#IdearioNeoliberalismo versus Naturaleza

La Naturaleza ha sido siempre una dimensión (durante siglos la única) del trabajo: manifestación de la belleza, de la armonía, de un orden no represivo. Por sus valores la Naturaleza era la negación misma del sistema capitalista, con sus desvalores de lucro y explotación, de degradación y eliminación.

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El proceso de aniquilar la Naturaleza e intentar someterla a la violencia de la contaminación y destrucción es -sin discusión- un proceso económico del neoliberalismo, en su afán desmedido de producir ganancias a cualquier costo, incluso provocando la desaparición de la Naturaleza… un proceso político de devastación iniciado hace un siglo, aproximadamente, avanza la denominada civilización del progreso depredador, de la especulación financiera y la ganancia sobre todas las cosas.

El poder del capital ha invadido la Naturaleza, con el accionar atroz de humanos sin conciencia ecológica, asimilados a la tendencia totalitaria del neoliberalismo monopólico y depredador. Sólo basta visualizar Amazonia y sus incendios de hace décadas, Tailandia, con sus bosques de especies únicas, la mayoría desaparecidas, para de ese modo dar espacio a las industrias de materiales contaminantes, que llegan a los ríos, tierra y pueblos expuestos al genocidio neoliberal.

Ejemplos sobran, el planeta está en sumo peligro, ¿quién lo ignora? Sin embargo, vestidos de verde los gobernantes y corporacionistas de multinacionales siguen su sendero de lograr terminar con toda la Naturaleza. Quizás llegue el día en que se alimenten de papel moneda.

La ecología es una disciplina fundamentalmente anticapitalista y «subversiva» para el sistema neoliberal genocida vigente.

Mientras lo único óptimo que conoce la contabilidad capitalista es la capitalización, la ganancia a cualquier costo, la ecología introduce parámetros extrínsecos: el mejor cuidado posible de los recursos naturales, hoy en sumo riesgo de ser eliminados, del medio ambiente, de los equilibrios biológicos, la búsqueda de la duración máxima, del valor del uso y ya no del valor del cambio, la satisfacción y el esparcimiento óptimo de los individuos en su trabajo y fuera de él, y ya no del rendimiento y productividad máxima del trabajo desde el punto de vista del capital, que degrada la condición humana en grado superlativo.

El futuro de la humanidad es incompatible con la modalidad neoliberal de producción, degradante y eliminadora de todos los elementos que hacen a la vida de un Medio Ambiente libre de contaminación, que devienen en destrucción de los ecosistemas en los cuales habitamos, los «apocalipsis» anunciados por quienes tenemos conciencia ecológica.

Hace tres décadas, he manifestado en un Foro de Ecología en Estocolmo, acerca de la especulación de Ceos de multinacionales que hacen alarde de poseer una conciencia ecológica, deviniendo una maniobra estratégica con miras a un doble objetivo.

El primero es desarticular la oposición ecológica, apropiándose de los argumentos y asimilándolos a la plusvalía del capitalismo depredador, abrevando de los manifiestos de ecólogos fundacionales, como Edgar Morin, Goldsmith, Mansholt, Marcuse y otros, entre los que me cuento en Latinoamérica, allá por los años 70, trascendentes iniciáticos en llevar a cabo una épica de preservar el medio ambiente, en contra de todas las previsiones del neoliberalismo fundante.

Tras esta estratagema táctica y tramposa, se puede distinguir un segundo objetivo, mucho más ambicioso: el de preparar grupos determinados o determinadas ramas de la industria contaminante del medio ambiente, para la crisis que le significaría al sistema, en su totalidad, la detención del crecimiento material, para convertir a esos grupos o ramas en organizadores y beneficiarios de esta crisis.

Un nuevo ciclo acumulativo basado en la capitalización de la Naturaleza misma, en el acaparamiento, por capital, de todos los factores y condiciones que hacen posible la vida en la Tierra.

Entonces se habrá cerrado el circuito: la ley de la ganancia habrá invadido los últimos reductos de la Naturaleza, hasta el aire se habrá convertido en mercancía: se habrá consumado el totalitarismo capitalista y, con él, la monopolización de la economía.

¿Y quién podrá instalar los anticuerpos ante este virus patógeno del capitalismo en su cenit? ¿El aparato estatal? ¿En qué fuerzas sociales y parlamentos disfuncionales se apoyaría para promulgar leyes y reglamentos que puedan aplicarse de inmediato para que no se produzca el atroz terricidio, que lleva al exterminio de la Naturaleza, incluida nuestra especie? ¿No es una utopía de tintes románticos lo que propongo, contra viento y capitalistas mononeuronales? ¿No presupone una revolución ecológica lo planteado?

Es absolutamente cierto que lo que planteo es una utopía en este tiempo, donde la relación ha mutado, se ha convertido en un espantoso paisaje de una humanidad anestesiada y sin rumbo, salvo seguir las tendencias prostibularias del sistema neoliberal, esclavizador que lo ha tomado todo.

