¿Por qué es tan difícil la distancia social? Lo explica nuestra historia evolutiva

¿Cuán importantes son las conexiones sociales para la salud humana y la longevidad? ¿Qué significa para nosotros, los humanos, estar aislados socialmente?

Una nueva investigación publicada en la revista Science, señala cuán importantes son las conexiones sociales para la salud humana y la longevidad.

El análisis de estudios a largo plazo en mamíferos sociales —tanto humanos como otros animales— reveló que ser social es uno de los factores más fuertes que determinan la morbilidad y la mortalidad; entendiendo por morbilidad el nivel de salud y bienestar, y por mortalidad el riesgo de muerte.

En este sentido, el equipo de investigación examinó aquellos estudios en los que solo se modificó el entorno social, encontrando que este cambio a veces puede provocar, entre otras cosas, estrés crónico y síntomas similares a las enfermedades del corazón. 

Los macacos, los monos azules, los delfines nariz de botella, las orcas, los borregos cimarrón, los caballos, los damanes roqueros: todos estos animales tienen más probabilidades de sobrevivir cuando se integran socialmente.

Teniendo en cuenta que la mayor parte del mundo todavía está operando desde la distancia, esta investigación plantea preguntas sobre lo que significa para los humanos (y quizás algunos animales) estar aislados socialmente de otros.

En este momento, minimizar la propagación del coronavirus es primordial, «así que desde una perspectiva muy inmediata, es una estrategia esencial para mejorar la salud de la población», sostiene Jenny Tung, profesora de biología en la Universidad de Duke y coautora. Pero la resistencia al distanciamiento social, y cómo afecta psicológicamente a las personas, podrían explicarse por el conocimiento inherente de que ser social beneficia la salud.

«Creo que la dificultad de poder mantener políticas de distanciamiento social habla de nuestra fuerte motivación para permanecer en contacto social y reforzar nuestras relaciones con los demás», explica Tung.

Por otro lado, se sabe que la socialización es un factor que influye en las condiciones preexistentes. Los estudios indican que las personas que están más integradas socialmente tienen tasas más bajas de accidente cerebrovascular, asma, enfermedad cardíaca y bronquitis.

A su vez, se sabe que los casos más graves de COVID-19 son en personas con afecciones de salud preexistentes; lo que significa que esta pandemia está amplificando los gradientes de salud que ya existen en la sociedad, resaltando la importancia de implementar políticas y soluciones que eliminen (o al menos mitiguen) estos gradientes.

Entonces, esta motivación para mantenernos en contacto tiene raíz en la historia evolutiva: los humanos somos seres sociales desde hace mucho tiempo.

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