Los científicos se encuentran intentando sintetizar artificialmente la carne, los huevos y la leche para evitar en el futuro el tener utilizar a los animales para alimentarnosLos alimentos provenientes de animales se sintetizarán en un laboratorio

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Si hay un tema concerniente a la alimentación que revolotea en las últimas décadas a la moral humana, ese es el abuso que el ser humano hace de otros animales para nutrirse. Pero la ciencia se encuentra ya hace tiempo investigando para poder generar en un laboratorio tejido muscular como para poder reemplazar al tejido «vivo» que ingerimos de los animales que comemos. Aunque sus consecuencias en la salud aún no están del todo claras, la llamada «carne sintética» ya está camino a hacerse con el mercado. Pero no solo la carne sintetizada en laboratorio está cotizada en Wall Street, también se encuentran recorriendo ese camino la leche y los huevos sintéticos.

Los olores, texturas y gustos pueden ser similares entre los diferentes productos sintéticos que se logran en laboratorio, pero no todos pasan las pruebas de sanidad necesarias para entrar en el mercado. También están hace tiempo en venta productos con «sabor animal» elaborados completamente con componentes vegetales de la mano de empresas como Heüra, Beyond Meat, Good Catch o Just. También existen proyectos más complejos como el de la empresa Novameat, que busca producir imitaciones de productos cárnicos a través de una impresión 3D que también utiliza ingredientes vegetales. Aun así, las proteínas vegetales no logran igualar las de origen animal.

La respuesta a este problema la da la biotecnología: introduciendo en microorganismos el material genético que codifica las proteínas de origen animal. Así, bacterias, levaduras y hongos fabricarían las proteínas que constituyen los tejidos musculares animales, las cuales, mezcladas con grasas y azúcares vegetales, darían productos cárnicos y lácteos que salvarían a la mente humana de los callejones sin salida de la moral. Empresas como Real Vegan Cheese o New Culture ya utilizan estas técnicas para producir quesos, así como Perfect Day logró de esta forma sintetizar la caseína y otras proteínas de la leche. Para tratar de imitar el sabor de la carne, también se utilizan moléculas vegetales similares a la hemoglobina de la sangre, como la leghemoglobina que se encuentra en las raíces de las leguminosas. Una de las empresas en incursionar en este camino ha sido Impossible Foods.

El último paso en la evolución de esta «carne sintética» es la carne auténtica cultivada artificialmente en un laboratorio. Extrayendo células madre del tejido muscular de un animal vivo, es posible multiplicar estas células en el interior de un biorreactor aportándoles nutrientes para obtener varias capas de fibras musculares. No es posible aún producir partes enteras de un animal ya que una pata de cordero está formada por más componentes que simplemente fibras musculares (grasa, tejido conjuntivo, vasos sanguíneos), pero sí es posible fabricar alimentos como hamburguesas o chorizos mezclando estas fibras sintéticas con otros ingredientes. El primero en presentar la primera hamburguesa sintética de vacuno fue Mark Frost en 2013, pero también se encuentran los proyectos de Memphis Meat que busca fabricar productos con carne de pollo, o de New Age Meats que se concentra en la carne de puercos. Más recientemente, en 2018 Aleph Farm anunció que había logrado sintetizar en laboratorio todos los componentes celulares que constituyen un filete, incluso dándole la misma estructura tridimensional.

La producción de alimentos que sustituyan aquellos provenientes directamente de animales no sólo alivian el peso moral sobre las mentes humanas, sino que también se encuentran acorde con los objetivos de protección medioambiental. La carne sintetizada en laboratorio necesita mucho menos tierra para su producción, su producción consume mucho menos agua, gasta mucho menos los suelos y reduce considerablemente la emisión de gases de efecto invernadero. Por otro lado, el diseño de la carne puede balancearse para optimizar su impacto positivo en la salud pública, y, al ser producida esta carne en un laboratorio, es posible asegurarse de que los alimentos que entran al mercado están libres de patógenos.

 

 

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