#OpiniónLos católicos uruguayos y el Colegio Cardenalicio

Un uruguayo integra desde hace pocas horas el Sacro Colegio Cardenalicio de la Iglesia Católica. El domingo 4, el papa Francisco I anunció al mundo que el actual arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla (55), se transformaba en cardenal.

Es el segundo en toda nuestra historia. El primero fue Antonio María Barbieri (1892-1979), que también estaba al frente de la principal diócesis del país (Montevideo, desde 1940), cuando Juan XXIII le confirió ese estatus excepcional. Barbieri participó en las sesiones del Concilio Vaticano II -iniciadas el 11 de octubre de 1962- y fue uno de los electores del papa Pablo VI (1963). Después de muchos años de enfermedad que lo tuvieron al margen de la vida pública, Barbieri falleció el 6 de julio de 1979.

Desde ese momento, mucho se especuló sobre posibles sucesores. Debieron pasar 35 años y casi 6 meses. El elegido ahora para ser cardenal resultó ser Sturla, formado en la orden de los salesianos, que ha sido sacerdote (1987), obispo auxiliar de Montevideo (2011) a instancias del Benedicto XVI; y arzobispo desde febrero de 2014, tras la renuncia, por razones de edad (75 años), de Nicolás Cotugno. Un pastor abierto, que sintoniza con la renovación que viene impulsando en la estructura de la Iglesia Católica el actual papa Francisco I, que asumió en 2013.

Barbieri fue en su época una personalidad destacada (historiador, hagiógrafo), ocupó un sillón en la Academia Nacional de Letras y el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Integró la orden de los hermanos capuchinos; fue ordenado sacerdote (1921); estudió en Italia (Universidad Gregoriana de Roma) y se doctoró en teología (1923).

En Montevideo, fue el superior de los capuchinos, obispo auxiliar (1936), del arzobispo Juan Francisco Aragone (segundo arzobispo de Montevideo, desde 1919); titular del arzobispado (20/11/1940), hasta su renuncia (17/11/1976). Escribió varios ensayos muy valiosos, como “Los capuchinos genoveses en el Río de la Plata, de 1933), El 15 de diciembre de 1958, cuando Barbieri tenía 66 años, y hacía 18 que era arzobispo de Montevideo, se convirtió en el primer uruguayo en ser nombrado cardenal. Era otra época, con otros desafíos.

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