Misión Congo, alegría después del horror

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Los niños del Congo jamás se imaginaron que serían tan felices. Con cantos de cuna, globos de colores, golosinas y el cuento del Flautista de Hamelín antes de dormir, arrullan a más de 180 pequeños del Hogar Amour, y Amatu, casas de abrigo ubicadas en la ciudad de Goma, habitada por los infantes cuyos padres han sido asesinados en medio de la feroz guerra que vive la República Democrática del Congo. Pero tras el horror, días de completa oscuridad, llegó el sol, la alegría para estos niños que cuentan con un hogar digno, educación, abrigo y alimentación. Son atendidos gracias al aporte de la Base Militar Uruguaya del Congo, debido a los constantes donativos de enseres y lo más importante: el afecto y dedicación de un grupo de soldados y civiles del Uruguay. Dentro de los civiles destaca una formidable mujer, Gabriela Miljkovitj, periodista uruguaya radicada en Montevideo que viaja desde el 2015, año a año, al Congo para llevar tales donativos a los orfanatos. “Son pequeños que han vivido en carne propia el asesinato de sus madres y cuando uno los abraza siente como les palpita el corazón, para ellos no es usual que se les trate con tanto afecto, ya de a poco se van acostumbrando al cariño y es tan hermoso verlos sonreír y sentir que ya están olvidando la tragedia”, relata en entrevista exclusiva para el diario LA REPÚBLICA, Gaby, como le llaman afectuosamente los pequeños que ya la asumen con amor. Cómo comenzó “Nuestra tarea empezó en 2012 con un grupo en Facebook que se llama Acortando Lejanías, lo integramos civiles, militares, familiares y amigos cercanos. Por allí promovemos campañas de recolección de ropa, calzado, libros y juguetes y cada vez que hay relevo del contingente, nos comunicamos con el jefe de Relaciones Públicas de la Base Militar en Goma, y desde allí nos van informando si hay algún orfanato nuevo, nos dan el número de niños, sus carencias y en base a eso nos vamos organizando con las donaciones que van tanto para orfanatos como para hospitales”, relata la luchadora social que viaja desde hace tres años al Congo. También brindan ayuda a los centros de acogida para aquellas mujeres que fueron violadas, salieron embarazadas y sus familiares las echaron a la calle. “Recuerden que en el Congo la mujer es expulsada tras haber sido violada porque les da vergüenza, se calcula que hay mil mujeres abusadas al día en el Congo”, contó Miljkovitj, como parte de la brutal realidad que viven las féminas en este país. Para estos casos –cuenta la periodista- hay un hospital que les brinda apoyo. “Un sargento nos contaba que llegan muriendo, se trata de niñas y mujeres violadas por cinco o más hombres, llegan destrozadas totalmente, algunas mueren desangradas en el camino, hay un doctor que es un reparador de mujeres, tiene una fundación humanitaria increíble, trata de recuperar lo que les queda del aparato reproductor debido a tanta masacre”. La periodista, egresada de la Universidad del Trabajo de Uruguay (UTU), tuvo durante 10 años un taller de comunicación y periodismo en un colegio privado, entonces cuando sus alumnos se enteraban que iba al Congo se ofrecían para hacer donativos. “Allí pude ver una hermosa conciencia de solidaridad, enviaban útiles escolares y juguetes, de a poco fuimos creando un circulo de amigos y ahora somos una gran familia, de hecho, este próximo lunes lanzaremos la campaña Alegría para los niños del Congo, segunda parte y ya hay muchos que quieren colaborar. Es una bendición”. Miljkovitj ejerce una función honoraria dentro del Ejército desde el 2012 y de cierta forma ha creado un vínculo entre el Congo y Montevideo, cuando pasa algo, muchas veces se entera de primera mano. “Cuido mucho la sensibilidad de las palabras a la hora de dar una noticia sobre algún incidente a los familiares, claro, primero me pongo en contacto con el departamento de comunicación del Ejercito para que ubiquen a los familiares. Es una tarea de tiempo completo que hago con mucho cariño”. Durante la campaña para recolectar los donativos, agrega Gabriela, que en esta oportunidad se buscan máquinas de