Marcha por el 8M en España

Las marchas convocadas por todo el país demuestran que el movimiento feminista tiene continuidad y que pone sobre la mesa la inclusión y denuncia la precariedad laboral.

«Ya comenzó el aquelarre. Tiembla, patriarcado», espetaba contundente una pancarta durante una de las centenares de manifestaciones. 50.000 personas en Barcelona, 50.000 en Vigo, 20.000 en Sevilla, 18.000 en Granada, 15.000 en Palma, 12.000 en León, 10.000 en Málaga, 9.000 en Burgos, 4.000 en Valladolid.

El movimiento feminista nacional volvió a hacer una demostración de fuerza en el día de ayer, y demostró regularidad en su llamada a las calles a pesar de las tensiones internas y externas, factores que han acusado cierto desgaste en la marcha de Madrid: de 375.000 manifestantes en 2019 a 120.000 este año, según Delegación del Gobierno.

Sin embargo, lejos de la capital, las más de 800 congregaciones han vuelto a conseguir que durante la jornada solo se hable de feminismo. Con los cánticos «Sola y borracha quiero llegar a casa» y «Un violador en tu camino» por bandera, los aires festivos durante las primeras horas de la tarde se convirtieron definitivamente a proclamas políticas durante el cierre de la jornada.

El debate sobre el colectivo trans o la batalla sobre la ideología del 8M se volvieron a poner encima del tablero. Mientras que el PP, desde varios puntos de la península –Zaragoza y Madrid como ejemplo– volvió a insistir en que una lucha «sin ideología, condición o sexo», en palabras de Mar Vaquero, secretaria general del PP en Aragón, las cabeceras de las marchas incidieron en la importancia de no dejar a ningún colectivo atrás, así como de continuos mensajes de sororidad internacionalista con el feminismo en América Latino o Oriente Medio.

Uno de los síntomas de cambio en el movimiento feminista es cómo las autoridades se han sumado fervientemente a la causa. Las cosas han cambiado desde 2018, cuando las marchas de este 8M tuvieron una difusión única y alcanzaron a los medios internacionales. «No podemos dar ni un paso atrás, ya que hay voces radicales que dicen que no estamos en una sociedad machista. Hay que seguir avanzando y trabajando para que no se dé ni un paso atrás», pronunció la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, durante la marcha de su ciudad.

También, los miles de manifestantes repartidos por Castilla y León demostraron la «fuerza imparable» de este movimiento para condenar la discriminación hacia la mujer y exigir cambios en aspectos como las condiciones laborales, los cuidados de familiares y niños o el techo de cristal. León, Valladolid, Ávila, Palencia, Salamanca y Soria han sido los puntos de mayor afluencia en la Comunidad.

Asimismo, las calles de Castilla-La Mancha se han vestido de morado para reivindicar el camino hacia la «generación de la igualdad», la eliminación de diferencias entre géneros o la erradicación de cualquier tipo de violencia y discriminación hacia este colectivo», con una multitudinaria manifestación en Toledo, así como en otros municipios.

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