Mucho de lo que popularmente se recomienda frente a una gripe no es más que un mitoMuchos mitos rodean al fenómeno de la gripe

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Todos tenemos recuerdos de alguna figura de autoridad rezongándonos por no cuidarnos lo suficiente contra las garras de la gripe. «No salgas desabrigado», «no camines descalzo», «estás tomando poca vitamina C», o «eso te pasa por salir con el cuello al descubierto» son frases muy comunes de haber escuchado entonar a nuestros padres. Pero estos dedos índices extendidos poco tienen de fundamento científico. Existe mucho dentro de las recomendaciones de la cultura popular que no es más que un mito, y en ciertas ocasiones este mito puede incluso tener consecuencias que ponen en peligro el bienestar de la población en general.

El principal mito que envuelve a los resfriados o gripes que florecen en invierno es aquél que concierne a las curas: no existe un medicamento que cure la gripe. Existen analgésicos que pueden hacernos sentir mejor, pero nada que cure una gripe más allá de nuestras propias defensas naturales. La gripe se desencadena por infección con distintos tipos de virus, y los antibióticos están diseñados para actuar sobre las bacterias. Explicándolo mejor brevemente, los virus necesitan de células huésped para multiplicarse y sobrevivir, por lo que los antibióticos no pueden actuar contra los virus ya que buscan residir dentro de nuestras células. Además son organismos muy pequeños que mutan muy rápidamente y es prácticamente imposible generar medicamentos de amplio espectro cuya efectividad contra virus perdure en el tiempo. La vacuna de la gripe nos expone a ciertas partes de los virus de la gripe «del momento», o a versiones atenuadas de los mismos, para que nuestro organismo genere defensas inmunitarias (linfocitos) específicamente diseñados para actuar sobre esos virus en particular. Entonces, durante un cuadro viral como un resfriado, el que se encuentra actuando en todo momento contra la enfermedad es nuestro propio organismo, no los medicamentos.

Esto nos lleva a uno de los mayores riesgos de la expansión de los mitos sobre la gripe: la automedicación. Ante un caso de gripe, muchas personas comienzan a consumir antibióticos como el Amoxidal (amoxicilina), cuando este medicamento está específicamente diseñado para combatir a un amplio espectro de bacterias, no de virus. Lo que sucede entonces es que al medicarnos ciegamente cuando la enfermedad que nos aqueja es viral, nos encontramos seleccionando a las bacterias que son resistentes a esos medicamentos, bacterias que luego esparcimos por ahí. Y es importante destacar un detalle importante al punto de dejar de ser detalle: las resistencias no se generan mágicamente, ya están presentes, y lo que hacemos al automedicarnos es seleccionar a las poblaciones de microorganismos resistentes al medicamento en contra de aquellos que son vulnerables al mismo.

Otro de los mitos que rodean a la gripe es el del abrigo. Por más abrigado y sano que uno esté al momento de exponerse a un virus, si nuestro organismo no ha generado previamente las defensas específicas necesarias para hacerle frente al mismo, uno se terminará enfermando igual. No hay jugo de naranja ni té de jengibre que nos salve de un cuadro viral si ese es el caso. Las gripes suelen desatarse en invierno por un lado causa de que las mucosas, primera barrera contra los posibles patógenos, pueden secarse más fácilmente y así permitir el paso del virus de la gripe. Por otro lado, en invierno también nos podemos enfermar a causa del encierro: es mucho más probable contagiarse del virus de la gripe en un lugar cerrado lleno de gente que busca refugio contra el frío que al aire libre. Luego se encuentra el factor de «cuadro» de lo que hace que a un «cuadro viral»: el mismo virus presenta el mismo ciclo de vida de un paciente al otro, y, más allá de todo el cuidado que se tenga, de toda la fruta con vitamina C que se coma y de todo el té de jengibre que se tome, deberemos esperar todos, frente al mismo virus, el mismo tiempo para recuperarnos. Es el tiempo que tiene nuestro sistema inmune para generar las respuestas moleculares específicas para combatir ese virus en particular, y no hay nada que podamos hacer al respecto más que descansar y no padecer inútilmente la dolencia. Y en cualquier caso, lo que queda por hacer en contra de la gripe es prevenirla, ya sea por medio de la vacunación, lavándose las manos regularmente (el alcohol en gel no es recomendable ya que perjudica a nuestra flora bacteriana natural que también nos protege de los virus), y evitando sitios muy concurridos donde las personas estén estornudando (el virus de la gripe se transmite a través de las micro gotitas de agua del estornudo). Y, claro está, si nosotros estamos enfermos, evitemos esparcir el virus por doquier.

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