Macron, en el ecuador de su mandato

Emmanuel Macron tiene, respecto a otros dirigentes europeos, la gran ventaja de la estabilidad: es elegido para un mandato de cinco años, gobierna con una mayoría parlamentaria sólida, y no necesita preocuparse por formar coaliciones ni por la posibilidad de rebeliones internas.

0 40

La desventaja es que, en Francia, es la calle la que cumple la función de contrapoder y puede ser incontrolable, de lo que hay abundantes ejemplos.

En el ecuador de su mandato, el balance del presidente francés refleja esta ambivalencia. Las reformas estructurales que constituían el núcleo de su programa se han puesto en marcha y algunas empiezan a dar frutos.

También ha consolidado su liderazgo en la UE en un momento de tensiones geopolíticas y ascenso del populismo nacionalista. Pero en la UE se ha encontrado solo y sin aliados de peso en su empeño de refundar el club. Y en Francia ha topado con una revuelta popular que definirá el quinquenio y que ha evidenciado su mayor fracaso: no haber logrado unir a los franceses.

El rodillo parlamentario del partido del presidente, y su convicción de que, para salir de décadas de atonía, Francia necesitaba reformas, le ha permitido cumplir sus promesas electorales. El descontento estalló hace un año en la calle con los chalecos amarillos y los episodios de violencia encontraron una respuesta a veces contundente de las fuerzas del orden.

El malestar venía de lejos. Macron, acusado de elitista y arrogante, lo exacerbó con medidas como la supresión del impuesto sobre las fortunas, que alimentaron su imagen de presidente de los ricos. Las rebajas fiscales y las ayudas para las clases medias empobrecidas, así como la apertura de un gran debate nacional, apaciguaron la protesta.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.