Lula libre: Alegría y recuerdos Imborrables

Leí el diario en la cama. Formato papel como la gente más vieja. La Corte de Justicia de Brasil había anulado todos los cargos contra Lula. Había estado preso un año y le habían impedido ganar las elecciones de Brasil. Hoy sería Presidente. Preso perdió su mejor amigo y una nieta a cuya velorio lo llevaron esposado y sin poder saludar a su familia. Dejé el diario y corrí a mis archivos.

Allí estaban. Todas las cosas que en ese momento necesitaba ver. La foto del día que lo conocí. Dirigente sindical, el primero, tras nuestro encuentro, en denunciar la represión a los gremios uruguayos y pedir la libertad de los dirigentes sindicales presos. Volvimos a verlo en el 80. Ya entonces se había fundado el PT. Pero Lula seguía siendo el mismo. Amigo llano y solidario. Nos alojó a Diego y a mí en su casa.

El primer encuentro, fue cuando aún no existía el PT. Estuvimos en Brasil con Diego Achard en el 79. Allí con la ayuda de Neiva Moreira y su esposa Beatriz (uruguaya) pudimos conocer al Cardenal Arns, paladín de la resistencia al régimen militar, que aún imperaba en Brasil. Luego a Lula, en Sao Paulo y finalmente, en Porto Alegre a Jair Krischcke, hasta el día de hoy, amigo y referente de la lucha por los derechos humanos en su país y el mundo.

Desde entonces hasta el regreso del exilio, cada acontecimiento que había que denunciar, cada vez que la palabra solidaria hacía una diferencia, contábamos con la de Lula. Y cada vez que pasábamos por Brasil había que ir a visitarlo. Siempre lo conocí con el mismo entusiasmo y la misma alegría. La que espero que hoy vuelva a compartir con sus amigos y seres queridos.

Cuando nos sentamos a conversar con Lula, no teníamos idea de estar ante quien sería un protagonista fundamental de la historia de la lucha de los pueblos. Era un hombre sereno y solidario. Neiva nos había dicho «es un dirigente sindical emergente que promete mucho.» Su solidaridad con Uruguay no tuvo límites.

En Febrero del 80 se fundaba en Brasil el Partido de los Trabajadores (PT) que le tenía como su figura más representativa, su referente. Desde el Partido Lula perseveró su esfuerzo solidario con el Uruguay. Lo hacía por conciencia política. Pero también se había encariñado con nuestra causa. El 24 de octubre regresamos con Diego. Almorzamos con Neiva y Pepe Guerra antes de volver al encuentro de Lula. De noche la tal guitarreara con los Olima.

Después de ese nuevo encuentro en Sao Paulo, hicimos juntos una conferencia de prensa. Lo pienso hoy y creo que no era consciente del privilegio que ello significaba.

Lula forma parte de las páginas más recordadas de nuestro exilio. «la cosa pasó,» como decía Osiris Rodriguez… Fue Presidente. Luego fue Dilma. A ella la destituyeron tras un juicio político. Sobre la votación de diputados, hurgando mi «baúl de recuerdos» que son mis archivos, encontré el recorte de El Observador del 18 de abril de 2016. Allí da cuenta que un diputado que votó por enjuiciar a la Presidenta Rousseff, dedica su voto «a la memoria del Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra,» el militar que había torturado a Dilma cuando era una militante joven. El diputado era el actual Presidente Bolsonaro.

El 7 de abril de 2018 veíamos atónitos que Luis Ignacio Lula iba preso. Una nueva etapa de una vida de lucha.

Un amigo brasileño me mandó copia del expediente. Hay un interrogatorio del Juez Moro donde le pregunta por un supuesto departamento de lujo que habría comprado de Guarujá. Es algo parecido a esto:

– ¿Cuándo estuvo por primera vez allí?
– Nunca
– ¿Y la vez siguiente?
– Nunca.
– ¿Y la última vez que estuvo?
– Nunca.

Ese servilismo del Juez hizo que el Presidente Bolsonaro lo hiciera su Ministro de Justicia. Pero el romance duró poco. Lo hizo renunciar, y ahora la Justicia brasileña investiga a la familia del propio Bolsonaro.

