidencia con el Proyecto Nacional de Presupuesto 2020-2024 como son los casos de la ANEP y la UTEC, o totalmente discrepantes y contradictorios como es el caso de la UDELAR.

En tal sentido, lo primero que se devela de dichos proyectos es que no han sido estructurados en un formato común ni tienen una visión integrada, en el cual se articulen objetivos, metas, sinergias y prioridades integradas, como correspondería a un sistema común más allá de áreas particulares en la prestación de un servicio social de formación.

Hay en este sentido un abordaje fragmentado y carente de articulaciones fuertes que refuerzan el tradicional feudalismo educativo, y una visión del Presupuesto como la piñata por recursos desde distintos ámbitos.

El Presupuesto Nacional, es el eje central de la acción del Estado a través de una propuesta de planificación y programación de ingresos y gastos para un periodo de 5 años, y que se debe presentar en el primer año de cada nuevo gobierno quinquenal.

Y se formula a partir de la Rendición de Cuentas realizada del año anterior que muestra las realidades heredadas de ingresos y gastos de la nación como un todo, así como una visión prospectiva de los ingresos y gastos económicos para los años siguientes.

Sobre esas bases se propende a instrumentar el cumplimiento de las funciones reales y legales del Estado tradicionalmente así como los objetivos y las propuestas del gobierno electo, y es por ello que se presentan en el primer año después de las elecciones nacionales.

El Presupuesto de Ingresos y Gastos es sin lugar a dudas el instrumento de política económica y social más importante de los gobiernos en todos los países, y las alianzas y conflictos se asocian a la aprobación de ésta Ley.

Aunque estos presupuestos quinquenales tienden a tener ajustes anuales posteriores por cambios en las realidades y por ende en las prioridades de gastos o también en los ingresos reales, sin embargo, estructura un plan con su inercia de gasto e inversiones que marcan el escenario de la política en el quinquenio.

Pero igualmente cabe reparar que las rendiciones de cuentas anuales sucesivas pudieran tener cambios en los ingresos por la vía de mayores recaudaciones por una mayor actividad económica, endeudamientos o aumentos de impuestos, o pudieran también proponer demandas de incrementos en los gastos por la vía de situaciones políticas o problemas nuevos, por lo cual el Presupuesto es un instrumento sujeto a ajustes con miras a cumplir los grandes objetivos de alcanzar los fines determinados.

En el escenario de éste año, se superponen además muchos otros elementos que complejizan este marco de planificación presupuestal.

La línea de base de la rendición de cuentas del 2019, muestra un déficit que está en límites importantes de sostenibilidad, los ingresos del 2020 muestran una caída de la recaudación fiscal y un aumento del gasto social como resultado de la pandemia, y finalmente el escenario futuro económico se visualiza altamente restrictivo y con mucha incertidumbre a nivel de la economía global por el grado de expansión y generalización de la crisis de la pandemia, todo lo cual hace más más complejo la formulación y los riesgos de gastos excesivos.

En este marco objetivo de realidades, se constata que los tres presupuestos educativos del país expresan concepciones, metodologías, niveles de gastos y objetivos muy diferenciadas.

Se aprecia una muy distinta solidez conceptual y técnica de las propuestas presupuestales. En general, la disciplina de la economía, se soporta en una máxima definida por la existencia de la toma de decisiones entre necesidades infinitas y recursos finitos.

Siempre hay necesidades insatisfechas completamente, todo se puede mejorar, siempre construcciones, salarios o actividades pueden aumentarse, pero como los recursos son siempre finitos, ello implica el establecimiento de prioridades y el equilibrio entre las infinitas demandas de la sociedad y de sus diversos grupos y las posibilidades reales.

En tanto el dinero no llueve de los árboles, sino que sale de los impuestos y de la economía privada, hay límites a la capacidad de expoliación.

Sin embargo, también es de destacar que los impuestos no derivan en servicios en igual proporción sino que la fricción del gasto, las ineficiencias, los burocratismos, o los gastos inútiles por no decir las apropiaciones privadas, determinan que parte importante de los impuestos no regresen a la sociedad a través de bienes, servicios o transferencias desde el Estado.

