Mirtha Duarte: «El artista vive lo que representa»

En el marco del ciclo de entrevistas «Resistencia en Tiempos de Pandemia», hoy responde una actriz con un cuarto de siglo de «tablas».

Nuestro propósito en este nuevo ciclo es poder conversar con todos o la mayoría de nuestros artistas. Lo importante no es la repercusión que tengan en el medio artístico teatral sino sus sentimientos, pensamientos, reflexiones frente a situaciones que día a día se están tornando más difíciles para un colectivo que tiene una sostenida situación de vulnerabilidad.

Conozcamos a Mirtha Duarte: comenzó sus estudios en 1978 en el teatro El Tinglado con Alfredo de la Peña. Allí mismo hizo un curso de escritura teatral con Rolando Esperanza que culminó con una creación colectiva representada por los alumnos de primer año.

Luego continuó su aprendizaje con Alejandro Michelena en Letras. En dirección teatral su docente fue Juan José Brenta en ACJ y formó su propio grupo teatral «Teatro entre Amigos», con sala propia en la calle Juan José de Amézaga donde funcionó Teatro Barrial y donde se hicieron funciones gratuitas tanto de teatro como de ballet, con el apoyo del grupo Moebius y de Cristina Martínez y René Pietrafesa.

Trabajó en radioteatro, invitada por César Charlone Ortega en Radio Sarandí por espacio de 3 años.

Cerrada la sala de teatro por motivos de fuerza mayor, se integró a La Candela como actriz, colaborando en el rubro de luces con Juan José Ferragut, vestuario, con Ana Arrospide y ayudante de dirección de Alfredo Goldstein en «Amor de don Perlimplín» de García Lorca y Krinski. Con Marcelino Duffau en el esperpento «Los cuernos de don Friolera» de Ramón del Valle Inclán y su obra más querida por su tema y la experiencia de llevarla de gira, «Viejo Smoking» de Ana Magnabosco, con dirección de Walter Marasco.

Hasta aquí un apretado resumen de los casi 25 años de teatro que le dieron como ella dice: «tantas enseñanzas y me permitieron conocer gente maravillosa, llena de talento y humildad».

El 13 de marzo de 2020 se cerraron los espectáculos públicos debido a la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19. En agosto del mismo año abrieron escuelas artísticas y salas teatrales, pero ahora están nuevamente blindadas. ¿Cómo ves esta situación? ¿Habrá retorno?

Me parece terrible la falta de sensibilidad del gobierno frente a un rubro que no solamente da trabajo a muchísimas personas, sino por la importancia que tiene el teatro en el desarrollo de la cultura y la sociedad. Miles de años reflejando el pensamiento y costumbre de los pueblos no se pueden excluir de la vida, incluso porque se cumplieron con todos los protocolos pedidos, al pie de la letra.

Será muy difícil que la situación se revierta mientras quienes hoy tienen el poder de decisión sigan sin comprender que nuestro teatro, reconocido a nivel mundial por su excelencia, es un pilar fundamental para el desarrollo de su identidad y, como decía García Lorca, está bien que los hombres lean, pero que también coman.

¿Cómo ves la situación actual del Teatro Independiente Uruguayo?

El teatro independiente uruguayo tiene 100 años de existencia. A fuerza de mucho amor y sacrificio se fue forjando y en él o junto a él crecieron y se formaron excelentes escritores, actores, directores, luminotécnicos, músicos, vestuaristas, etc. porque la función no se hace

sin el esfuerzo de todas esas personas que no vemos en el escenario pero que trabajan innumerables horas y que es su trabajo, el que les permite vivir.

¿Crees que las nuevas plataformas pueden llegar a sustituir la presencialidad?

De ninguna manera; puede ser un encuentro a través de una pantalla, que calme el deseo de ver una obra, como quien ve una película, pero nunca puede sustituir el encuentro de las emociones cuando vemos un ser que ríe, salta, se entristece o se enamora y mata, y transpira porque vive lo que representa.

¿Por qué no se subsidia a los integrantes de las artes escénicas de la misma forma que al resto de los trabajadores?

Pasaron los tiempos de la Dra. Adela Reta. El MEC debe saber de qué se habla cuando se dice Cultura. Creo que se han contemplado otras áreas, aunque este Ministerio tampoco parece saber mucho de Educación cuando abre y cierra la presencialidad, pero yo siento como que todas las personas que dependen del hecho teatral, como los artistas, músicos, por ejemplo, están viviendo en una zozobra total. No se ve que haya una política para las artes, entre ellos el teatro, coherente y sensible a la situación.

Se han ofrecido cantidades irrisorias después de meses de esperar una medida, por un plazo, qué raro, inadmisible por lo volátil y reducido. Ayer la novedad era que van a pedir una contraprestación, que no sé si les corresponde. No veo voluntad para resolver un problema, que no pasa solo por la gente involucrada, sino por el fruto de su trabajo. Trabajo que, como todos, avala la Constitución. Pero las prioridades parecen ser otras como los helicópteros y las ametralladoras.

Ese vacío que provoca el hecho de no poder alimentar el alma con el arte, ¿cómo se compensa?

Hay muchas maneras de acceder al Arte, pero como dije en la respuesta anterior, la magia del teatro es única. Empezando con que no hay dos funciones iguales, el público cambia, nosotros cambiamos, lo digo como actriz, he vivido experiencias inolvidables con los compañeros y directores que tuve la suerte de conocer, pero más que todo es ver un creador en su labor de desmenuzar un texto con inteligencia y sensibilidad extrema. Ese ser humano es irreemplazable.

En el correr de este poco más de un año de pandemia cerraron tres salas teatrales, ¿corremos el riesgo de sufrir un efecto dominó?

El tema de las salas es sumamente preocupante. En algunos casos las más grandes, como El Galpón, se han dividido, compartido, prestado, pero es imposible trabajar de esa forma, porque, aparentemente, siempre falta cumplir alguna norma y arbitrariamente se vuelven a cerrar. Seguirán como siempre, luchando por lo que es su razón de ser, abrir su corazón para volcarse en quienes desean recibir esos sentimientos de amor universal, junto a Miller o a Pirandello o a nuestro Florencio. Hay que seguir luchando contra la ceguera que es peor que los molinos.

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