#IdearioLos coletazos externos del fracaso

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La magra presencia de turistas argentinos en nuestros balnearios que confirma los sombríos pronósticos de los operadores privados para la presente temporada estival, constituye un contundente testimonio de la galopante crisis económica que impacta al vecino país.

La coyuntura, que afecta particularmente a la clase media, devino en un panorama sumamente desalentador, el cual corrobora el estrepitoso fracaso de la fábula montada por el PRO, la coalición Cambiemos y sus medios obsecuentes.

En realidad, estamos asistiendo a un nuevo fracaso del modelo neoliberal de acumulación capitalista, que bastardeó las promesas electorales y sepultó las esperanzas de quienes apostaron con su voto a un cambio que generara pública prosperidad.

En un abrir y cerrar de ojos, el espejismo de un país productivo que trascendiera el statu quo kirchnerista se difuminó rápidamente en el horizonte, pese a la campaña mediática que colonizó a los argentinos y demonizó el pasado para sostener la falacia institucionalizada del oficialismo.

A fines de 2017, el gobierno de Mauricio Macri anunció un 2018 con un crecimiento económico estimado en algo más de un 2%, una inflación controlada de no más del 15% y un dólar a 20 pesos.

Un año después, la economía ingresó en recesión y se contrajo en un 2%, la inflación cerró en una demoledora tasa del 47% y la moneda norteamericana cotiza a casi 40 pesos, el doble de lo vaticinado.

Como se sabe, ya en el primer tercio del gobierno, la caída de los subsidios a las tarifas públicas dispuesta por la administración Macri provocó un incremento de los servicios del entorno del 1.600%, lo cual disparó sustantivamente el costo de la vida.

Empero, la descomunal crisis cambiaria del año pasado devino en una descontrolada devaluación del peso y generó, sólo en el primer cuatrimestre de 2018, una suba de tasas del 40% y la venta de 8.000 millones de dólares de las reservas nacionales. La operación no logró rescatar al peso, que se hundió inexorablemente.

Esa situación desnudó otras vulnerabilidades estructurales del modelo macrista regresivo y culminó, como es bien sabido, con la firma de una draconiana Carta Intención con el Fondo Monetario Internacional.

Obviamente, el otorgamiento del crédito de 50.000 millones de dólares por parte del organismo multilateral, en el marco de un programa de asistencia de treinta y seis meses, no es gratis.

De la mera lectura de los términos contenidos en el documento rubricado entre el gobierno argentino y sus patrones del capital trasnacional, se infiere que la naturaleza del FMI no se ha modificado ni un ápice de lo que es su propia historia.

Naturalmente, la concesión de la asistencia condicionará la política económica de Argentina de los próximos años y la condenará a cumplir a rajatabla con las tradicionales recetas fondomonetaristas.

A partir de esta decisión, el país volvió a perder su soberanía y debió someterse a los dictados y las auditorias del gendarme financiero, que suelen ser tan estrictas como implacables.

Según lo acordado, el gobierno argentino se comprometió a recortar drásticamente el gasto en obra pública, lo cual ya comenzó a impactar negativamente sobre el marcado de trabajo, a limitar radicalmente las transferencias monetarias a las provincias, a seguir reduciendo los subsidios a los servicios públicos, a ajustar a la baja las erogaciones salariales en el Estado y a reformar el sistema de seguridad social.

Estas medidas deberán converger a un sustantivo abatimiento del déficit fiscal, pero a costa de recesión económica y políticas hambreadoras. Una de las primeras consecuencias es el aumento de la tasa de pobreza, que trepó al 33%, guarismo porcentual que equivale al cuádruple del índice de nuestro Uruguay.

Empero, como si no fuera suficiente, el déficit fiscal subió a un 10% del Producto Interno Bruto argentino y el riesgo país se ubicó en 830 puntos básicos, entre otros datos negativos.

En tanto, la tasa de desempleo, que es uno de los números más sensibles de la economía por su alto costo social, llegó al 11%, su punto más alto de los últimos 12 años.

Tan o más inquietante aun es la caída del poder adquisitivo de los argentinos, que el año pasado superó el 7%. En tanto, si se compara el período diciembre de 2017 con diciembre de 2018, la depreciación trepa al 17,7%.

En Uruguay, desde tiendas opositoras y empresariales -que operan bajo el mismo paraguas del bloque conservador- se afirma que el reducido número de argentinos que llegan para veranear es consecuencia de los nuestros altos precios internos.

Si bien nadie niega que Uruguay esté caro, hace apenas un año la temporada marcó un récord con la misma estructura de costos, lo cual desvirtúa la falacia que atribuye la responsabilidad al gobierno por esta coyuntura.

Lo que cambió radicalmente fue la situación de Argentina. El modelo macrista fracasó, lo cual constituye un llamado de alerta para los votantes desencantados.

No olvidemos que la derecha uruguaya pregona el mismo credo neoliberal y desregulador que sus colegas argentinos, que, hace apenas 17 años, devino en la peor crisis económica y social de nuestra historia reciente.

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1 comentario
  1. Ana dice
    El tema argentino por un lado y los operadores turísticos que no terminan de aprender como trabajar en épocas difíciles

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