Por ello, el primer objetivo de un presupuesto es propender a la eficiencia, a un relativo equilibrio entre recursos y resultados, entre tributos y servicios, a un realismo en el gasto de los recursos de la sociedad, en la fijación de las prioridades en función de las demandas que la sociedad ha expresado en las urnas, así como de la necesaria coordinación para que no se produzcan duplicaciones y alcanzar una mayor eficacia y eficiencia en el gasto.

Por ello, un Plan de Presupuesto requiere un diagnóstico objetivo, una línea de base con indicadores precisos, metas alcanzables e indicadores para medir el avance hacia esas metas. Ello, es tal vez lo primero que diferencia los presupuestos planteados.

Mientras que el Plan de Presupuesto de la ANEP presenta un 3% de incremento quinquenal en tanto que el Gobierno había planteado una perspectiva de entre 1,5 a 2% y es realista en términos de las perspectivas del país, en el caso de la UDELAR su propuesta de 49% de incremento, frente al mantenimiento del presupuesto, muestra su carácter ilusorio, el ser el instrumentos para negociar, y al mismo tiempo, el carácter publicitario de su propuesta por irrealista.

Pero la diferencia aún más marcada refiere a la presentación de los diagnósticos y de la línea de base de la situación actual, para a partir de allí, no sólo establecer metas claras sino un conjunto de indicadores para medir su avance.

Mientras la ANEP plantea metas de aprendizaje e indicadores, la propuesta Presupuestal de la UDELAR, es una demanda de más recursos, sin metas identificadas y un sistema de indicadores que los apoye.

Las diferencias se denotan también a la hora de la lectura crítica de la realidad. Mientras que la ANEP hace una evaluación autocrítica mostrando debilidades y por ende propone políticas correctivas, las debilidades que existen en la UDELAR son vistas exclusivamente como resultado de falta de mayores recursos.

El presupuesto, se constituye así como un folleto publicitario y un sueño de un mundo feliz sin aclarar metas, objetivos, indicadores y evaluaciones. El propio análisis del mercado de trabajo no existe como tema, como si la formación no tuviera que ver con el mundo laboral.

No hay así una atención a cuál va a ser la demanda de estudios, cuales carreras se necesitan y cuáles cada vez menos, cuales son los ajustes curriculares a realizar o como reorientar la demanda y la oferta hacia las carreras más prioritarias del desarrollo está ausente del análisis.

Menos se considera como avanzar en eficiencia interna, o en calidad. Incluso la propia definición que «la calidad de la educación superior está asociada a la democratización de la formación universitaria», o sea deja fuera la existencia de la evaluación externa, la acreditación, el licenciamiento externo, la evaluación de los aprendizajes, los tiempos de titulación y no digamos la engodamia o el maneje político como problemas reales, sino que la calidad se alcanza con más formas colegiales del poder.

Así, mientras que la ANEP plantea la una transformación curricular programada, la formación a los docentes, el desarrollo de herramientas para mejorar el trabajo docente, el ascenso por capacitación, metas de aprendizajes e indicadores en la materia, para la UDELAR el centro es incrementar 50% el Presupuesto. El resto en publicidad.

3 Comentarios
  1. RaAgThMa dice
    Yo conozco la autocrítica de la UDELAR, y es muy pero muy pobre.
  2. GMB dice
    Una cosa es no aumentar el presupuesto, que es debatible pero entendible. Como docente de la UdelaR te puedo decir que si, hay mala gestión y se puede mejorar mucho si tomamos algunas desiciones desagradables pero necesarias. Otra cosa es ponerle mil trabas a la ejecución del presupuesto, sacandole la posibilidad de que no se devaluen sus activos, o de redirigir fondos sueldos a inversiones, o de recibir donaciones: Todo eso demuestra una tirria irracional contra la UdelaR. Acuerdense la próxima vez que tengan que ir al médico, o cruzar un puente, o circular por una carretera, o -algo que sale todos los días en la TV- hacerce un análisis de COVID o depender de profesionales que hacen el seguimiento epidemiológico de los casos…
  3. Asdrubal dice
    El que escribe este articulo es egresado de la Udelar. No se cuanto le devolvió. Clasico charlatán que cobra sueldos de organismos internacionales. Patético artículo, parece de un fanatico político. Le sugiero al Sr Claudio Rama que donde de us enorme sueldo la diferencia con lo que gana un grado 1 en la Udelar. Seguro no va a aceptar, haz lo que digo pero no lo que hago. Lamentable!

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