Los orificios superiores del cráneo de los tiranosaurios les permitían regular su temperatura

Un estudio norteamericano demostró que las fenestrasdorsotemporales del Tyrannosaurus rex tenían la función de regular la temperatura del cráneo, característica propia a los organismos ectotermos

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El trabajo de un paleontólogo es una ardua búsqueda por reconstruir el titánico puzzle de la historia de la vida.

Pieza por pieza, la historia de la evolución de los organismos que habitaron la Tierra y de las funciones de sus estructuras se va desenterrando, componiendo y recomponiendo hasta que los seres humanos podamos tener un esbozo de lo que fueron esos alucinantes seres que precedieron a nuestra existencia.

Aunque la historia de la vida tiene más de 3500 años, los seres con más fama en el escenario de la vida, los dinosaurios, actuaron durante tan solo 160 millones de años.

Lanzados al estrellato por la mente de Steven Spielberg, el papel estrella de la película Jurassic Park se lo lleva el gigantesco Tyrannosaurusrex, especie de cuya historia de vida recientemente se desempolvaron nuevos misterios.

Según un nuevo estudio en conjunto entre las universidades de Missouri en Ohio y Florida (Estados Unidos) publicado en TheAnatomical Record, los dos agujeros que se encuentran en la parte superior del cráneo del tiranosaurio, denominados «fenestrasdorsotemporales», ayudaban a este gran depredador a regular la temperatura de su cerebro.

A principios del siglo XX, paleontólogos como Henry Fairfield Osborn consideraron que estas fenestras cumplían la función de brindar un sitio de sujeción para los músculos que se encargan de mover los huesos de la mandíbula, pero este nuevo descubrimiento presenta una alternativa a esta teoría.

Como no existen representantes vivos de las especies a estudiar cuando se hace paleontología, los investigadores decidieron utilizar como modelo alguna especie emparentada con los dinosaurios.

Por ser los seres más emparentados con las celebridades del jurásico, este grupo de científicos se decidió por los cocodrilos y los caimanes.

En efecto, estructuras similares a las fenestras del T-rex se encuentran en todos los llamados «diápsidos», grupo que incluye también a las aves y las tortugas, por lo que primero se estudiaron los orificios craneales presentes en varias de estas especies, resultando ser los orificios de los cocodrilos y caimanes aquellos más emparentados con los del rey del Jurásico.

En el parque zoológico St Augustine AlligatorFarm de Florida, los investigadores utilizaron cámaras térmicas para comprender cómo variaban las temperaturas a nivel de las fenestras dorsotemporales de los caimanes.

Los caimanes, como el resto de los reptiles, son organismos ectotermos, es decir que su temperatura corporal no es constante sino que varía con la temperatura de su ambiente, por lo que los investigadores sospecharon que los orificios del cráneo podían estar involucrados en compensar los cambios térmicos del entorno.

Resultó ser que en las regiones del cráneo correspondientes a las fenestras la temperatura aumentaba cuando la temperatura del entorno disminuía y viceversa, confirmando las suposiciones del equipo universitario norteamericano.

Aún se encuentra en debate si los dinosaurios eran organismos ectotermos o endotermoss (es decir que tienen mecanismos metabólicos para mantener su temperatura corporal constante), sin embargo muchos consideran que podrían haber presentado ambas características.

Aunque aún es muy temprano para decantarse por una de estas posturas, al menos este estudio demuestra que los tiranosaurios presentaban una característica propia de los organismos ectotermos.

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