#OpiniónLas muchas caras del coronavirus y sus formas de combatirlo

Uruguay – al igual que el resto del mundo – se enfrenta al impacto de un virus, el COVID-19. La organización mundial de la salud (OMS) lo ha declarado pandemia.

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Es muy importante que todas y todos nos cuidemos, respetar las indicaciones del Plan de Contingencia de ASSE y del Sistema Nacional de Emergencias, salir lo menos posible de la casa, cuidar a las y los uruguayos que presentan un perfil de riesgo mayor, las personas que padecen otra enfermedad y las más grandes de edad.

La salud es lo primero y hoy lo principal es la detección y la contención de la propagación del virus. Después veremos todo lo demás, pero de esto no hay dudas.

Todos los esfuerzos que hagamos en ese sentido son pocos.

Uruguay cuenta con un Sistema Nacional Integrado de Salud, una presencia de ASSE en todo el territorio nacional y un Sistema Nacional de Emergencia, que están permitiendo una rápida respuesta.

Eso es lo principal y debe concentrar todos los esfuerzos.

Pero el impacto del virus y de las medidas que se deben tomar para combatirlo, alcanza claramente la esfera económica y social y de una manera muy aguda.

Por eso, además de el Plan de Contingencia de Salud, es imprescindible espacios de diálogo social para acordar medidas que atiendan esas otras esferas. Debe combatirse al virus con una mirada integral.

Reiteramos, en salud están los especialistas, y la experiencia internacional, la de los países que están enfrentando al virus hace más tiempo: la experiencia de China, Cuba, Corea del Sur e incluso Francia parece marcar el camino, en cuanto a interrumpir los espacios de contacto social, todo lo que sea posible, para evitar la propagación y poner todos los recursos del Estado y privados, para actuar coordinadamente y cubrir a toda la población.

Pero a la vez hay que atender los problemas que generan esas medidas. Hizo bien el PIT-CNT en plantearlo, también la declaración de la Intersocial y el Frente Amplio en la resolución de su Secretariado. Hay que tomar medidas para reactivar la economía, en general, claro está, pero muy especialmente para que el impacto en los trabajadores y los sectores más humildes de la población, no sea tan duro.

En Francia por ejemplo, el gobierno de derecha de Macrón estableció medidas para que no suban los precios de la canasta sanitaria y de los bienes de primera necesidad. También lo hizo con los alquileres y las tarifas públicas, entre otras medidas.

En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández, anunció un paquete de reactivación que incluye control de precios, aumento de la inversión en obra pública y un bono especial para los sectores más vulnerables.

El contraste – faltaba más – son los gobiernos como el de EEUU (Trump), que primero negó la gravedad de la crisis y luego tomó medidas dirigidas fundamentalmente a los bancos y la bolsa de valores; o el de Brasil (Bolsonaro), que sigue negando la crisis, no toma medidas sanitarias generales y tampoco económicas. Un verdadero disparate.

Es cierto que el COVID-19 nos puede infectar a todos por igual, que no distingue fronteras, ni clases sociales, ni razas, ni religiones, ni ideología. Pero también es cierto que quienes más tienen cuentan con más elementos para aguantar el impacto y protegerse mejor. También que hay sectores de la sociedad que pueden contribuir más que otros en los costos de enfrentar al virus y en la recuperación.

Hay que atender a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, ahí están los planes del MIDES y el Sistema de Cuidados para hacerlo. Hay que contemplar a los trabajadores y trabajadoras, con seguros de paro especiales, con aspectos alimenticios. Hay que controlar la especulación de precios y el acaparamiento de productos de salud y de alimentación. También hay que atender a la pequeña y mediana empresa y productores que van a sentir el cimbronazo y mucho.

El gobierno atendió el reclamo y en esta situación, pospuso el envío del polémico proyecto de Ley de Urgente Consideración. Debería desestimarlo definitivamente.

Parece razonable – hasta imprescindible podíamos afirmar – que deje sin efecto también, el aumento de tarifas públicas y del IVA anunciado para el 1º de abril.

También parece recomendable que anule la decisión de recortar la ejecución presupuestaria resuelta por decreto. En tiempo de contracción y adversidades el Estado debe jugar fuerte y contribuir a sostener la economía nacional y la de cada uno de los uruguayos y las uruguayas. Ha quedado demostrado en ocasión de otras crisis, que las medidas más efectivas son las contraciclícas.

En estos largos e interminables días, hemos podido observar dos formas diametralmente opuestas de reaccionar frente a la pandemia. Por un lado la iniciativa del presidente de Chile, Piñeda, que convocó a una reunión virtual de gobiernos del Sur de América, para coordinar acciones conjuntas frente a este problema. Pero no a todos, excluyó a Venezuela. Los que nos dan cátedra de no tener relaciones diplomáticas ni comerciales por ideología, marginan a un pueblo de 30 millones de personas, por ideología.

En el otro extremo, una vez más, se ubica el ejemplo de Cuba. Esa pequeña isla, en medio de dificultades económicas bestiales, explicadas en buena parte por el criminar bloqueo comercial de EEUU, ha dado otra vez una lección al mundo.

El Interferón es uno de los medicamentos que ha demostrado ser efectivo para combatir los efectos del virus. Es un remedio cubano. Cuba ha mandado miles de dosis a China. También ha mandado médicos a varios países donde la situación es más crítica. Y como si fuera poco ahora recibió en su puerto a un crucero del Reino Unido que venía con personas infectadas para que sean repatriadas a su país.

Me parecía injusto no decirlo. La derecha y sus mandaderos no dan puntada sin hilo y aprovechan cada instancia para discriminar al que piensa distinto y aunque los grandes medios no lo hicieron, los pueblos no son tontos y se informan. La verdad siempre puede más.

Dicho esto, volvemos a reiterar, hay que cuidarse y cuidar. No hay que crear pánico, hay que ser muy responsable y cuidadoso que es distinto.

Es hora de la responsabilidad organizada y de solidaridad práctica.

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