#IdearioLos enemigos de Andrés Manuel López Obrador también están adentro (II)

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Hace dos semanas, en un artículo firmado por Gabriela Cultelli y Héctor Tajam titulado: “No todo gira hacia la derecha en América Latina: México también existe”, se intenta relativizar la victoria de Bolsonaro con la “progresista” de Andrés Manuel López Obrador. En muchos editoriales hemos insistido que es una exageración considerar a México parte indisoluble de América Latina, salvo a una historia pasada común.

Hoy, es un país que late al compás de EEUU y durante treinta y seis años, los gobiernos se han acoplado a las decisiones tomadas en Washington, incluso signaron un Tratado de Libre Comercio (TLC) que regula la actividad económica azteca acentuando su condición intra-exportadora (85%). Asimismo, se han acoplado al sistema de seguridad estadounidense, incorporando el territorio nacional a la estrategia militar del vecino del norte. La primera consecuencia fue la guerra contra el narcotráfico que le ha costado a los mexicanos 250 mil muertos y 36 mil desaparecidos, la mayoría falsos positivos.

Lo reiteramos una vez más, hace largo tiempo que México se asume un país norteamericano y mira hacia EEUU donde viven 10 millones de connacionales a los que se suman otros 20 con ese origen. Asimismo, las remesas enviadas desde allá superan los 30 mil millones de dólares que sostienen a miles de familias siendo el segundo ingreso nacional superando al petrolero (20 mil millones de dólares).

Lo cierto es que la derecha sudamericana creció gracias a la incompetencia de los progresistas en la tarea de retener el poder; ni siquiera sospecharon que estaban creando las condiciones para perderlo. Proclamar que “México también existe”, no resuelve el grave problema que Uruguay encarará (mejor, el Río de la Plata) en octubre del año próximo. Por cierto, ¿permitir la intrusión de tropas gringas en suelo patrio es un acto “progresista” u otra concesión a ser olvidada?

Continuando el artículo anterior en el que referimos las dificultades que tiene AMLO empeñado en llevar a cabo la llamada 4ª Transformación, rémoras entre las que descuella el paro constructivo del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México.

Recientemente se destaparon dos problemas que merecen la intervención del nuevo gobierno y que, contraerán serias rispideces al intentar resolverlos: 1) la acostumbrada elusión y evasión de impuestos, y 2) las pesadas comisiones bancarias.

México es uno de los países del mundo con menos tributación impositiva (la evasión raya en el 3% del PIB). En gran medida, porque los gobiernos neoliberales han preferido los impuestos indirectos (IVA) a lo directos. Asimismo, Hacienda es una verdadera cueva de Alí Babá; en su interior se mezclan las empresas dedicadas al lavado de dinero y las que laboran en bajar la tributación empresarial, basados en triquiñuelas claramente ilegales.

Las citadas triquiñuelas son 600 mil empresas operando en red que emiten facturas apócrifas; gracias a ellas, las empresas incluidas en este esquema, contabilizan gastos inexistentes y así reducen el monto a ser gravado. Este es un tema central del nuevo gobierno que necesita dinero para incrementar la inversión en pos de mejorar la salud del mercado interno. Hasta la OCDE aconseja aumentar la recaudación y afirma contundente: “Sólo así podrá cubrir las amplias necesidades sociales del país”.

En cuanto a las comisiones bancarias, se trata de cobros excesivos que representan el 30% de las ganancias. Cobros por transferencias a otros bancos; por las anualidades de la tarjeta de crédito; la reposición del plástico; consulta de saldo; retiros en efectivo en cajeros automáticos de otros bancos.

Apenas los congresistas pusieron el dedo en la llaga, esas instituciones (extranjeras casi en su totalidad) montaron en cólera y, mostrando músculo, consiguieron que la Bolsa descendiera cinco puntos. Es un lugar común la certeza de que esta banca súper concentrada (cinco poseen el 90% del mercado bancario), le sirve poco a un país urgido de crecimiento económico, toda vez que su negocio es dar crédito al consumo no a la producción.

Por último, es pertinente dejar en claro que los grandes ilícitos ejecutados durante los gobiernos anteriores no serán prioridad del presidente sino del sistema jurídico y de la PGR, que se convertirá en fiscalía autónoma. En cuanto a la Fiscalía (ex PGR), habrá muchas acciones a enmendar de lo actuado anteriormente, labor que merecerá el apoyo decidido del Congreso, que abrirá varias investigaciones.

Un momento álgido estallará al destapar la cloaca gubernamental de Chiapas, claro ejemplo de corrupción, autoritarismo e impunidad, cuyo gobernador pretende mitigar cobijándose en una conveniente ¿amistad? con el tabasqueño. Otros estados que presentarán problemas mayúsculos son Morelos, Guerrero, Veracruz y Michoacán, donde los crímenes han sorprendido a todos, especialmente, a los que están obligados a investigarlos y juzgarlos.

Lo cierto es que ante una tarea faraónica (la reconstrucción nacional), lo conveniente es elegir una estrategia inteligente, en virtud de ello, AMLO entiende que no puede abrir una cantidad inatendible de frentes. Lo primero es reducir la corrupción gubernamental, mejorar la tributación, aumentar la inversión pública y recuperar la posición mundial como nación soberana, lo que estará en la mesa cuando Nicolás Maduro llegue a la investidura de AMLO.

La persecución de los delitos le corresponde a la nueva Fiscalía, el combate al narcotráfico lo enfrentará el Ejército en un país virtualmente militarizado, mientras el nuevo gobierno trabaja en recuperar a la policía nacional -hoy inútil en un 70%- y finalmente, descarta subirse al ring con los virtuales dueños de México, al contrario, abrirá un espacio específico para debatir con ellos.

Muchos quieren que los responsables del brutal despojo paguen por sus crímenes, en tal sentido, AMLO insiste que no será un presidente vengativo, pero…consultará al pueblo si debe juzgarse a los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y al actual mandatario, Enrique Peña Nieto, por posibles actos de corrupción; consulta vinculatoria que realizará el Instituto Nacional Electoral. Si alguien desea presenciar un choque de trenes tendrá que esperar sentado porque parado se va a cansar. Como dicen los franceses: Peu a peus´arrive a plus.

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