Muchas investigaciones científicas permanecen en la nada por falta de ayuda económica de parte de los gobiernos latinoamericanosLos científicos latinoamericanos sufren falta de financiación

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Cuando la inestabilidad económica de una región se suma a  un incremento de la inflación, los gobiernos de América Latina suelen realizar recortes presupuestales a las universidades públicas, y esto afecta directamente a los centros de investigación científica, como es el caso actualmente del laboratorio de virología molecular de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Algo similar sucede en Argentina, en donde la crisis económica impide el reemplazo de tres equipos dañados imprescindibles para la fabricación de la vacuna para combatir la fiebre hemorrágica argentina. Las dosis que se encuentran hoy en el país son insuficientes para cubrir la demanda, lo que pone en riesgo a millones de argentinos que habitan la región de mayor riesgo de contraer la enfermedad, región para la cual además la vacuna es obligatoria después de los 15 años. Incluso si los equipos necesarios se consiguiesen, la producción de las dosis necesarias para satisfacer la demanda tomaría cerca de un año. La Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología, la Sociedad Argentina de Virología y la Asociación Argentina de Microbiología                                                                 han alentado en un comunicado “a las autoridades sanitarias nacionales a generar las acciones necesarias para asegurar la continuidad de la producción de vacuna en Argentina en forma oportuna”.

Una situación de la misma índole sucede en Brasil, donde encuentra dificultades financieras un estudio que busca determinar si un medicamento utilizado contra la malaria no podría servir también como un inhibidor de la replicación del virus zika, virus que afecta a cerca de 10 mil personas en este país. Rodrigo Brindeiro, genetista del Laboratorio de Virología Molecular de la Universidad Federal de Río de Janeiro que lidera esta investigación, dijo a El País de Madrid que al ya estar aprobado para su uso el medicamento contra la malaria, el invertir en este estudio permitiría ahorrar enormemente en nuevos medicamentos. Sin embargo, el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico Tecnológico (CNPq, por sus siglas en portugués) ha decidido este año recortar el financiamiento de  84 mil investigadores, lo que pone al avance científico en Brasil en una cuerda floja. «Si continuamos con este escenario no podremos proseguir nuestros estudios», admitió el genetista. De hecho, la inversión en ciencia y tecnología viene en descenso desde el 2016, pero este 2019 ha caído el presupuesto hasta alcanzar una tercera parte de lo que era en 2010.

Estos recortes en la financiación de proyectos de investigación de interés universal representan un hecho de suma preocupación para la comunidad científica latinoamericana, no sólo porque perjudica su propio trabajo, sino porque compromete el bienestar de toda la población en su conjunto. “Si bien algún cínico ignorante pueda argumentar que no pasa nada si se deja de financiar la ciencia y la tecnología en nuestros países, el impacto de interrumpir la investigación y los múltiples beneficios de la ciencia para la sociedad sería profundamente perjudicial porque perderíamos una de las pocas brújulas y fuentes de ideas para pensar y hacer efectivo un futuro mejor”, reflexionó Hebe Vessuri, doctora en antropología social y premio Bernardo Houssay 2017 a la Trayectoria en las ciencias sociales de Argentina. Actualmente profesora invitada en la Universidad de Los Andes de Bogotá, Colombia, e investigadora emérita del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Vessuri resaltó que “la inversión pública en ciencia y tecnología continúa siendo crucial en todos los países”, pero añadió que de seguir transitando por la vía de los recortes presupuestarios nos aguarda “ser furgón de cola de un tren que nos lleva no sabemos dónde y caernos en el trayecto con cualquier cambio o giro en el camino”.

En diciembre de 2006, le asignaron un presupuesto de 1.302.325 millones de dólares (2.800 millones de bolívares) a Nieves Canudas, profesora de la Universidad Simón Bolívar, para su proyecto. El trabajo buscaba desarrollar ungüentos con compuestos que pudiesen destruir agentes patógenos en la piel de personas con quemaduras. Con ese dinero compró equipos e insumos para el laboratorio. Pero la investigadora no logró pasar de la concepción de los compuestos necesarios para hacer realidad un sueño que nunca dejó de ser proyecto. Desde el año pasado tuvo que dejar de trabajar en su investigación por no poder reparar el cromatógrafo de gases-masas y el de resonancia magnética nuclear de protones. “No tenemos dinero para culminar el proyecto. Necesitábamos 90.000 bolívares, pero eso ahora es insuficiente para las necesidades que tenemos. Tampoco alcanzaría para hacer las pruebas en el bioterio”, refiere Canudas.

Para Gabriela Dutrenit, coordinadora de posgrado en Economía, Gestión y Políticas de Innovación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, detrás de todos estos recortes e indiferencia hacia la ciencia y las innovaciones tecnológicas hay un “desconocimiento generalizado de la población y de los políticos respecto del papel de la investigación científica, que no les hemos sabido transmitir”. “Tenemos que hacer ver a la sociedad los beneficios que obtiene de la investigación, y hacerles entender a los políticos que incluso económicamente no es conveniente una reducción de la inversión en desarrollo científico-tecnológico, por las consecuencias que trae para la sociedad”, afirmó. Y agregó: “Hay que hacerles ver que la afectación [a la sociedad] no será de un día para el otro: si yo le bajo un dólar a la inversión no voy a ver de inmediato [sus efectos], pero a mediano plazo sí, porque quienes estaban haciendo determinada investigación ya no pueden seguir, y algo que podía ser un beneficio para una población afectada demorará más tiempo en generar el conocimiento que se plasma en nuevas técnicas”.

Cuando los fondos destinados  la investigación escasean aún cuando el panorama proyectado para la humanidad en general no es muy favorable en un futuro cercano,  existen quienes defienden el cese de la inversión pública en ciencia y tecnología. Pero para Gabriela Dutrénit “no es el momento”. “No creo que la inversión privada pueda suplir [a la inversión pública] en nuestros países”, opinó. Dutrénit considera que los países latinoamericanos todavía tienen muchas capacidades científicas y tecnológicas por construir. “Aún no hemos llegado a tener esas masas críticas que se requieren para que se adquieran dinámicas propias” por lo que el estado “no se puede retirar de seguir asumiendo la necesidad de una fuerte inversión pública en ciencia y tecnología”. “Se requiere todavía de inversión pública, no solo por liderazgo, sino para que marque las áreas donde hace falta invertir para que contribuir al desarrollo económico y al bienestar social, porque la empresa privada se va a guiar por criterios de rentabilidad”, concluyó.

 

 

 

 

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  1. […] Para Gabriela Dutrenit, coordinadora de posgrado en Economía, Gestión y Políticas de Innovación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, detrás de todos estos recortes e indiferencia hacia la ciencia y las innovaciones tecnológicas hay un “desconocimiento generalizado de la población y de los políticos respecto del papel de la investigación científica, que no les hemos sabido transmitir”. “Leer la Nota Original […]

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