Las prioridades económicas de la oposición

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Entramos en los últimos dos meses de las elecciones internas para elegir los candidatos presidenciales de cada partido. En el Partido Colorado hay tres candidatos que se pueden ampliar en los próximos días y en el Partido Nacional hay 4 candidatos. En el Frente Amplio hay también 4 candidatos. La novedad de estos días son las controversias internas que se dan en los partidos tradicionales. En el Partido Colorado aparece Talvi, segundo en las encuestas, criticando a Sanguinetti para lograr más espacios propios, pero que no necesariamente le ayudan a mejorar al partido. En el Partido Nacional la revelación es la candidatura de Sartori que genera fuertes controversias internas. Su fuerza está básicamente en el dinero que utiliza para su campaña e inicia sus críticas a Lacalle Pou expresando que sería muy buen vicepresidente. A su vez, los otros candidatos critican a Sartori por su extraordinaria ignorancia sobre la realidad nacional. En el Frente Amplio los 4 candidatos mantienen una actitud muy unitaria y en las encuestas hay mejoras, pero aún lejos de los datos provenientes de 2014.

Toda la oposición a la derecha del FA, desde Mieres del Partido Independiente, pasando por los partidos Nacional y Colorado y llegando a Novick y seguramente Manini Ríos, tienen como primera preocupación económica el tema del déficit fiscal. Sienten que este tema debe ser atacado prioritariamente porque consideran que es la causa de todos los males. En esta posición se ubican los economistas ortodoxos, los neoliberales, el Fondo Monetario Internacional que aplica esta receta al gobierno de Macri en Argentina. Todos estamos viendo y viviendo los desastres económicos de la Argentina que con esta prioridad genera desequilibrios financieros en el mercado cambiario, muy elevada inflación, alta desocupación, caída de los salarios y fuertes aumentos en las desigualdades.

El énfasis en el déficit fiscal tiene fundamentos basados en las relaciones de poder y de carácter ideológico. Las centradas en las relaciones de poder derivan de la fuerza de lo financiero frente a lo productivo, de que las grandes ganancias se logran en el campo financiero, del gran poder de las instituciones financieras privadas para garantizar el pago de los servicios de la deuda. Para esto último, utilizan a las calificadoras de riesgo que otorgan grado inversor a quienes garanticen dichos pagos. Proponen ajustes fiscales para alcanzar superávits primarios (antes del pago de intereses) para asegurar el pago de los servicios de la deuda. Amenazan permanentemente a los países para priorizar el tema del déficit fiscal.

En el campo ideológico enfrentar el déficit fiscal significa bajar el gasto público para después bajarle impuestos a las empresas. Pero en última instancia, el fundamento central es minimizar la acción del Estado, considerando que todo lo que hace el Estado es vicioso, mientras que todo lo que hace el sector privado es virtuoso. Minimizar el Estado significa que el libre juego del mercado y el sector privado están en condiciones de resolver todos los problemas económicos y sociales. La realidad se aleja de este pensamiento como ocurrió en EEUU con su crisis del 2008 o como le sigue ocurriendo a la Unión Europea posterior a dicha crisis. Destacados economistas como Dani Rodriock, Paul Krugman y Joseph Stiglitz son fuertes críticos de este pensamiento ortodoxo.

Toda la oposición está muy unida de que el déficit fiscal es la prioridad y son los que tuvieron gran alegría con el triunfo de Macri, que aplica la receta del FMI a rajatablas. Azucena Arbeleche candidata al Ministerio de Economía y Finanzas del candidato Luis Lacalle Pou encabeza esta posición. La controversia es política fiscal para asegurar el pago de los servicios de la deuda y minimizar el accionar del Estado o utilizar a éste para el crecimiento, mejorar el empleo y para la redistribución del ingreso. Crecimiento con más inversión pública y mayor demanda interna. Redistribución por la vía impositiva, pero especialmente a través del gasto público social, que en los gobiernos del FA pasó de 19% del PBI a 24%. Atender el déficit con mayores ingresos derivados del crecimiento e impuestos directos a altos ingresos y riqueza, pero también enfrentar los mayores gastos por transferencias y los aumentos de la seguridad social, que sin ninguna duda habrá que resolver. El déficit fiscal hay que atenderlo, pero la prioridad pasa por el crecimiento, por el contenido de éste para asegurar mejoras en el empleo que es el gran objetivo prioritario y la redistribución de la riqueza y el ingreso.

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