También es una realidad, que mientras más autónomo es el hombre en cuanto a individuo en función de ser, más precisa de la verdad, en asimilarse a una Naturaleza sana, un medio ambiente sin contaminaciones de ningún tipo, dominar el dominio sobre la Naturaleza, y no ya ésta. Se trata de entrar a un combate nuevo por la hominización.

La tan publicitada «toma de conciencia ecológica», alardeada hipócritamente por los funcionales gobernantes del planeta, cumpliendo órdenes estrictas de sus jefes, macro-empresarios y multinacionales en pleno uso y abuso de su poder omnívoro, en maniobras estratégicas, de doble moral y doble objetivo, están en acto de eliminar y mutilar el origen.

El primero se logra al desarticular el accionar de los reales y verdaderos ecologistas, al apropiarse de algunos de sus lemas y temas, y utilizándolos de coartada para introducir la simulación y la mentira, apuntaladas por los medios corporativos de comunicación. Además de financiar campañas de «cuidado del medio ambiente», cual estrategia de vender una realidad fraguada, que no forma parte de sus fines de lucro y explotación.

Entonces, ¿por qué me ocupo de la ecología? Porque la violación de la Tierra es un aspecto esencial de la recontrarrevolución del capitalismo y sus vertientes. El genocidio contra los pueblos y contra todos los seres, es un «terricidio», pues elimina los recursos de la vida misma, no basta ya terminar con las personas vivas, hay que impedir la existencia en este planeta de los que aún no han nacido, envenenando la tierra.

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7 Comentarios
  1. Marcelle Laboullerie dice
    Eduardo Sanguinetti, filósofo, pionero de Ecología en esta región del planeta, traza las diferentes vías reformadoras que se podrían adoptar para conducirnos a una metamorfosis de la sociedad tan asombrosa como la que engendraron la sociedad que pasó a ser destructora de la Naturaleza. De manera impecable nos introduce en el tema tan vigente y que pocos se atreven a denunciar al sistema neoliberal como eliminador de la Tierra y los seres que la habitan. Formidable exposición de un silenciado en su país Argentina, por los ignorantes que gobiernan. LA REPÚBLICA tiene un columnista de lujo en su grupo editorial. ¡Gracias!
  2. Juana Marquez Silva dice
    Hace décadas este filósofo nos lanza su palabra de atención, pareciera que todo atenta contra su visión del mundo silenciada y los gobiernos que degradan nuestra condición. Nos dijo en su ensayo «Actividad Voluntaria de la Naturaleza» que «deberíamos librarnos de nuestra adicción consumista. Que la prisa posesiva nos intoxica. Que el desarraigo siembra las semillas de la criminalidad. Que la crisis que vivimos es más profunda de lo que solemos aceptar. La oportunidad que abre ese riesgo es pensar críticamente la civilización que se empeña en desvincularnos: separarnos del vecino, del árbol, del futuro.» y en su libro incunable El PEDESTAL VACÍO nos dice: «Quisimos dominar la Tierra: valdría preservarla percatándonos de la comunidad de destino a la que pertenecemos. Autonomía y comunidad, nuestras dos aspiraciones primordiales, pueden finalmente reconciliarse. Un yo libre y responsable; un nosotros abierto y amistoso.» Un orgullo para Latinoamérica tan colonizada por el neoliberalismo y sus afluentes. ¡Mis respetos Maestro desde Madrid!
  3. Jorge Medina Sastre dice
    Lo he visto al Filósofo de la Patria Grande en tiempos donde se contruía la tremenda Planta de Celulosa en Fray Bentos, enfrentando a las autoridades para que desistan de hacerlo. Recorriendo Fray Bentos, Paysandú, Salto, donde ha dado clases sobre la toma conciencia ecológica, de como cuidar el medio ambiente. Le costó amenazas y atentados a su vida en Montevideo. El medio plural LA REPÚBLICA fue el único que publicó su accionar a favor de la Tierra. Exiliado de estos países socios de USA, le pone barreras para seguir actuando. ¡Salú Master!
  4. Daniel dice
    Ya es hora que los que labramos la tierra busquemos y hagamos ccultivos más amigable con nuestrl entorno natural. Si no el mundo nos va quedar chico y noz quedaremos sin nada. Tan simple como éso. Sin nada.
  5. Rod dice
    Muy bueno Eduardo! Abzo!
  6. Benito Zuloaga dice
    Impresionante artículo de este sabio hombre, el mundo en el que nos invita a sumergirnos estudio actualmente Doctorado en ciencias de la educación en Venezuela, y su obra es mi pilar las sugerencias para profundizar en la realidad que se vive en mi espacio conflictuado de ese lindo país serian formidables desde la trascendente mirada del Filósofo Sanguinetti.
  7. Inés Posadas dice
    Movilizador el pensamiento de este filósofo. Nadie lo iguala en talento, precisión y ética. Un gustazo leer estos artículos escrito con veracidad y datos sin dar lugar a discusión.

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