#RepublicanasMujeres y política: poder llegar al poder

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Cuán admirable es cuando en la gran mayoría de los casos, además de limpiar y preparar la comida, las señoras van diariamente por los víveres para el grupo familiar, porque los demás trabajan, estudian, o simplemente porque no pueden hacer todo a la vez como ellas, aunque trabajen afuera también.

Superpoderosas e ingenuas ELLAS, malacostumbran a todo el mundo con su generosidad y entrega desmedidas.

Si esa misma mártir viviente como pasa seguido ahora, debe cumplir un horario de actividad equis para acrecentar las entradas familiares y traer platita a la casa, en ocasiones no es dinero lo que falta ni inventiva, sino tiempo.

Porque la misma mujer asalariada, obrera, proletaria, es a la que se responsabiliza por la comida, si hay o no el menú esperado, un remedio para tomar, descanso confortable, y la rutina diaria a desarrollarse en un ambiente limpio y salubre que “alguien” milagrosamente siempre tiene listo.

Un rol sacrificado, que se encara esencialmente con mucho amor o no se asume. Una denominación arcaica y vasallezca; “ama de casa”, que parece salida del Quijote de la Mancha aunque resulte “normal” escucharla. Así de invisibilizado está el gigante sub-oficio.

De significado dual, ya que implica ser “dueña” y “criada” a la vez.

Y atención que no hay un similar para el hombre. ¡Oh casualidad!

La pura es que quienes tienen ese título son sirvientas incondicionales de sus seres queridos, viven casi en función de los otros y no se les ocurra hacer un cursito de nada, estudiar, militar en algo o tener un esparcimiento, porque complica. Trabajar fuera o lo que sea, se le perdona si el relojito de lo cotidiano no deja de funcionar en tiempo y forma.

¿Y si al menos pudiéramos inventar un nombre más ajustado a realidad? ¿Quién adiestra y legitima a dichas autodidactas a las que se exige TODO sin seguro social?

Muchos ¬por comodidad, casi toditos, ni se preguntan cómo apareció ese desayuno pronto a la hora exacta¬, o por qué está limpio y en su lugar el vaso para tomar el agua, el baño, o la cama tendida invitándonos a descansar.

Así como salió el sol o llueve, la “tarea de la casa”, despiadada rutina que sucede inexorablemente, es algo que simplemente pasa.

Es justamente esa que nadie quiere hacer aunque sea imprescindible, la que los varones compañeros a veces asumen esporádicamente, generalmente no con el rigor del “siempre”.

Ocupación condenada al anonimato, no asalariada, sin compensación jubilatoria, de tiempo completo, sin licencia médica, plurifuncional, de extremo compromiso, dedicación y riesgo, e invisible a menos que sea para la interpelación.

Ergo: insalubre.

Yo les llamaría estrategas de la vida, ya que deben administrar tiempos, finanzas y ocupaciones a efectos de que todo esté listo cuando se necesita. Ni qué hablar si hay niñez o adultos mayores, quién es la “cuidadora natural”.

La atención y contención humanas son una realidad hermosa a la que la familia debe un encare colectivo como núcleo de cariño.

Una realidad contundente surge en medio de esta aparente o real injusticia; estamos entrenadísimas en emergencias. Pocas personas como una madre y “ama de casa” presentan tanta calidad y capacidad de resistencia, recuperación y respuesta adecuada ante el conflicto y las dificultades propias y ajenas.

Respiramos solidaridad y servir es nuestro faro guiador; tan inspiradoras como inspiradas en resolución de problemas comunitarios.

¿Cómo no estarían preparadas nuestras heroicas mujeres multipropósito para tomar y ejercer el poder, si vivimos empoderadas ante tanta adversidad normalizada?

Estamos a kilómetros de distancia de tener las mismas oportunidades de nuestros pares del sexo opuesto así hayamos logrado con enorme esfuerzo prepararnos profesionalmente para hacerlo.

Es que a la hora de las tareas domésticas y los hijos, difícilmente haya equilibrio en la distribución de las funciones, y eso coarta las posibilidades de crecimiento personal de las femeninas.

Aunque el mundo se encamina a la equidad de género, la naturaleza parece conspirar en contrario.

Sin embargo; es hora de que tengamos la convicción de lograr el poder político porque de hecho ejercemos la administración desde siempre.

Solo hace falta ocupar los lugares de decisión en los gobiernos.

Vamos despacio porque vamos lejos: hacia la paridad.

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1 comentario
  1. paulina dice
    Me presentaría a mi misma como la persona menos machista de este planeta. (La “menos”). Sin embargo me considero mínimamente: “algo” machista. ¿Por qué no soy “feminista” (dice: “NO”)?, porque no me gustaría ir a trabajar y que el vago se quede en casa mirando a Mirtha y/o Susana… …¿Qué Mirtha y qué Susana?…: “-Mithabarrascandoyparé” y “Susanagoria”… Asimismo entendí tu nota y me apasioné. Por novedosa. Felicidades. Lo dijiste de gloria. Tal cual. “Nunca visto y glorioso”. Muy bien.

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