ENTREVISTA a JUAN PEDRO RIBAS“Por no dejarme ser cura me convertí al islamismo”

“El agente catalizador fue mi hermano, que fue a dirigir a la selección de Omán, y me integraba al equipo”, dijo.

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Tras ser el creador de la Fundación Winners, institución dedicada a la ayuda de personas de bajos recursos vinculadas al fútbol, Juan Pedro Ribas, quien se confiesa católico de formación, se convirtió al islamismo, “porque en la Iglesia Católica no me dejaron ser cura”. Hermano del excéntrico y peculiar entrenador de fútbol Julio Ribas, Juan Pedro tomó otra senda y por más que a través de su hermano allanó varios caminos, cobró notoriedad a través de programa radial “En Positivo” que trabajaba con los más desposeídos, con los indigentes.

El mismo Juan Pedro, en diálogo con LA REPÚBLICA confesó que antes llevó una vida desprolija y en vez de mejorar fue empeorando. De todos modos afirma que fue la propia gente que lo acercó a Dios. “Fue la gente sufriente, los que realmente estaban mal, gente desprotegida, marginales… por eso soy un convencido que  el pueblo es la voz de Dios”.

En su etapa anterior a la radio se autocalifica como “un empresario vanidoso y soberbio que le sacaba provecho a los deportes de elite” pero increíblemente sostiene que seguramente por gracia de Dios, “me fue acercando a personas como el no vidente Jorge Lerena, a Carlitos Peña y Ana Laura Ríos de la escuela Roosevelt, a las abuelas de los asentamientos, que me hablaron de dar una mano ya que se sentían “discapacitados” por no tener las condiciones mínimas de vida”.

Por 1996 hizo los primeros programas desde las cárceles, desde los asentamientos, las escuelas de discapacitados “y eso me fue transformando, me fue moldeando el espítiru, al punto que, en determinado momento, sentí la necesidad de volver a Dios, a quien había abandonado desde la adolescencia”, reconoce.

Pero hubo un hecho crucial para el cambio de su vida. “Llamé a Galimberti a  quien considero un referente de la Iglesia Católica y le pedí para ser cura. Me dijo que no porque yo estaba muy viejo y que a lo sumo podía llegar a diácono”.

Tremendamente dolido, anímicamente destrozado, pero con la necesidad de encontrar algo místico “algo que enfrentara el consumismo de este siglo” encuentra de casualidad lo que sería su nueva etapa espiritual. Pero se dio por dos hechos casuísticos si se quiere.

Por un lado, recuerda, que estaba leyendo el libro “El navegante” de Morris West “y tuve que dejar de leerlo porque la comparación de quienes iban a la muerte, pensando cada uno cómo sería la propia, me dio la pauta de cómo no quería llegar yo al último de mis días”.

Por otro lado, un encuentro con un amigo motivó hablar del Islam. “Me preguntó si había leído algo del Islam. Había leído a poetas como Kata Sadis, Hafez, Omar Khayyam, y el Corán pero no me lo había planteado como la solución a lo que estaba buscando. A partir de ahí comencé a mirar de otra manera esa parte del mundo. Pero el agente catalizador fue mi hermano que fue a dirigir a la selección de Omán, y me integraba al equipo. Era un aviso y además de casualidad me enteré por Julio, que su hijo Sebastián estando en Francia se convirtió en musulmán y se tatuó en un brazo, papá y mamá. Una señal inequívoca que tenía que ser mi cambio de vida como realmente a partir de ahí lo fue”.

 

El viaje a Oriente

Posteriormente por intermedio de un amigo y del embajador iraní en nuestro país viajo a Catar e Irán y allí Juan Pedro cuenta que tuvo relevaciones asombrosas. “Tuve la oportunidad de hablar ante muchas personas (traductor mediante) pero lo que me llamó la atención fue que después de cada charla me vinieron a abrazar gente muy desarreglada, que se veía que estaban mal igual que mis queridos amigos del Cerro y de tantos otros lugares. Sentí emoción, gente en sillas de ruedas, gente con discapacidad me rodeaba y sentía esa proximidad. Fue el efecto que yo quería porque una es la explicación racional y otra, lo que uno siente por dentro como en ese momento”.

Hoy la vida de Juan Pedro transcurre en armonía, se siente tranquilo, “soy otra persona, un hombre diferente y quiero transmitir eso aunque debo aclarar que el Islam no se predica, no se convence a nadie. Es una forma de vida, uno actúa y si tu accionar es correcto vas por buen camino y la gente va a simpatizar contigo. El Islam es sencillo si agotas los caminos de la vanidad, del ego, de la ostentación y cumplís con ciertos ritos como rezar, abstenerse del alcohol, de la droga. Pero la demostración de ello es el cambio radical que ha operado en mi vida” aunque no deja de reconocer que también le vienen “las tentaciones, las bajezas”.

 

Los fundamentalistas

Consultado en cuanto a que muchas de las noticias de ataques contra diferentes comunidades provienen de fundamentalistas de origen islámico sostiene con firmeza “el Islam es clarísimo: no al terrorismo y es un juramento que hacemos antes de comenzar los estudios. Si alguno piensa que la difusión del Corán es ponerse una bomba en la cintura está totalmente equivocado y tomó un mal camino porque eso no es Islam, ya que nosotros estamos totalmente en contra de cualquier manifestación de violencia”.

 

Juan Pedro

Juan Pedro Ribas es un activista social, creador de un sinfín de proyectos laborales comunitarios entre la población más desposeída de barrios de Montevideo, periodista de radio fundamentalmente, aunque escribió en algún medio en alguna ocasión. Creó la Fundación Winners, la que presidió durante muchísimos años, pasando ahora a manos del socialista Daniel Martínez, ya que su adhesión al Islam podría ser perjudicial para el normal desarrollo de la institución. Tras vincularse al islamismo creó el primer multimedio islámico de América Latina conformado por el diario digital Los Pueblos, la Agencia de noticias Indam Islam y la emisora Acá Los Pueblos que transmite por Internet. Además dirige la Fundación Islam amigo en Uruguay.

 

“El Islam es la conjunción del Viejo Testamento, del Nuevo y del Corán, por lo que todos somos de un Dios, solo monoteísta y de una actitud de comportamiento y una ética de vida”, dice Juan Pedro que asegura que el Islam se caracteriza por la ternura, la piedad y la paz, por lo que “estando cerca de los sectores más desprotegidos hay cierta afinidad con los gobiernos populares de América Latina”.

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