#OpiniónMujeres y economía

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Estamos asistiendo seguramente a la revolución más profunda y radical del siglo XX y lo que va del siglo XXI; la emancipación de la mujer y la búsqueda de la igualdad.

Son muchas las revoluciones que hemos conocido a lo largo de la historia de la humanidad, la gran mayoría de ellas con cambios muy bruscos y no exentos de baños de sangre. Esta revolución -a la que yo llamo silenciosa- se ha hecho sin guerras, sin tiros, sin batallas y lo que es más llamativo, «captando» al enemigo y llevándolo a sus filas por propio convencimiento.

Ese hombre machista, patriarcal, que domina el mercado del trabajo, la política y es el centro de la vida social, lentamente va dejando espacios para el género y en muchos casos trabaja codo a codo para alcanzar esa igualdad. No todos los hombres por supuesto, pero sí una importante porción de ellos.

Tampoco se trata de una dádiva, un otorgamiento gratuito o exento de conflictos. Detrás de ello hay una larga lucha de las mujeres para realizar un cambio cultural profundo que las ponga en un pie de igualdad en todos los órdenes de la vida y para abolir cualquier tipo de discriminación por sexo.

En materia social hemos visto cambios radicales. Hasta hace pocos años -alrededor de la década del 60- el destino de la mujer era conseguir un buen marido, casarse, tener hijos, ser buena ama de casa, atender a su marido y a sus hijos casi en forma exclusiva y se consideraba un valor importante llegar virgen al casamiento y ver al padre en la iglesia simbólicamente «entregar» a la novia a la nueva familia.

Ahora el matrimonio de a poco va quedando obsoleto, las mujeres irrumpen en el mercado laboral de manera masiva, la casa es responsabilidad de ambos cónyuges, los hombres deben cambiar los pañales de sus hijos y podríamos seguir. Las relaciones sexuales pasaron a ser un disfrute más en la vida al igual que una buena comida o dormir la siesta debajo de una palmera.

El cambio social viene de la mano de un fuerte cambio cultural en donde la lucha por eliminar el llamado «patriarcado» se ha convertido en el centro de ella; una lucha que es justa, pero que como toda batalla muchas veces tiene excesos, con inocentes muertos y heridos en el medio.

En materia económica las mujeres salieron de sus casas despavoridas; en 1970 representaban el 6% de los ingresos familiares ahora son el 40%. En 1940 las mujeres que vivían con sus maridos y trabajaban a cambio de un salario eran el 14%, hoy ya supera el 50%.

Esto no significa que la desigualdad laboral de ingresos y de oportunidades esté solucionada para ellas. Hay avances exponenciales pero queda aún mucho camino por recorrer.

Algunos sostienen que no hay desigualdad ya que en materia jurídica las normas no tienen en general ninguna discriminación entre géneros. Esto es efectivamente así -con algunos casos puntuales que siempre pueden aparecer- pero la realidad empírica porfiadamente aún nos dice otra cosa.

Las mujeres tienen una remuneración menor a los hombres ante igualdad de tareas (un 83% en promedio) y realizan los trabajos peores remunerados de la sociedad (78% en sectores de baja productividad y 60% de economías sumergidas).

Después de la Segunda Guerra Mundial el acceso a la enseñanza superior de las mujeres pasó rápidamente entre el 15 y el 30% en todos los países desarrollados. Las matanzas de esta guerra dejaron a la URSS con 5 mujeres cada 3 hombres y si nos remontamos un siglo antes la guerra de la triple alianza contra Paraguay dejó un saldo mucho peor; casi no quedaron hombres, razón por lo que la poligamia fue algo natural por mucho tiempo en ese país. No fue de extrañar que el ex presidente Lugo tuviera muchos hijos diseminados por varias mujeres por ahí.

Sacrificar una carrera o profesión solo tiene sentido si quien lo realiza es una mujer, lo que se refleja en que ella tiene menos progresos en su trayectoria con el dato que solo el 4,2% de los directores ejecutivos latinoamericanos son mujeres. Sin embargo asistimos de manera notoria a una invasión del género femenino en mandos medios de todo tipo de corporaciones lo que significa valorizar importantes avances en esta materia.

Un capítulo aparte lo constituye el «trabajo no remunerado» o lo que denominamos habitualmente las tareas del hogar. Las mujeres destinan 37 horas semanales al trabajo no mercantilizado mientras que los hombres destinan 13 horas, lo que significa que el sexo femenino carga con el 75% de las tareas de un hogar.

Algunos desde una perspectiva de análisis económico se preguntan si la tasa femenina de participación laboral está llegando a un techo, lo que podríamos denominar una «tasa natural». Si las mujeres siguen realizando las tareas del hogar o deben resolver el tema del cuidado de los niños, y puede pasar a veces que desde el punto de vista económico el costo de los servicios de cuidados puede ser más alto que lo que las mujeres pueden obtener como ingresos en el mercado laboral, lo que resulta en un círculo vicioso difícil de romper.

Adquiere fundamental importancia sostener una amplia red de protección social; la universalización de los planes CAIF para el cuidado de niños de la primera infancia, el sistema de cuidados para familiares con problemas de salud o discapacidades, entre otros. Esto permite superar obstáculos muchas veces insalvables para avanzar en la búsqueda de la tan ansiada igualdad.

La mujer y su papel han generado cambios trascendentes que han transversalizado todos los ámbitos; políticos, sociales, económicos, culturales con cambios profundos y diríamos hasta drásticos en cualquiera de ellos.

Alguien dijo «mi abuela no tenía el voto, mi madre no tenía la píldora y yo no tengo tiempo», resume bastante la revolución silenciosa a la que estamos asistiendo.

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2 Comentarios
  1. Bersuit Vergarabat dice
    SE LEE: “ y la búsqueda de la igualdad.”, A LO QUE OPINO QUE IGUALDAD, ES IMPOSIBLE. DESDE EL INICIO DE TODO, ESTA ESCRITO: “Génesis 17:16-17Reina-Valera 1960 (RVR1960) 16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella”. ASI QUE PARA QUE HUBIERA “IGUALDAD”, TAMBIEN DEBERIA HABER SIDO “BENDECIDO” EL HOMBRE. NO LO FUE.
  2. […] escribe: Gerardo Gadea […]

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