"Casi 34 millones de personas en toda América Latina y el Caribe"Los ciudadanos invisibles de América Latina

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Imagina que no tienes registro de identidad. Tu familia y tus conocidos saben tu nombre, tu edad, de donde eres. Pero cuando naciste no se generó una acta de nacimiento, y sin ella no puedes ejercer ninguno de tus derechos civiles porque en el papel no eres un ciudadano. Sin documentación, eres legalmente invisible.

Esa es la situación de casi 34 millones de personas en toda América Latina y el Caribe, de acuerdo a la iniciativa Identificación para el Desarrollo del Banco Mundial, lo que las priva del acceso a la educación, al voto y a la salud, entre otros derechos.

La falta de un documento de identidad te puede perjudicar durante toda la vida. Según una investigación realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) , a los niños sin documentación se les administra, en promedio, hasta un 13,9% menos vacunas para combatir enfermedades mortales o que causan daños importantes a la salud como la difteria, tuberculosis, tos ferina, polio, sarampión o tétanos, en comparación a una persona con registro.

La demora en la aplicación de esas vacunas reduce su efectividad y su omisión deja expuesto a los niños a la enfermedad.

El impacto de la falta de registro sobre la salud es tan grande que en varios países de América Latina y el Caribe es la principal barrera a la aplicación de vacunas. Esto se debe a que los centros médicos se resisten a dar el servicio si no pueden comprobar su identidad, la relación de parentesco con los padres o tener certeza de la fecha de nacimiento del niño.

En los países con programas de salud públicos o subsidiados, la falta de una cédula de identidad también puede inhibir el acceso a una gama más amplia de servicios de salud al no poder comprobar sus datos personales.

En otras etapas de vida, como la infancia y la juventud, la falta de registro afecta el acceso a la educación. Por razones similares a los centros de salud, las escuelas pueden negar el acceso a los estudiantes si no logran confirmar su situación familiar, residencia o certificar sus logros académicos.

De acuerdo a la investigación realizada por el BID, los niños sin registro tienen hasta un 17,7% menor probabilidad de estar matriculados en una institución educativa que sus contrapartes con registro.

Si bien, en algunos casos se les permite la entrada al ciclo escolar de manera temporal, los establecimientos educativos no permiten el egreso sin la presentación de la documentación, lo cual afecta su acceso a niveles educativos más avanzados. Esto contribuye a que tengan hasta un 25,3% menor probabilidad de tener acceso a la educación primaria y hasta un 19,5% de tener acceso a la secundaria.

¿Por qué no se registran?

La mayoría de las personas son registradas mediante un acta de nacimiento en el mismo centro de salud donde nacieron o pocos días después en un registro civil. Sin embargo, para algunos realizar este proceso presenta muchas dificultades. Las barreras varían en cada país, aunque la mayoría provienen de comunidades de escasos recursos en zonas aisladas, tienen padres que también carecen de registro o que pertenecen a grupos indígenas.

En el caso de comunidades de escasos recursos en zonas aisladas, el trayecto al registro incurre un costo económico y de tiempo que muchas veces les es imposible pagar.

«Para la población más pobre tramitar su DNI (documento nacional de identidad) les era imposible. Tenían que pagar por un acta de nacimiento, pagar por la fotografía y trasladarse desde su pueblo a una agencia de registro. Les lleva un día de trabajo costear todos esos trámites», dice Rodolfo Porras, coordinador regional de Huancayo del programa de Registro Nacional de Identificación y Estado Civil de Perú.

Un caso representativo de esta situación es el de Bolivia.

Al ser un país con una geografía montañosa y de difícil desplazamiento, las personas que viven a una distancia lejana del registro civil tienen una menor probabilidad de registrar a sus hijos.

El BID encontró que, por cada kilómetro de distancia entre un niño y el registro civil, la probabilidad de que no se registren al niño aumenta 0,1%. Es decir, si un niño o niña vive a 500 kilómetros del registro civil más cercano, sus probabilidades de contar con un DNI en el futuro son solo de 50%.

Mientras el efecto parece pequeño, para el 12% de las comunidades de Bolivia que están a más de 25 kilómetros de distancia de la oficina más cercana, el impacto de la distancia es sustancial. Además, cuando el niño nace durante el invierno, por las malas condiciones de los caminos, aumenta la probabilidad de que no sea registrado en un 6,4%.

Para otras personas, la falta de registro puede ser por falta de costumbre o desconocimiento de su importancia. En las familias donde los padres, en particular la madre, carecen de registro es menos probable que los hijos sean registrados. Por ejemplo, en República Dominicana, cuando la madre carece de registro de nacimiento, su hijo tiene 32% menor probabilidad de contar con una identificación en el futuro.

En las comunidades indígenas, se suma una dificultad adicional: la falta de comprensión del idioma español. En promedio, aquellas personas que hablan una lengua indígena tienen un 8,9% menor probabilidad de tener un acta de nacimiento. En Perú, la principal barrera al registro está asociada a pertenecer a una comunidad indígena.

Èl BID ha apoyado diversos proyectos para fomentar el registro de personas en varios países de la región, entre ellos Perú, Uruguay, Ecuador, El Salvador, Honduras, Jamaica, Panamá y Guatemala. A través de estas acciones se ha contribuido a que la tasa de subregistro de nacimiento disminuya en un 6%. Tan solo en Ecuador, se logró reducir la tasa de subregistro de hasta un 20% en la población adulta en 2006 a 2,5% en 2016.

Uno de los proyectos más innovadores del BID en la materia se produjo en Perú, en la región de Huancavelica. Mediante una donación del BID por 500.000 dólares, en 2010 se apoyó al Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) a crear una estrategia que registradores itinerantes.

La estrategia estuvo compuesta de equipos de registradores que se desplazaban a los pueblos remotos de la región y visitaban puerta por puerta a los ciudadanos, con sus equipos fotográficos y todo el material necesario para hacer el registro y la entrega del certificado de nacimiento en su residencia. Para atender a las comunidades indígenas, se contrató a personal bilingüe en español y quechua para apoyarles a llenar los formularios.

A la par, se realizaron campañas informativas en las plazas públicas, en la radio y en medios comunitarios en los siete departamentos de la región. En un periodo de tres años, se logró registrar a 500.000 personas.

Una de las beneficiarias de este programa, Candelaria, acompañó a su tía de 80 años a la plaza del pueblo a sacar, por primera vez, un documento nacional de identidad.

«Ya mi tía va a tener su identidad por primera vez. Ya va poder atenderse en los hospitales y va a poder cobrar su pensión», dice.

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