TEATROLas insalvables cicatrices

El teatro en tiempos de pandemia tuvo «El accidente» de un bue texto y buenas actuaciones en el Solís.

“El accidente. Pesadillas patrióticas y otras creencias”, de Gabriel Peveroni. Elenco: Adriana Ardoguein (Cata), Gabriela Pintado (Ciriaca), Romina Capezzuto, (Berta) Adrián Prego (Turista), Nicolás Suárez(Relator), Franco Rilla(Punk). Federico Deutsch /Saéz’93: Banda sonora en vivo. Diseño de vestuario: Johanna Bresque. Diseño de escenografía: Mateo Ponte. Diseño de iluminación: Ivana Domínguez. Trabajo corporal y danza: Daniella Pássaro. Fotografía y diseño gráfico: Alejandro Persichetti. Dirección general; María Dodera. Sala Zavala Muniz del Complejo Solís.

La obra

Definición de la palabra accidente según la RAE: 1) “Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas”. 2) Suceso eventual o acción de que resulta daño involuntario para las personas o las cosas. 3) Indisposición o enfermedad generalmente grave y que sobreviene repentinamente. 4) Pasión o movimiento de ánimo.
Podemos así observar que estas cuatro definiciones se van de a poco complementando desde lo eventual( sujeto a cualquier evento o contingencia ( posibilidad de que algo suceda o no) para dar un aspecto claro de las escenas que se van sucediendo según las posibilidades de los hechos ocurridos en esta adaptación o reescritura personal, mirando otros conceptos que atraviesan desde la escritura de Eduardo Acevedo Díaz en el año 1892 cuando éste concibió este gran texto como es “El combate de la tapera” y como nos llega hoy este combate, enfrentamiento, contraposición de intereses humanos y sicológicos con la gran capacidad de Gabriel Peveroni de poner todos los ingredientes que son necesarios para crear esta gran receta de vida y muerte. La directora María Dodera comprende claramente este texto, aportando además de su conocimiento, capacidad, su sensibilidad y compromiso dirigiendo este complejo entretejido de emociones que se contraponen, se cruzan para llegar a la conclusión que ofrece un discurso no esencialmente hegemónico, pero sí de gran contenido clarificador.
En esta lucha, una mujer que se presenta como el baluarte, como “la macha” de la historia, secundada por el recuerdo de su hermana y de los portugos asesinos.
Un relator nos introduce en la historia de esos “daños no siempre colaterales” y el resto del elenco, incluido un rapero que interpreta el sentir de un pueblo o comunidad, se alzan en armas, que no siempre son de fuego para dar batalla a todos los accidentes que atraviesan a todos y todas, desde los femicidios, la quita de derechos, militares hostigando hoy a la gente y la mirada al costado sobre estos eventuales accidentes por muchos hipócritas adoctrinados y tantos más.
Una vez más Peveroni nos conmueve sumergiéndonos en un mar de sangre y valentía, y también de confusión y replanteo de situaciones que se creían o se creen superadas.
Es en definitiva una nueva mirada sobre la vida, la muerte y la intermediación de muchos encuentros y desencuentros.

Elenco y dirección

El o La director/a en mi criterio es el articulador del espectáculo, y digo esto porque hay muchas formas de ver esta pieza esencial de un espectáculo. Digo esto porque la elección del elenco en este caso en particular no podría estar mejor escogido.
Una actriz con la fuerza de Adriana Ardoguein es la pieza exacta que necesita este
drama. Una actriz que cuando entra en escena la abarca con sus movimientos siempre justos, precisos y donde deja escapar un aire de naturalidad que hace su relato más auténtico y creíble. Y su voz inigualable.
Es Cata, la Cata zombi, la heroína de esta historia, que conoció más de un accidente dentro de estas luchas patrióticas, entre ellos la muerte de Ciriaca, presa política y las sistemáticas violaciones a las que se ven ambas enfrentadas.
Ciriaca es Gabriela Pintado quien a medida que transcurre la obra su personaje va creciendo, formando un estupendo dúo con la Ardoguein, donde ambas van y vienen de la vida y la muerte.
El relator zombie, Sanabria, Nicolás Suárez es una de las piezas claves, quien poco a poco y con diferentes tonos va pautando el desarrollo de la historia accidentada.
Romina Capezzuto es Berta y Franco Rilla, el Punk, nos traen a este lado de la orilla, en dos muy buenas composiciones, así como el temperamental Adrián Prego que transita la historia con solvencia y esa cuota de fuerza escénica que lo caracteriza, es el turista y torturador.
En definitiva, un elenco sólido, con composiciones interpretativas de gran nivel.

Rubros técnicos

La directora, María Dodera siempre atenta a todos los detalles contó con un grupo de excelencia en todos los rubros.
Johanna Bresque desde el vestuario logra mostrar y demostrar los estados de ánimo de cada uno donde hay juegos de colores muy sugerentes.
Mateo Ponte desde la escenografía nos ubica en la soledad y la frialdad del ambiente, así como Ivana Domínguez desde las luces nos va pasando hoja a la historia con los tonos utilizados en las luces, creando esa suerte de climas que por momentos estremecen.
La música de Federico Deutsch/Sáez 93 ya al ubicarnos en la sala nos va poniendo con su música en la piel de la obra.
Daniella Pássaro logra un trabajo muy exigido desde lo corporal y Alejandro Roquero entra con gran potencia a decir mucho con su voz.

Conclusión

Gran emoción para el público y gran compromiso de la dupla María Dodera/Gabriel Peveroni poner en escena este texto que atraviesa no sólo a la sociedad uruguaya si no a otros países con otras Catas y otras Ciriacas. Es una suerte de reescritura tan actual que asombra y estremece.
Para decir algo del elenco lo considero un todo compacto con el gran destaque de la gran Adriana Ardoguein y compañeras y compañeros la secundan como los más nobles escuderos/as.
Asimilar cada gesto, cada palabra, estos actos están en la esencia misma del teatro.

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