#IdearioLos dueños del mundo y la extrema derecha

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Lo dicho y hecho por el presidente estadounidense es un ejemplo perfecto de cómo piensan y actúan los dueños del mundo: dejó sin ingresos a 800 mil funcionarios del Estado. Una trágica medida de presión para que el Congreso le regale 5.6 MMDD empeñado en levantar un pedazo de muro en la frontera con México (el muro completo supera los 50 MMDD). Empero, lo importante es que esa valla no resolverá el problema migratorio y, eso sí, creará un pleito político con su vecino y socio comercial, de alcance incalculable. Es tan manifiesto su desprecio por los mexicanos que ha reavivado un anti-gringuismo en suelo azteca emparentado al existente antes de los gobiernos neoliberales.

Sin embargo, al señor le tiene sin cuidado los afectados por sus políticas absurdas, sus caprichos, su falta de probidad. Le urge la tapia y para lograrlo, se desentiende del perjuicio provocado -en este caso- a casi un millón de connacionales.

Ha elevado a nivel del “supuesto conflicto” en la frontera a uno de Seguridad Nacional (sic), cuando tiene a su alcance la tecnología suficiente para protegerla. Además, unos miles de migrantes (hombres, mujeres, niños) no pueden representar un riesgo de invasión. Se trata de trabajadores no de una suerte de invasores bárbaros en los días de la declinación romana.

Así cómo se comporta este señor, lo hacen sus iguales quienes niegan tercamente, que el modo de producción es el verdadero destructor de la vida en el planeta y del planeta mismo. En especial, la convicción errónea de que los privados pueden hacer y deshacer a su antojo, mientras el Estado se obliga a reponer los platos rotos. Les importa poco la suerte de los seres humanos, lo relevante es engrosar sus fortunas que en definitiva son números en pantalla de computadoras. Debido a esta locura, han construido un mundo donde los hombres se agreden entre sí; donde prevalece la mentira, la desinformación, el extravío de aquello que nos define seres humanos.

Esta es la razón que provoca el resurgimiento de la ultraderecha, sobre todo en el los países desarrollados, en tanto crisis provocada por esa ominosa concentración de riqueza, la que lleva a la clase media a padecer una estrés crónico temerosa de perder su estatus. Y gracias a esa debilidad son manipulados por quienes, en vez de clarificar la situación, la empeoran poniendo frente a los ojos de la ciudanía una zanahoria llamada: chivo expiatorio. En este caso son los migrantes, en el Cercano Oriente, los terroristas, incluso en Brasil, Bolsonaro revivió a un viejo incurso: el comunismo.

Lo cierto es que estamos en los prolegómenos de una nueva crisis semejante a la sufrida en el 2008, gestada en un sinsentido calamitoso: el capital financiero cuadriplica al productivo o dicho en palabras llanas, hay cuatro veces más dinero que mercancías a comprar, impresionante cifra que pesa sobre las economías al transformarse en deuda emitida por los gobiernos ceñidos al mandato del FMI.

Al decir del economista mexicano Alejandro Nadal, los bancos inventan el dinero (dinero bancario) y los instrumentos financieros manejados en los hedge funds abultan los números de lo que conocemos como capital ficticio. El problema es que este casino resulta una bomba de tiempo que explotó en 2008 y lo volverá a hacer en breve.

Es fácil entender que tanto el capital financiero (altamente concentrado) está llevando a la humanidad a un callejón sin salida. A más acumulación capitalista, más desigualdad. En tal sentido, la economía global se enfrasca en una crisis que se resiente primero en los países pobres, los más explotados, los más deshilachados políticamente. Así empiezan las migraciones; respuesta lógica ante la falta de oportunidades en sus países. En esta misma locura, los europeos, norteamericanos, japoneses, ven recortados sus ingresos y derechos, dando vida a una crispación que, en vez de llevarlos a corregir la fuente del conflicto, lo agravan creando falsos culpables.

En definitiva, estamos viviendo los efectos de un modelo económico altamente deshumanizante que saquea, contamina, margina, empobrece. No existe un solo país cuyo gobierno esquive los endeudamientos sistemáticos (al que se suma la deuda privada). Peor aún, buena parte de esos empréstitos son en el fondo, rendimiento del capital financiero. En algunos países (v.gr. Argentina) se pide más crédito para abonar los réditos de empréstitos anteriores.

Y como todo modelo acumulativo, tiene un techo. Al llegar a él se acaba la ilusión de un futuro promisorio y lo que asoma es la violencia. He ahí el motivo del regreso de la ultraderecha, la vuelta a la represión ante un virtual estallido popular. Eso es Bolsonaro, Vizcarra, Macri, también Lacalle Pou si consiguiera una victoria en octubre.

Lo altamente paradójico es que los teóricos políticos del siglo XIX y buena parte del XX, consideraban que las contradicciones del capitalismo debían ser aprovechadas por quienes cifran su esperanza en el cambio del modo de producción. Al no divisarse “las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor” (ni la hija de Allende cree en ellas), la queja se transforma en acciones autodestructivas, por ejemplo, impulsar a la presidencia a Trump, un psicópata o a un energúmeno en el caso brasileño. Es tanta la vesania, que Macri se plantea su reelección, en una intención desligada por completo del resultado de su gestión. Al cabo que los comicios son ganados por los más tramposos.

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