coser para llevar al Centro de la Mujer Violada, desde allí se están formado como modistas, ellas mismas elaboran su ropa y la idea es que aprendan este oficio de costura como manera de salir adelante, “así se sienten valiosas para la sociedad, pueden comercializar la ropa y se autosustentan”. La dinámica, según cuenta Gabriela, es la siguiente, luego que desembarca el contingente en Goma, al sur del Congo, (24 horas de vuelo) busca combinar con los custodios, el chofer y allí se hace de ayudantes para descargar los donativos a orfanatos y hospitales, luego de 12 o 15 días que se hace el relevo de los soldados en la Base Militar, ella retorna a Uruguay para prepararse nuevamente para el próximo año, así ocurre todos los mediados de año, con la firme esperanza de ayudar a estas comunidades. Otra mano amiga El año pasado, la misión Alegría contó con otra mano amiga, se trata de Walter Blanco, el reconocido artista plástico y muralista de Maldonado. Se puso las botas, el chaleco y el casco para ir a Congo. Llevó un fabuloso proyecto de murales que realizó en escuelas, orfanato y la casa de asistencia que brinda ayuda a las mujeres victimas de abusos sexuales.  “Mi primer viaje fue en el 2012, nos unimos con Gabriela de forma honoraria en los vuelos de rotación. Llevamos sillas de ruedas, pañales, ropa para mujeres y niños. A partir de esta experiencia vamos fomentando por las escuelitas de Uruguay lo que hacemos en el Congo para que conozca esa realidad. Armamos un grupo de periodistas y realizamos varios documentales en el Congo”, contó Blanco al diario LA REPÚBLICA. Detalló que en este momento se encuentran armando la campaña, mientras esperan la respuesta de ONU, para viajar a finales de mayo y entregar algunos donativos para los niños enfermos. “Hay un cambio de conciencia una vez que uno ve esa realidad. Al ver a esos chicos con poliomielitis, que no tienen para comer, están fuera de la base pidiendo comida, ganan un dólar por día, con un promedio de vida de 40 años, evidentemente la vida toma otro valor para uno”, relata conmovido el artista. Walter dice que los chicos se asombran porque nunca vieron un artista plástico pintar en vivo, la última obra que hizo fue un niño encima de la base, en un muro, pidiendo comida. “Hablan español, pero lo justo, nos dicen que son de Tacuarembo, mencionan que son del Peñarol o del Nacional, para interactuar con los que están en la base”. Para el artista, “por más que hagamos cosas, nunca alcanzara para cambiar esa realidad. Pero la idea de dejarles los murales busca  más que nada llenarles de colores esa parte del mundo y darle esperanza, participaron algunos niños pintando también, también la UNU está usando un mural que realicé de un niño con un megáfono y la palabra paz en varios idiomas, lo usan como referencia para dar un mensaje de paz y aliento para los habitantes del Congo”.    Desde Tulizeni, el Centro de la Mujer Violada y los orfanatos, tanto mujeres como chicos, empiezan una nueva vida, desde allí se ponen de pie y salen adelante, para ello es necesaria la constante ayuda humanitaria que posibilite edificar una sociedad de solidaridad, mucho se dice del rechazo hacia los hijos que nacen producto de las violaciones, pero en estos centros de acogida se les ve como ángeles que nada tienen que ver con el mal que les antecede, las mujeres también son apoyadas psicológica y emocionalmente porque se sienten tan avergonzadas que muchas terminan acabando con sus vidas. Por ello, cada gesto humanitario hacia estas personas, pueden cambiar su mundo y su dignidad. Después de haber visitado el Congo, para Gabriela y Walter, no vuelven a ser las mismas personas. “Uno va a ayudar pero lo más doloroso es que sabes que no va a solucionarles la vida, aunque sé que nuestro aporte es mucho para ellos. Cada vez que vamos nos reciben cantando Uruguay, Uruguay, Uruguay, eso es lo más gratificante del mundo”. Uruguay lleva 70 años en el proceso de paz     Uruguay es uno de los 120 países que trabajan con las Naciones Unidas para ayudar a mantener la paz en el mundo. Ya se trate de personal militar, policial o civil, el propósito es el mismo: la protección de las comunidades