El 5 de abril de 2018 el PIT CNT convoca a un acto frente a la Embajada de Brasil por la Libertad del Ex Presidente, Compañero y Amigo. Llegué temprano, no quería perderme nada. Había bastante gente pese a que aún no era la hora programada para el acto. En eso se me acercan Fernando Pereira y Marcelo Abdala. «Juan Raúl, nos gustaría que hablaras en el acto.» Fuerte, muy fuerte. ¿yo? ¿Hablando en nombre de los trabajadores de mi país? A pesar de que el argumento que lo había conocido, justamente por temas sindicales, en tiempos de dictadura, me pesó. Pedí cinco minutos. Tomé un café y hablé. Recuerdo haberme emocionado mucho ante aquella multitud. Faltaba más.

El 8 de abril, tres días después del acto parte desde la sede una comitiva de la Central hacia Curitiba, donde estaba preso Lula. Junto a Juan Castillo, viajaban Alejandro Acosta y Martín Guerra (sindicato del Gas); Mario Carrero, ex dirigente del gas y cantor popular ampliamente conocido, junto su compañero de dúo Eduardo Larbanois… y yo. Tremendo. No podía creer.

Nos alojamos en uno de los tantos campamentos populares que se improvisaban en varios puntos de la ciudad. Por las mañanas marchábamos junto a brasileños de todas partes de su país que llegaban a participar de los actos. A primera hora la marcha coreaba en la caminata: «um, dois, tres, cuatro, cinco mil… queremos Lula Livre, Presidente do Brazil.» Al llegar frente a la celda de la Jefatura de Policía donde le tenían preso se coreaba «Bon día Presidente Lula…» Boa Tarde a las 4 y de nochecita «Boa Noite,» para dejarlo descansar.

Allí conocimos, entre tanta gente extraordinaria, al Obispo de Curitiba, Mons. José Antônio Peruzzo. El original y integraba la corriente latinoamericana de la «Teología del Pueblo» de la que es expresión, el Papa Francisco, el mismo que lo designó obispo y le asignó tan importante diócesis. Fue entre tantas cosas, amigo, consejero y nuestro «secretario de Prensa.»

En efecto, cada tanto sonaba alguno de los celulares de que disponíamos y era un medio de prensa local con el cual Mons. Peruzzo nos había hecho de puente. Ni me trabo a repetir algunas cosas… Pero mis compañeros de viaje coincidirán que nos sorprendía siempre con su humor, a la vez cálido e hiper realista. Muchas cosas, frases, salidas, comentarios, nos dejaban en silencio, antes de largar la carcajada. A lo mejor no lo esperábamos por ingenuos o por prejuicios que de un modo u otro todos tenemos de todos.

Un cura gaucho diríamos acá. Y muy gracioso. Sobretodo muy solidario y consciente de su responsabilidad pastoral junto al pueblo, sus luchas y sueños. Tuve la suerte de mantenerme en contacto con él después de nuestra vista. Los trabajadores del gas, tenían a su vez sus conflictos con Petrobras por el futuro de la Compañía del Gas y recibieron también su cálida y militante solidaridad. Ahí y de ahí en adelante.

Luego pudimos hacer una conferencia de prensa en una suerte de campamento permanente que había frente a la cárcel. Allí se realizaban todas las actividades solidarias, marcas, actos etc. Pero lo más importante y lo que quizás muchos nos llevamos más grabado en la memoria, fue el recital de Larbanois y Carrero. A mi siempre me impactan y siempre me emocionan. Pero ese día, allí, compartiendo con nosotros el campamento y frente a Lula.

Una venta, aquella en la que nos habían dicho que estaba alojado, se abrió y cerró de inmediato. Lo cuento y se me pone la piel de gallina. Nos está diciendo «Los oí…» o «A luta continua.»

De esa «serenata» en la puerta de la Jefatura de Policía de Curitiba, no podré olvidarme nunca. No solo por lo fuerte del recuerdo, sino porque aunque no quisiera tengo algo que me ayuda a recordarlo todos los días. En mi escritorio, justo arriba de mi escritorio tengo la foto de Larbanois y Carrero cantando. Es una foto increíble sacada, por un compañero de delegación. Se ve a ellos cantando, a mi, a su lado Juan Castillo con una gorra. Lo impresionante que la hace única es que se ve que desde un celular se quiere sacar la misma foto desde un celular. Una foto dentro de otra foto.

Cuántos recuerdos saltaron de un titular en el diario. Después de la nostalgia di riendas sueltas a mi alegría. La Justicia a veces tarda…pero llega. Abrazo a la distancia amigo, compañero de luchas, mano solidaria en nuestros momentos difíciles… Abrazo grande Luis Ignacio Lula da Silva.

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