Mis Archivos del Exilio - 17

Pisar suelo patrio

Solo el que estuvo exiliado sabe de qué se treta. Sócrates bebió cicuta antes de aceptar la pena del destierro. Los exiliados no fuimos, seguramente, los que más sufrimos.

Sentíamos como propio el dolor de todos los presos políticos y sus familias, pero no estábamos peor. Eso sí, vivíamos una experiencia distinta. Y dolorosa. Quizás es por eso, que quienes lo vivimos sentimos que, aún hoy, nos une algo propio.

Un común denominador: soñar cada día con pisar suelo patrio. Se había fundado la Convergencia Democrática (CDU). Desde Uruguay, un dirigente del Partido Nacional escribió en El País, vocero de la dictadura, que no se podía ser blanco y de la CDU al mismo tiempo. El viejo no se lo perdonó nunca. Fue peor que cuando, ese mismo dirigente, cantó «Cara al Sol», el himno fascista, cuando murió Franco, frente a la Embajada de España. Y es mucho decir.

Lo hizo con el brazo derecho extendido, usado por falangistas, fascistas y nazis en la Europa de la década del 30. ¡Wilson no podía decirse blanco! Era realmente muy fuerte. Otros dirigentes del Partido Nacional disimulaban su disgusto diciendo que «era una estrategia para el exterior,» no para dentro del país. Por eso a mi padre se le ocurrió hacer algo que atara la CDU simultáneamente a la tradición blanca, y al «adentro».

No hay un código de principios para dentro del país y otro para el exilio. Con Diego Achard, amigo de la vida, miembro de la CDU y con los años Secretario de Wilson, viajamos a Londres porque Wilson quería darnos una idea. Nos la transmitió siempre y cuando no le dijéramos nada a mi madre antes.

Yo volvería al Uruguay y llevaría un ramo de flores a donde cayó Saravia. Para hacerlo no precisaba los aperos de plata y oro, de esos que se usan hoy, en esas caballadas de lujo tan lejanas al estilo del Águila del Cordobés. La directiva de la CDU tomó la idea con entusiasmo. Para mí era como tocar el cielo con las manos.

Pisar el terruño. Recordé el relato de cuando Aparicio y su hermano pelearon en la Revolución de los Farrapilhos en Rio Grande do Sul, cruzaban la frontera para tirarse al pasto y sentir y decir «Suelo patrio». Así me sentía yo. Necesitamos ayuda y logística local, tanto en Brasil, como en Uruguay.

Allí fue un amigo entrañable hasta el día de hoy. Uno de los que Brecht definiría como «imprescindible» por luchar toda la vida, Jair Krischke. Sigue hoy, con más de 80 años yendo todos los días a su oficina en el Movimiento de Justicia y Paz de Porto Alegre.

A Jair, el Parlamento uruguayo le homenajeó en su 80º cumpleaños. ¿Se imaginan lo que fue para mí, junto a Luis Vignolo, que en el 2019 fuera él quien nos entregara a ambos sendos premios de la Orden de Abogados y la Asociación de la Prensa de Brasil a nuestro libro «Wilson: Bitácoras de una lucha»? Dentro del país, la organización estaba a cargo de Julián Murguía y del dirigente del Partido Nacional (luego se fue con el Frente Amplio) Daniel García Pachiarotti.

La fecha fijada, el 26 de mayo de 1982. El día en que se conmemoraban seis años de nuestro ingreso a la Embajada de Austria en Buenos Aires. Es decir, nos íbamos porque queríamos volver. ¡Todo un símbolo!

A mí, en estos tiempos de pandemia, me impresiona mucho cómo, con tapabocas y todo, la gente me sigue reconociendo.

Por entonces no era así. Ni yo era muy conocido, ni tampoco los medios masificaban imágenes como en el mundo de hoy. No había redes sociales, ni «selfies», ni comunicaciones rápidas. Lo señalo, porque Jair siempre recuerda con una carcajada una foto mía pidiéndole fuego a un policía que accedió amable. Ya mi requisitoria tenía siete años. Muy temprano ingresamos por Livramento a Rivera.

Pasamos allí la mañana. Tomamos un café en el Hotel Internacional. Paseamos un poco y sacamos fotos en sitios inconfundiblemente uruguayos. La mala calidad de las mismas hoy las hace hasta más atractivas. El verdadero motivo era que no era fácil andar con una cámara de fotos sin llamar la atención.

No existían los celulares. Pero a ver: foto frente a una camioneta de la ONDA, foto con el policía, foto en el cambio donde compramos unos pesos uruguayos. ¡Tremendo! ¡Meterme pesos uruguayos en el bolsillo! A las 11 salimos hacia el lugar donde cayó Saravia. Frente al monumento que allí se erige, había un destacamento militar. Salieron a mirarnos, pero pensamos que no llamaría la atención.

Con la foto en el memorial, luego se hizo una postal, que causó la indignación de los mandamases de turno. Cuando emprendíamos el regreso a Rivera, nos empezó a seguir una camioneta del destacamento. Seguimos haciendo carretera con la camioneta atrás. Pensamos que habría algo de paranoia nuestra, que simplemente sería casualidad, que salía el vehículo militar, en la misma dirección.

Igual era raro, disminuíamos la velocidad, disminuían, acelerábamos, aceleraban. Como a tres leguas, nos pararon. A las 13.30 (ver agenda) exactamente, nos paran y piden documentos. Mostraron los suyos, los locatarios. Yo saqué mi pasaporte boliviano (el parlamento de Bolivia me había hecho ciudadano en el 80). Lo miraron como algo raro, solo verificaron la foto.

Fueron hasta la camioneta y con mucho volumen hablaban por una radio que reproducía el ruido fuerte y la voz baja. Dijeron: «Son locales riverenses con un turista colombiano». Pasado el susto volvimos a la capital. A la nochecita hicimos una chorizada en lo de otro compañero blanco, Imaleso Pereira.

Allí nos quedamos hasta las 11 de la noche, cuando cruzamos al Brasil, con tiempo apenas para llamar a Jair, para que avisara a papá en Londres y emprender la marcha. A las 6:30 llegamos a a Porto Alegre. Allí antes de seguir con la agenda, lo más importante era darle un abrazo a Krischke.

5 Comentarios

  1. Memorias que son como las de muchos Uruguayos que se exiliaron forzados y se arriezgaron a la lucha contra la dictadura. Da gusto ver como mantenes la memoria viva… Ser parte de una familia que lucho y que lucha es para que el pasado NO se repita.

  2. Memorias que nos hacen ser cada vez más Wilsonistas a quienes admiramos a tu viejo y ser por ende más orgullosamente blancos que nunca y alejarnos cada vez más de los blanquitos multicolores. VIVA WILSON CARAJO!!!!!

  3. ¿te habían garchado en el exilio o fue antes? deberías aclararlo, ¿cuando te «afanaste» los cuadros estando en la Emb. del Uruguay en Argentina te los trajiste o los vendiste allá?

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