vulnerables y el suministro de apoyo a los países que luchan para terminar con el conflicto y alcanzar la paz. “Con más de novecientos cascos azules, Uruguay es el mayor contribuyente a la misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo”, según publicó el portal de Noticias ONU. Miljkovitj, la activista de derechos humanos, sostiene que muchos soldados uruguayos apadrinan niños y les brindan ayuda para sus estudios porque la educación no es gratuita, son 13 dólares al mes por niño, es por ello que de los hogares numerosos sólo uno puede acceder a la escuela, y a veces ninguno. La grandeza del corazón El año pasado ocurrió algo maravilloso, cuenta Miljkovitj, un soldado luego de su faena se quitó su uniforme y se vistió de payaso para compartir con los niños en un campo de desplazados, fue un momento de felicidad absoluta para ellos. Lo hizo un sargento que está en Paysandú en este momento. “Fue al orfanato y al hospital entregando juguetes y ropa. No podía creer que se sabía el nombre de todos los niños, fue algo impresionante, el soldado en su tiempo libre, en vez de tomar mate, va y se pone su ropa de civil, les enseñan a leer en español y ya eso es un gran aporte de generosidad porque eso no se los exige ONU, es algo que nace del corazón”. Más que una misión El contingente militar uruguayo que participa en la misión, le ha salvado la vida a varias víctimas del conflicto armado africano, que lleva ya varios años, como respuesta a los recientes enfrentamientos que han dejado docenas de muertos y heridos, las fuerzas de paz uruguayas realizan evacuaciones médicas en la región. Uruguay, que recientemente fue elegido para ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, ha contribuido de manera activa al mantenimiento de la paz, mediante el despliegue de tropas y equipos en las diferentes misiones de paz. Además también participa en diversos debates e iniciativas multilaterales relacionadas con este importante asunto para la comunidad internacional. Para muestra un botón, sostiene la activista Miljkovitj, pues en el Congo las experiencias han marcado un avance grandioso en el proceso de paz para el mundo, esta zona del África es uno de los lugares más ricos en recursos naturales, pero con uno de los índices de desarrollo humano más bajos. Y Goma, una de las ciudades más complicadas y peligrosas del orbe, es durante un año, el hogar de unos mil soldados uruguayos que llevan adelante la misión encomendada por la ONU. Esta parte del Congo parece estar destinada al sufrimiento desde siempre, a una larga lucha armada entre grupos rebeldes y el ejército congolés, lucha que ha dejado millones de civiles rehenes de esa situación. Y el tema es que eso ha llevado a desplazar a millones de inocentes, una modalidad común es que las guerrillas arrasen con las aldeas enteras abusando de los más débiles, violando a las mujeres, matando a los hombres y reclutando a los adolescentes para la guerra, en ese contexto aparecen los soldados de la ONU, allí están los soldados del Uruguay. Tratando de que las injusticias no se sigan cometiendo contra esos inocentes, la palabra paz se extingue en el Congo, “pero tampoco nos imaginamos lo que sería sin las fuerzas de la ONU”, comenta Miljkovitj. Uruguay se ha ganado el respeto de años de misión, lo que lleva a las autoridades de ONU a encomendarles misiones arriesgadas, evacuar heridos, mediar en conflictos y transportar productos de primera necesidad sea como sea , eso es parte del trabajo. Humanitarios Los soldados uruguayos hacen una tarea que está fuera de lo que ONU les pide, se trata del grupo de voluntarios que hacen tareas humanitarias. Cada día destinan comida a los orfanatos, la misma que preparan en la base militar se comparte en un gran gesto humano. Fidel Bahati, uno de los ayudantes congolés del orfanato Amour, agradece en un claro español, la ayuda que se les ha brindado. “Los niños que llegan acá vienen con malnutrición severa y la vida de ellos depende del batallón de Uruguay que traen ropa, zapatos, así que les damos muchas gracias a los militares y al pueblo en general del Uruguay”.  

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