Investigadores israelíes lograron modificar en laboratorio a Escherichia Coli para que ayude a reducir el calentamiento globalLogran modificar una bacteria intestinal para que consuma CO2

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Una de las mayores amenazas que enfrenta la humanidad en su totalidad y que está actualmente en boca de todos es el denominado «cambio climático» o «calentamiento global». El principal gas que colabora con esta amenaza es el dióxido de carbono (CO2), el mismo gas que expiramos cuando respiramos y que, aunque no sea el de mayor efecto invernadero, sí es el que se libera en mayor cantidad. Recientemente, un equipo de científicos israelíes ideó un sistema de «factorías biológicas» que convertirían a este gas en alimento y combustible gracias a la acción de la bacteria intestinal Escherichia coli.

Los investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias en Rejovot (Israel) lograron modificar a esta bacteria para que en vez de consumir azúcar consuma CO2, proyecto de lo más ambicioso ya que es muy difícil transformar un microorganismo para que sobreviva en base a otro recurso diferente al que utilizan naturalmente. En efecto, en este caso en particular, E. coli es un organismo heterótrofo, osea que es incapaz de generar su propia materia orgánica a partir de sustancias inorgánicas, y los investigadores lograron hacer esto posible haciendo de este microorganismo un autótrofo. Es la primera vez en la historia que la ciencia logra transformar en laboratorio a un heterótrofo en un autótrofo. Esta capacidad es característica de las plantas, las cuales consumen CO2 para elaborar sus compuestos carbonatados durante el proceso de la fotosíntesis. Ron Milo, científico que encabeza este estudio publicado en la revista Cell, pretende que el descubrimiento permita en el futuro atacar tres problemas a la vez: luchar contra el calentamiento global, contra la escasez de alimentos y aumentar la producción de combustibles renovables.

 

Aunque la bacteria modificada sea capaz de generar su materia orgánica a partir del dióxido de carbono, ésta aún continúa expulsando este gas de efecto invernadero a la atmósfera. Sin embargo, la materia orgánica producida por esta bacteria al consumir COpuede ser utilizada para alimentar al ganado, y el proceso serviría para generar combustibles a través de subproductos como el etanol y el butanol. “Creemos que este avance podría allanar el camino hacia la producción industrial de alimentos y combustibles renovables”, explicó Milo a El País de Madrid. E. coli es una residente común en el intestino del ser humano que se alimenta normalmente de azúcares para producir energía, pero Milo y su equipo fueron capaces de modificar su genoma a través de ingeniería genética para que este microorganismo deje de utilizar en este proceso azúcares y pase a emplear CO2 y unas moléculas llamadas formiatos.

“En el futuro, quizá podremos utilizar energías renovables para impulsar la fijación de CO2 y la producción de proteínas en estas bacterias”, afirmó Milo. “Al producir combustibles con cero emisiones netas en entornos industriales, podríamos reducir el consumo de combustibles fósiles y, por lo tanto, disminuir las emisiones globales de CO2”, agregó. “Las bacterias no podrían sobrevivir en la naturaleza, ya que no tendrían las fuentes de energía necesarias y serían desplazadas por bacterias naturales más aptas. No queremos interferir de ninguna manera en la ecología natural”, informó el investigador israelí. Aunque estos escenarios sean muy prometedores, el estudio presenta una debilidad ya mencionada anteriormente: en el proceso de hacer que E. coli metabolice CO2 también se libera el mismo gas a la atmósfera. Los responsables de esta liberación son los formiatos utilizados como fuente de energía, resultando en una mayor producción que consumo de CO2. Pero los científicos confían en que en el futuro estas sales podrían producirse a partir de energía renovable y dióxido de carbono atmosférico. “En ese escenario, las bacterias serían fijadoras netas de CO2 de la atmósfera en lugar de emisoras”, especuló el científico.

 

 

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