EditorialMarihuana: la polémica que no cesa

A medida que nos aproximamos a la aprobación de la ley de regulación del cannabis en el Senado, el debate continúa. Hace unos días, fue la presencia en Uruguay de algunos legisladores chilenos que creyeron del caso venir a alertar sobre los inconvenientes del proyecto; luego, son los químicos quienes se han manifestado en contra de que la marihuana se venda en las farmacias.

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Hay una considerable mayoría de opiniones autorizadas en todo el mundo que han elogiado al gobierno uruguayo por su iniciativa y consideran plausible el proyecto a estudio del Senado.

En primer lugar, bueno es tener presente que la marihuana es una droga ‘blanda’ cuyo consumo tiene el efecto contrario de las drogas duras, que generan una fuerte adicción y dependencia y que alteran para mal la psiquis de los consumidores. La cocaína -y su versión barata, la pasta base- producen daños irreparables en el sistema nervioso y promueven comportamientos violentos y antisociales. Por el contrario, un individuo que se encuentre bajo los efectos del cannabis jamás saldrá a rapiñar o a cometer actos de vandalismo. La ingesta de alcohol -una droga legal- puede tener efectos impredecibles e indeseables, pues cada individuo reacciona de manera diferente: habrá quienes se ponen tristes, otros eufóricos y habrá también quienes se vuelvan agresivos y busquen pendencia sin razón.

Pero más allá de estas consideraciones, abundan los argumentos vinculados con la comercialización de la marihuana. Las políticas prohibicionistas han demostrado hasta el cansancio su rotundo fracaso en busca de combatir el consumo y el tráfico ilegal del cannabis. “Las políticas de drogas actuales sobre marihuana causan un daño enorme e innecesario”, dijo John Walsh, experto en WOLA sobre políticas de drogas. “Es contraproducente encarcelar a personas que plantan o compran marihuana para su propio consumo, porque esto destruye familias, dificulta que la persona consiga empleo después y tampoco soluciona el tema del tráfico de drogas o seguridad”, dijo Walsh.

Actualmente, en muchos países del mundo el consumo de marihuana y la posesión para consumo personal no reciben la condena social ni se persiguen penalmente. En un gran número de estados en Estados Unidos es posible que una persona compre marihuana legalmente por razones médicas, aunque en muchas ocasiones el tema médico es usado como un pretexto. En España, en los llamados Clubes Sociales de Cannabis se permiten el cultivo y consumo de marihuana bajo ciertos parámetros regulatorios.

La ley a estudio del Parlamento posicionará a Uruguay como un país de avanzada y significará un duro golpe a la doble moral.

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